La diáspora por Navidad
Marta no volverá a casa por Navidad
Los requisitos sanitarios de entrada a España y la obligación de cuarentena y exigencias administrativas a su regreso disuaden a no pocos navarros de viajar en Navidades para estar con sus familias. Los que puedan deberán vadear un torrente burocrático


Actualizado el 13/12/2020 a las 06:00
No será real y nada endulcorada con melodías de spot publicitario la vuelta a casa por Navidad. Al menos para aquellos navarros que, por motivos de trabajo o estudios, residen en el extranjero y anhelan el reencuentro familiar en un año de marcada distancia y sensación de soledad por la grieta abierta por la pandemia. Las condiciones de desplazamiento establecidas en los países, también en España, como freno a su propagación, se han erigido en un escollo en el regreso en unas fechas esperadas, de sentida emoción.
A finales de noviembre, el Ministerio de Sanidad dictó un requisito que, en ese momento, sorprendió a numerosos viajeros con la posibilidad de perder vuelos concertados. La obligación de presentar a la hora de facturación o embarque el resultado negativo de una PCR con 72 horas de antelación a la llegada a España planteó un dilema, en el mejor de los casos, o un problema de paciente solución que trastocó planes con el billete en la mano.
En esa tesitura, en un ambiente de inseguridad derivada de la pandemia y por la obligada cuarentana al regreso con el consecuente desajuste en estudios y trabajo, hay navarros que pasarán la Nochebuena lejos de sus hogares familiares. “La pandemia -asegura Patricia García Medina, profesora en Newport (Estados Unidos)- ha pesado en mi decisión” de no viajar.
Con un protocolo homologado desde el Ministerio de Sanidad, sin exigencias diferenciadas en función de la distancia con España, el cumplimiento del margen de las 72 horas en las PCR negativas se antoja tarea complicada para los residentes en puntos alejados. Por su parte, los decididos a salvar trabas y con posibilidad de llegar a tiempo de cumplir el criterio de entrada sanitario se exponen a un segundo obstáculo, algo menor pero de consecuencia directa en sus bolsillos. A los trámites habituales se une la rápida gestión de solicitar una PCR en un centro o laboratorio privado, de coste variable. En el caso de Carla Sánchez Berruezo, que viajará desde Finlandia, podría pagar hasta 300 euros.
Marta Celorrio Navarro, nacida hace 33 años en Funes, no tendrá su misma suerte. Investigadora en la Universidad de Washington, de San Luis (Misuri, Estados Unidos), se ha topado con un doble impedimento, consecuencia de obligaciones administrativas endurecidas por el país norteamericano en el actual marco de pandemia. Como reconoce la propia especialista, adscrita a un laboratorio que estudia el daño cerebral o traumatismo craneoencefálico a partir de las reacciones observadas en ratones así como la relación del eje cerebro-intestinal, debía renovar su visado de empleada. Sin la seguridad de poderlo hacer en la embajada estadounidense en Madrid o en cualquier otro país en este período de incertidumbre, informó en septiembre a sus padres José Miguel Celorrio Carrión y Carmen Navarro Osés de la poca probabilidad de compartir mesa en Navidad, como finalmente ha sucedido.
EL PRIMER AÑO SIN MARTA
Será la primera vez de su ausencia en cinco años de estancia en San Luis, con el lamento que siente por no poder tampoco coincidir con sus hermanos María y Víctor David y sus respectivas familias. En su contacto diario a través del “regalo” que, en palabras de su padre, es la videoconferencia, fue consciente el miércoles por la noche del precio emocional de su separación en unos días entrañables. “Estoy un poco emocionada”, reveló con voz temblorosa en el puente virtual abierto que le acercó por unos minutos a Funes.
Sus palabras denotan el efecto sentimental que le provoca la distancia en un tiempo como el de Navidad que es sinónimo de encuentro con “la familia y los amigos y es celebración”. La fuerza del afecto familiar le sostiene -como indica-, junto con sus convicciones religiosas avivadas en su propio seno y ahora también en su destino estadounidense, donde es miembro de una comunidad del Camino Neocatecumenal. Se aferra -dice- al sentido “profundo” de la Navidad. “Nace el Señor”, proclama.
Fue precisamente en su comunidad Neocatecumal de San Luis donde halló consuelo, acogida y respuesta a la frustración de no poder viajar este año a Funes. “Una de la comunidad me brindó la posibilidad de ir con su familia a Orlando en Navidad.
Además pienso estar con la hermana de mi cuñado y con amigos”, apunta.
Como tantos otros, el regreso era esperado este año de vulnerabilidad y soledades. “Al principio fue difícil”, admite. “Vivo sola y la soledad me entristece mucho”. Consiguió el remedio para combatirla en una confidencia escuchada de una persona cercana: “‘Si aprendes a vivir contigo misma, podrás superar muchos obstáculos’”. El mensaje dejó huella: “Estuve sola pero no me encontré sola”. La posibilidad de trabajar en el laboratorio le ayudó en ese reto de conciliación personal.
Al otro lado de la conexión virtual, sus padres, que en años anteriores viajaban a su encuentro en verano, tratan de llevar su ausencia con entereza. “Ni pienso que no pueda estar”, dice su madre.
Este año -asegura la propia mujer-, Marta ha estado más preocupada por ellos. Generosa como le reconocen sus padres, enviará regalos desde Estados Unidos. Aunque sea por videoconferencia, tendrá un hueco en la mesa de Navidad. Marta no estará sola.
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