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Francisco Javier Perales, policía foral desde 2002, trabajaba con víctimas de violencia sexual

Compañeros de Francisco Javier Perales destacan su carácter alegre y la empatía con la que trabajaba con las víctimas de violencia de género

Vista de la entrada a la comisaría central de la Policía Foral en Beloso, Pamplona.
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Vista de la entrada a la comisaría central de la Policía Foral en Beloso, Pamplona
Vista de la entrada a la comisaría central de la Policía Foral en Beloso, Pamplona.

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Gabriel González

Actualizado el 06/07/2021 a las 07:38

El pamplonés Francisco Javier Perales Liberal tenía 46 años y llevaba en la Policía Foral desde enero de 2002, cuando entró en el cuerpo con la 13ª promoción. Empezó en protección de autoridades, donde estuvo varios años como escolta de cargos de distintos gobiernos. 

Después formó parte de Tráfico durante un breve espacio de tiempo y en los últimos años desarrollaba su labor en la Brigada Asistencial, donde prestan apoyo a víctimas de violencia de género, violencia doméstica, violencia sexual y menores. Sus compañeros destacaban su vocación de servicio a los más vulnerables y su carácter alegre y don de gentes. “Era encantador en el trato, simpático, optimista... contagiaba alegría”, exponían para destacar el “vacío y gran recuerdo” que deja en la brigada. También destacaban su afición por los deportes. Había jugado al balonmano, le gustaba el fútbol y también era un asiduo del pádel. Era además un gran seguidor del rockero Bruce Springsteen. “Le seguía allá donde podía”, recordaban compañeros suyos. Su padre habían estado al frente de la carnicería Los Glacis, situada cerca del centro de Pamplona. Tenía dos hermanas.

Si el fallecimiento de la pareja supuso un “mazazo enorme” para los integrantes de la Policía Foral, profesionales del mundo de la justicia con los que había trabajado Perales también expresaban el impacto que había tenido su muerte. Un letrado del SAM (Servicio de Atención a la Mujer) del Colegio de Abogados de Pamplona destacaba la “empatía y el buen trabajo” que el agente realizaba con las víctimas de violencia de género en su quehacer diario. “Era muy agradable, no le recuerdo nunca una mala cara”, destacaba.

Su afición por los deportes eran algo que compartían sus hijos: uno de ellos jugaba al waterpolo y otro al fútbol en la Unión Deportiva Mutilvera, que ayer expresó sus condolencias en las redes sociales y deseó una pronta recuperación a los dos hermanos heridos. Ambos cursaban estudios en el colegio San Cernin, donde había estudiado su madre. Uno lo hacía en 6º de Primaria y otro en 3º de la ESO.

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