Suceso

La joven de la que no hay noticias desde que salió del bar en Pamplona

Sin pistas acerca del paradero de Gabriela Reyes, de 35 años, cuyo bolso fue hallado muy cerca del río, donde se han sucedido las búsquedas

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Marcha en Pamplona en recuerdo de Gabriela Reyes
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Gabriel GonzálezCarmen Remírez

Actualizado el 16/01/2024 a las 09:23

La pista de Gabriela Reyes, de origen dominicano y vecina del barrio pamplonés de San Jorge, de 35 años, se difumina la madrugada del pasado 7 de diciembre, después de que saliera de un bar. Desde entonces, familiares, amigos, efectivos de la Policía Nacional y miembros del Grupo de Rescate Acuático de bomberos han llevado a cabo búsquedas en la ciudad, en el río, y en las redes, pidiendo ayuda para dar con su paradero. Sin éxito. Los investigadores mantienen abiertas todas las hipótesis.

Ese jueves 7 de diciembre, puente festivo, Gabriela Reyes salió a tomar algo al bar Antequera, situado en el barrio de San Jorge, donde vive desde hace ocho años, cuando llegó de República Dominicana. “En los vídeos que he visto se le ve contenta, como siempre”, cuenta su hermana menor, Mariel, de 33 años y vecina también de Pamplona. Sobre la una y media de la madrugada, las cámaras del local la grabaron salir sola por la puerta. Según mensajes intercambiados con su novio, iba a ir a su casa. Consta que ella lo llamó, pero él contó a la policía que no respondió porque se había quedado dormido y que al despertarse la llamó. Sin respuesta. “Creo que se habría ido de confianza, si no se hubieran escuchado gritos o algo. Su novio dice que le iba a llevar algo de cena, pero del bar sale sin nada”.

Cartel de la desaparición de Gabriela
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Cartel de la desaparición de GabrielaCEDIDO
Cartel de la desaparición de Gabriela

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A las nueve de la noche de ese jueves, su pareja comunicó a la familia que no sabía nada de ella desde el día anterior. “Yo pensé que estaría por ahí, pero al no contestar cuando llamé ya me temí lo peor, porque mi hermana no hace estas cosas”. El viernes denunciaron ante la Policía Nacional. Y el lunes, durante una batida de amigos y familiares por el barrio, hallaron su bolso. Estaba bajo un árbol en el parque de la Biurdana, a unos 300 metros del bar y cerca del río, con todas sus pertenencias esparcidas por el suelo. Faltaban el teléfono móvil, la tarjeta de crédito y las llaves de su casa. La policía ha constatado que la tarjeta fue utilizada después, pero por alguien que se la encontró y que nada tiene que ver con la ausencia de la joven. Las cámaras no han arrojado ninguna pista. El río también fue rastreado por bomberos, sin hallar pistas o indicios de Gabriela. Aunque no descartan ninguna hipótesis, los policías han considerado el río como escenario principal donde creen que aparecerá el cuerpo de la joven. Admiten que, pasado este tiempo, es muy difícil confiar en que aparezca con vida. Se han mirado muchas imágenes, coartadas y declaraciones de personas de su entorno, la posibilidad de que en lugar de regresar andando se hubiera montado en un coche, pero ninguna de momento ha permitido dar con ella.

"ESTO NO ES FÁCIL DE LLEVAR"

“La gente dice muchas cosas, como que ella se quitó la vida. Pero no puede ser, estaba muy contenta porque en febrero iba a ir a Santo Domingo a ver a sus dos hijos (tienen 17 y 18 años) de una relación anterior. Yo creo que alguien le hizo algo o que se la llevó. Porque buscaron en el río y no encontraron nada. Que yo sepa, mi hermana no tenía problemas con nadie”, sigue Mariel, que como toda la familia lleva un mes pasándolo muy mal. “Estamos muy preocupados, esta situación no es nada fácil de llevar y yo he tenido que pedir ayuda psicológica. Además, estoy embarazada...”.

Gabriela es la segunda de tres hermanos (además de Mariel, tiene un hermano mayor) que vivía en Puerto Plata, en República Dominicana, donde se dedicaba a la ganadería. Hace ocho años, buscando una vida mejor para ella y sus hijos, se trasladó a Pamplona, ciudad en la que vivía una amiga suya. En sus inicios se dedicó a la hostelería, dice su hermana, pero ahora no trabajaba. Tenía unos pasajes comprados para volver a su país natal y visitar a sus hijos, a los que no veía desde hace un año. “Ella es una chica alegre, servicial, simpática. No puede ver a nadie al que le falte algo. No sé qué ha podido pasar, no entiendo nada de todo esto”, concluye Mariel, que sigue confiando en que su hermana mayor aparezca con vida.

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