Peligros en Internet
Cazadores de malos tras una pantalla
Jorge Coronado, forense informático y especialista en ciberseguridad, y Miguel Ruiz Marfani, del grupo de Delitos Informáticos de Policía Foral, impartieron sendas sesiones en las I Jornadas sobre Ciberviolencia celebradas desde el jueves en Baluarte


Publicado el 30/10/2021 a las 06:00
Una mujer camina por la calle cuando recibe una videollamada en su teléfono. No conoce a la persona que llama pero, ante la insistencia, coge. Se activa su cámara y, a la vez, la del desconocido. En esta imagen, sin mediar palabra, el hombre se masturba. “El acoso callejero que tradicionalmente han venido sufriendo las mujeres se ha trasladado a internet”, arranca su charla en Baluarte el sevillano Jorge Coronado, forense informático. Durante cerca de una hora, desgrana algunas claves para ayudar o proteger a víctimas de delitos a través de la red. También relata cómo le ha tocado caza a alguno de los delincuentes parapetados tras las pantallas. Para los que puedan negar esa realidad, Coronado rebate con datos. “Trabajo con personas que acuden a mi empresa porque sospechan que les han podido instalar una app espía en su móvil. ¿Sabéis cuántas son hombres? Un 4%. El resto, mujeres, muchas de ellas víctimas de violencia”.
El abanico de aplicaciones que permiten espiar la actividad de un teléfono es bastante importante, explicó. Las hay que incluso directamente en la descripción del producto explican que sirven para ‘espiar a tu novia’. “Lo venden como una opción de control parental, por ejemplo, pero en realidad el uso mayoritario se dirige a controlar a tu pareja o incluso a los propios empleados”.
Aunque suene obvio, para prevenir que puedan instalar al usuario una aplicación espía en su móvil, lo primero es impedir el acceso físico a ese teléfono. “Hay hombres que aprovechan cuando la mujer se está duchando o durmiendo la siesta, y cogen su teléfono y se la descargan”. Descubrirlo no es tan sencillo. “Hay gente que se sorprende cuando comprueba que su móvil envía datos cuando no lo está usando, por ejemplo, mientras duerme”.
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Una app espía es muchas veces la única explicación a situaciones que relatan algunas víctimas de violencia machista. “He quedado con un chico en un sitio a una hora y, de repente, se me aparece allí mi ex”, le comentan. “Hoy en día en nuestro teléfono tenemos muchísima información acerca de nuestras relaciones sociales y nuestros hábitos de vida y desde estas aplicaciones nos vigilan la ubicación del dispositivo, las llamadas entrantes y salientes, o nuestras conversaciones de whatsapp”. De hecho, según relata, no hace falta ser “ningún experto en ciberseguridad” para saber que si se no ha cerrado correctamente una sesión de whatsapp web, que permite acceder a este programa de mensajería en un ordenador o en una tablet, por ejemplo, un usuario puede acceder a todas esas conversaciones si la sesión continúa operativa en uno de los dispositivos del hogar.
En su caso, como perito, resalta que es difícil además que determinadas evidencias pueden servir a un juez para probar o no la culpabilidad o inocencia de alguien.
Coronado enriqueció además algunas de sus explicaciones con ejemplos de casos reales. En una ocasión se sirvieron de la huella digital para localizar a un menor al que su padre se llevó, sin consentimiento de la madre y haciendo caso omiso del pacto de custodia. Según relató, la investigación comenzó cuando el progenitor fue a recoger a dos menores a la salida del colegio. Se los llevó y la madre denunció no tener noticias de ellos. Coronado contó que sabían que el mayor de los hijos, que iba ya al instituto, tenía uno de los ordenadores portátiles que para ese nivel facilitaba a los alumnos la Junta de Andalucía. Se hicieron con un dispositivo similar (“no fue nada fácil de encontrar, al final hallamos uno en una tienda de segunda mano”) y trazaron un plan para buscarlo a través de la huella digital. “Tras varias entrevistas con la madre, nos contó que su hijo mayor era aficionado a los videojuegos y estaba suscrito a varios foros, por lo que introdujimos una de esas noticias y, cuando el chico pinchó, trasladamos a la policía que se había conectado, y ellos pudieron localizar la IP y, en consecuencia, dónde estaban los chicos”.
