Sucesos
Así vivieron dos familias navarras el seísmo de México
Dos familias navarras residentes en la localidad de Puebla, situada a 300 kilómetros del epicentro del terremoto de 7,1 grados, tuvieron que evacuar sus casas debido al temblor, que duró 2 minutos


Publicado el 10/09/2021 a las 06:00
Eran las nueve menos cuarto de la noche del pasado martes cuando saltó la alerta de un inminente terremoto “violento”. Ricardo Oroz Llander, navarro afincado junto con su familia en Puebla, donde dirige la delegación de la consultora Imeanticipa, tuvo que sacar de la cama a su hijo de 7 años, Mateo, y abandonar precipitadamente el domicilio junto con su mujer, Karina Hernández Rodríguez, “con lo puesto”. Los continuos ladridos de los perros en la zona también presagiaban la llegada del sismo: “Enseguida detectan los temblores y se ponen muy nerviosos”. La calle ya estaba llena de vecinos de la urbanización en la que residen, que aguardaban a la intemperie la visita del movimiento telúrico y lejos de cualquier estructura que pudiera derrumbarse o desprender cascotes.
Unos rugidos secos y profundos cada vez más presentes no dejaban dudas de que el terremoto de 7,1 grados, cuyo epicentro se situó en Acapulco, 300 kilómetros al sur, les había alcanzado. “Los temblores parecen siempre largos y en esta ocasión más porque duró casi dos minutos, acompañado de ruidos lejanos, tipo truenos, sumado al sonido de los objetos que se mueven en las casas”, rememoraba ayer Ricardo, mucho más tranquilo al no haber sufrido en la zona daños personales o materiales graves. Aunque están acostumbrados a vivir con cierta frecuencia este tipo de fenómenos naturales, al ser México un país vulnerable por descansar toda la costa suroeste sobre una enorme falla, reconocía que era imposible habituarse: “Experimentas una sensación extraña, como si te marearas y todo se mueve a tu alrededor, y te sientes muy vulnerable”. A la incertidumbre de cómo y cuándo iba a terminar todo se sumaba a estar pendiente “de postes, farolas, cables o estructuras que pueden ser peligrosas”. “Es fundamental mantener la calma y lo primero es ponerte a salvo y buscar un punto seguro. Luego empiezan las llamadas a familiares y amigos para comprobar que todos están bien”, relataba.
Javier Urabayen Zubillaga, director de calidad en la fábrica de VW en Puebla que reside en México junto a su mujer, Susana Arriaga García, y su hijo Adrián, de 18 años, reconocía que habían vivido “un movimiento bastante fuerte” que requirió desalojar los edificios “por si había réplica”. No obstante, añadía que todo había quedado en “un pequeño susto” ya que en Puebla no sufrieron daños materiales ni personales. “Aquí ya están acostumbrados, sobre todo en este mes de septiembre, y hay protocolos muy claros en todos los sitios ante los seísmos”, aclaraba. Ambas familias ya ha recuperado sus rutinas aunque, según apuntaba Ricardo Oroz, “cuesta bastante volver a la normalidad”. “Hasta las 17 horas del miércoles se han producido más de 260 réplicas, la mayor de 5,9 grados”, destacaba.