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Economía

Las pensiones de jubilación crecen en 10 años el doble que los salarios en Navarra

Pese a ello siguen un 54,4% por debajo del sueldo medio en Navarra

Ampliar Imagen de una de las protestas que protagonizaron los pensionistas en Pamplona para exigir una mayor revalorización de las jubilaciones.
Imagen de una de las protestas que protagonizaron los pensionistas en Pamplona para exigir una mayor revalorización de las jubilaciones.ARCHIVO/CALLEJA
Publicado el 02/01/2023 a las 06:00
Las pensiones de jubilación en Navarra se han revalorizado un 32,2% en los últimos once años, un porcentaje que dobla el registro logrado por los salarios en el mismo periodo, que crecieron un 15,5%. Si en 2012 un jubilado ingresaba de media 1.073 euros mensuales, este año ha pasado a cobrar 1.418 euros, según los datos del Instituto Nacional de la Seguridad Social. Y aunque los salarios no han seguido el mismo ritmo, al pasar de 1.896 euros en 2012 a 2.189 euros en 2022, la distancia no se ha acortado lo suficiente para que los pensionistas alcancen las cantidades del estrato de la población con las nóminas más bajas, correspondiente a los menores de 35 años. Una estimación a partir de los datos de la encuesta trimestral de coste laboral en Navarra sitúa el sueldo de los jóvenes entre 25 y 34 años en torno a los 1.762 euros mensuales, una cifra un 24,3% superior al de la pensión media de jubilación. La diferencia escala hasta el 54,4% en comparación con el salario medio.
Esta situación se produce en pleno debate sobre la inminente reforma del sistema de las pensiones, que contempla un probable aumento del periodo del cálculo desde los 25 años actuales hasta los 30 años y un incremento de las cotizaciones en los tramos salariales más altos. Con ello se pretende reforzar la sostenibilidad de las jubilaciones en un contexto en el que el número de pensionistas no deja de crecer por el envejecimiento de la población, aunque también forma parte de los compromisos que alcanzó España para recibir los fondos europeos de recuperación. El número de pensionistas en Navarra ha aumentado un 14% en una década al pasar de 124.094 en 2012 a los 141.465 actuales. Se trata de una subida que no ha empeorado la relación entre jubilados y cotizantes, ya que en el mismo periodo las afiliaciones a la Seguridad Social han aumentado un 19,8% (de 252.256 a 302.285). Ello ha permitido mejorar ligeramente el ratio de 2,03 trabajadores por pensionista a 2,14 entre 2012 y 2022, pero sigue lejos de los valores de hace cuatro décadas en los que llegó a registrarse en el conjunto de España más de cinco cotizantes por cada jubilado.
MÁS GASTOS QUE INGRESOS
El sistema se nutre de las cotizaciones que trabajadores y empresas hacen mensualmente. Ese dinero no se almacena, sino que se emplea para abonar las pagas de los actuales jubilados. Este diseño obedece a una época en la que había muchos más jóvenes que mayores y la esperanza de vida estaba muy por debajo de lo que es ahora. Dado el actual desequilibrio demográfico, con muchos menos jóvenes y más personas mayores, hay un desajuste de las cuentas que va a ir a más en los próximos años hasta que se digiera al grueso de los nacidos en el baby boom. Así las cosas, se prevé que la Seguridad Social termine este año con un déficit de 4.900 millones de euros, el equivalente al 0,4% del Producto Interior Bruto (PIB). En 2023 se prevé que el agujero sea del 0,7% del PIB.
El margen para la imaginación de cara a plantear soluciones es escaso: aumentar los ingresos, recortar los gastos o una combinación de ambas. El finalmente descartado ‘factor de sostenibilidad’ atacaba el problema por la vía de moderar el gasto, de forma que los nuevos pensionistas ajustaran sus ingresos a la esperanza de vida en el momento de la jubilación. Grosso modo, cuanto mayor fuera esta, tanto menos cobrarían cada mes. La última reforma que entró en vigor el 1 de enero de 2022 propuso aumentar los ingresos con una sobrecotización durante los próximos diez años, fórmula que ahora se completará con una mayor carga sobre los tramos más altos y, por la vía del gasto, alargando el periodo del cálculo de las pensiones de 25 a 30 años, lo que repercutirá en menores cuantías de las nuevas pensiones en la mayoría de los casos.

Una cuerda con dos extremos

Garantizar una cobertura suficiente para quienes descansan tras haber trabajado durante toda su vida o procurar que quienes tienen ahora un empleo o lo van a tener lo desarrollen a cambio de unas condiciones más que dignas. El dilema entre generaciones es una cuerda y a la Administración le toca como reto insorteable que no se rompa de tanto tirar de cada extremo, más en crisis económica. 
MARCOS SÁNCHEZ
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