Covid persistente

Miriam Rivera: "Al día siguiente de tener a mi hija entré en coma; no respiraba bien"

Sin un diagnóstico como tal de covid persistente, el cuerpo de Miriam Rivera Benavente se apaga conforme avanza el día. Hace cuatro años, pasó un mes entre la vida y la muerte sin ver a su hija recién nacida

Miriam Rivera Benavente permaneció en coma inducido varios días en 2020.
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Miriam Rivera Benavente permaneció en coma inducido varios días en 2020.
Miriam Rivera Benavente permaneció en coma inducido varios días en 2020.

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 16/03/2024 a las 05:00

Los últimos cuatro años han discurrido por una carretera llena de curvas para quien fue conductora de villavesas y hoy libra un litigio con el Instituto Nacional de Seguridad Social en su afán de abrirse paso y lograr una incapacidad laboral, que, en una primera resolución, ha sido denegada. Un reconocimiento de la mutua le declaró “no apta” para su trabajo de conductora. Sin opción de reincorporarse en otros puesto -aclara- , recibió “el despido por ineptitud sobrevenida”. En junio se agotará la prestación por paro que recibe Miriam Rivera Benavente, con la carga de la hipoteca y la atención de sus dos hijos, de 13 y 4 años. “Sin reconocimiento de una discapacidad -asegura quien a sus 43 años de edad responde en Noáin al sobrenombre de Mitxi- no puedo aspirar a un trabajo adecuado a mis condiciones físicas”. Menos mal que -afirma- tiene el apoyo de sus dos hermanas y de sus padres, Cecilio y Juana María, los mismos que hace cuatro años -en plena eclosión de la pandemia- acudieron “en tres ocasiones” a despedirse de ella en el hospital por las complicaciones respiratorias que anunciaban un desenlace indeseado. El 15 de marzo de 2020, un día después del confinamiento, ingresó “por covid embarazada de 8 meses. A los tres días, no respondía bien. No respiraba bien. Me hicieron una cesárea y nació Zuriñe a las 23.23 horas”. Su capa más profunda de las emociones retiene el momento exacto.

El amanecer del nuevo día, que recibe a los padres de un recién nacido, no fue para ella brillante. La luz desapareció de su mirada, sin poder ver a su hija, que quedó al cuidado de su madre cuando el análisis de coronavirus dio negativo en la pequeña. “Lo mejor era que saliese del hospital cuanto antes”, rememora. Sin los niveles de oxigenación adecuados, lo que, en todo nuevo nacimiento, es motivo de alegría, se convirtió en una vigilia prolongada. “Me indujeron el coma y llegaron a intubarme”. El 9 de abril, se abrió un rayo de luz, como el que -dice- late en su interior para salvar los escollos que se suceden en su vida. Ese día, comenzó a respirar. Eso sí, “desperté como un bebé. Tuve que aprender a hablar y a andar”. A base de ejercicios, indicados por un fisioterapeuta, fue armándose de valor en una época “dura porque estar sola en una habitación, con la comida dejada en la puerta y la única visita recibida era para sacar sangre es algo muy duro”. El 24 de abril conoció a su hija, pero a través de una fotografía mostrada por una médico.

UNA LISTA DE SÍNTOMAS

Quien antes de la pandemia salía a correr y le gustaba hacer senderismo, hoy siente cómo su cuerpo se apaga conforme avanza el día. Como señala, ha escuchado por primera vez la expresión de covid persistente de su actual médico de cabecera, a la que le hizo llegar un informe de una médico forense presentado al Instituto Nacional de Seguridad Social. Acude a la entrevista con un listado de secuelas, equiparables con covid persistente: “No me han hecho un seguimiento como se debiera. Estoy en el limbo. Tengo la mitad de movilidad en el hombro izquierdo y una cuerda vocal inservible. Me cuesta hablar. Me cuesta moverme, me asfixio enseguida, me falla la pierna izquierda y me he caído varias veces al suelo. Ando una hora al día y he de pararme. Me mareo mucho. Tengo vértigos. Me duelen mucho los huesos. Tengo cansancio extremo. Estoy un poco torpe. No me quedo con lo que leo. Tengo dificultad para prestar atención. La memoria me falla. Las manos se me quedan agarrotadas y los músculos tensos. Me dicen ‘saca la lengua’ y se me va a la izquierda. No hago buenas digestiones”. El año pasado estuvo ingresada ocho días por “una angina de pecho”. Más allá de las penurias, habla de sus dos hijos como su gran tesoro. En medio de las dificultades que parecen minar el ánimo, este lunes celebrará la vida como se merece. Zuriñe, su hija pequeña, cumple cuatro años.

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