PORNO VENGATIVO
“¿Por qué no nos grabamos manteniendo relaciones sexuales?”, conversa una pareja. Si finalmente se da el paso, ese vídeo puede ser un arma de doble filo, advierte Coronado, que admite que ese material puede ser utilizado en contra de la mujer en casos de lo que se ha denominado como “porno vengativo”. Algunas de estas conductas las vincula este perito con el consumo masivo de pornografía, un ámbito “machista y violento”, señala, y basa algunas de sus afirmaciones en un estudio que presentarán próximamente y para el que han monitorizado las tendencias de búsquedas en algunas de las web con contenido porno más visitadas de España. “Junto a palabras como hermana o milf (acrónimo en inglés de madre con la que me gustaría hacer el amor), hallamos conceptos como teen (adolescente)”. También denuncia impactantes conclusiones como que, durante meses, uno de los documentos más solicitados por los usuarios de estas páginas fue el vídeo de la agresión sexual cometida por la Manada. “Muestra el éxito de vídeos, reales o no, con agresiones sexuales”. Afirmó además, que varios estudios alertan ya de que el 50% de niños entre 11 y 13 años ya acceden a contenido pornográfico en internet.
“Difundir fotos y vídeos sexuales es un delito”
¿La pornografía es un delito? No. Pero sí se considera violencia contra las mujeres, según explicita la ley foral de 2015 contra la violencia de género”. Con esta paradoja inició su intervención Miguel Ruiz Marfani, agente del grupo de Delitos Informáticos de la Policía Foral, que realizó un repaso sobre los principales delitos que combaten en su equipo en relación a internet y las nuevas tecnologías. “Las estafas, el acoso o el incumplimiento de medidas que hace varias décadas se realizaba en el mundo real se ha trasladado ahora al virtual”. Para las víctimas de violencia, Ruiz Marfani pide “la ruptura con su vida anterior, también debe haber un antes y un después con respecto a su vida digital”. También matizó que no existe el concepto de pornografía infantil. “Llamarla así es darle una categoría, normalizarla. Son menores abusados”. En su sesión, repasó alguno de los delitos más frecuentes como el acoso, el acoso sexual por internet, la violencia digital o la revelación de secretos (accesos a email o redes sociales), así como delitos contra la intimidad (sexting o difusión no autorizada de fotografías y vídeos). “Todos los años intervenimos por algún caso en un centro educativo de difusión de imágenes íntimas y hay que recordar a la gente que solo el difundir esas fotos ya es delito. Hace unos años fue famoso un vídeo grabado en una carpa universitaria en Pamplona y cómo se persiguió a personas que lo habían encontrado gracioso y lo habían difundido a grupos de whatsapp”. De cara a la víctimas destacó la importancia de preservar pruebas (una captura de pantalla realizada por un policía puede serlo, defendió) y alertó sobre comentarios que en su opinión revelan delitos de violencia de género “de libro”. Pone como ejemplo una conversación entre una pareja en la que el hombre increpa a la mujer que no tenga disponible la última conexión y donde le pide que le mande fotos, además de amenazarle. “Espero que no hayas borrado ninguna conversación”.
Para proteger a los más vulnerables, este policía foral señaló también que no hay que cerrar los ojos a ciertas realidades. “El 31% de los adolescentes reconoce haber intercambiado imágenes sexuales, y ese dato es de hace unos años. Hay depredadores sexuales y hay que prevenir a los menores”. En esta línea, advirtió de perfiles que se acercan a los jóvenes con este tipo de excusas. “Hola, ¿eres modelo? Yo soy fotógrafo profesional (o productor, o guionista, por ejemplo)”. Se ganan su confianza y les piden una foto íntima “para un anuncio de lencería infantil”. Una vez que obtienen un documento que pueden usar de forma comprometida llegan a extorsionar a la víctima. También relató el peligro de algunos casos de prostitución virtual. “Hoy en día hay chicas que, desde su propia casa, con una videollamada, y mediante pagos con bizum, ofrecen servicios sexuales. Es complicado para la policía actuar en casos en los que son menores las que se están exponiendo así en la red. En la calle estaban más expuestas”, señaló.