Dormir poco o mal genera problemas físicos y mentales en los menores

Niños y adolescentes pueden desarrollar diabetes de tipo 2, obesidad, hipertensión, hiperactividad, ansiedad, depresión o más accidentes

Un niño duerme plácidamente
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Sonsoles Echavarren

Publicado el 04/05/2024 a las 05:00

Restar horas al tiempo de sueño recomendado en la infancia y adolescencia no es algo baladí. Sino que supone serios problemas de salud física y mental en niños y adolescentes. Así lo explica la pediatra del Centro de Salud Iturrama Blanca Erice Echegaray, impulsora de un estudio sobre el sueño infantil en menores de entre 4 y 6 años.

“Los problemas son muchos”, aclara. Y entre ellos destacan una menor atención y rendimiento escolar, la posibilidad de que sufran más accidentes practicando deporte, un menor control emocional (lo que genera más riesgo de ansiedad, irritabilidad, depresión, conductas negativistas...) y más enfermedades físicas (como la diabetes de tipo 2, hipertensión, más riesgo cardiovascular, obesidad...)

Además, recalca la pediatra, los menores que ya tienen de base algún trastorno de neurodiversidad; como el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) o el TEA (Trastorno del Espectro Autista) son más susceptibles de por sí de tener más alteraciones del sueño debido a sus características.

Y las personas que han dormido mal en su infancia y adolescencia, subraya Erice, presentan un riesgo mayor de dormir mal de mayores. “Tienen lo que se llama una privación crónica del sueño”. De hecho, las estadísticas son tozuda. Entre un 15% y un 30% de los menores sufren problemas del sueño en su infancia, un problema que se puede cronificar, y un 12% de estos trastornos se perpetúan en la edad adulta. “Lo importante es que hay estrategias para mejorarlo y que se puede prevenir”.

¿Y qué habría que hacer? Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se recomienda seguir una alimentación saludable, practicar un mínimo de actividad física de sesenta minutos diarios (desde los 5 años) y no pasar más de dos horas al día frente a las pantallas en actitud sedentaria (1 de cada 4 niños las utiliza más de ese tiempo). “Los hábitos de sueño comienzan durante el día -apunta Blanca Echegaray-. Se aconseja tener un contacto con la naturaleza y ofrecer a los menores seguridad y afectividad”. Los horarios de las comidas, añade, han de ser regulares, se aconseja ir caminando al colegio y que la actividad física diaria finalice dos horas antes de acostarse. Además, subraya, se debería evitar la contaminación lumínica de las ciudades y evitar las pantallas al menos una hora antes de la cena.

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