Diáspora por Navidad

La peripecia de la espera de una PCR en el aeropuerto de Miami

Hasta hora y media antes de facturar su equipaje, el estellés Joaquín Abós no obtuvo el resultado negativo de un test que despejó su camino a Ayegui desde Estados Unidos

La peripecia de la espera de una PCR en el aeropuerto de Miami
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La peripecia de la espera de una PCR en el aeropuerto de MiamiMontxo A.G.
La peripecia de la espera de una PCR en el aeropuerto de Miami

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N. Gutierrez

Actualizado el 13/12/2020 a las 06:00

La vuelta a casa por Navidad se convirtió para el estellés Joaquín Abós Amo en una carrera de resistencia contra los elementos y el crono. Su odisea se condensa en un guión de suspense, felizmente resuelto cuando el día 4 un empleado de Iberia le dio el consentimiento para que facturase su equipaje en el aeropuerto de Miami. Por delante 8 horas de vuelo, en los que poder descansar de la tensión de los días anteriores y con una duda aún por despejar sobre el grado de exigencia y control a su llegada a Madrid que no reeditase la experiencia vivida a 9.000 kilómetros de distancia. Fue más fácil de lo esperado, como recuerda en el hogar familiar de Ayegui. Atrás quedaban días de desconcierto y búsqueda de soluciones a la obligación de una PCR negativa con un margen de 72 horas hasta llegar a España.

Joaquín, que revela una actitud de prudencia y sosiego a sus 21 años de edad, asegura que sintió “nervios” en distintos momentos del periplo burocrático que debió completar.

Desde que decidió abandonar el campus universitario de The College of Wooster, en Ohio (Estados Unidos), a los pocos días de decretarse la suspensión de las clases por la situación sanitaria tras el Día de Acción de Gracias, el tiempo comenzó a correr en su contra. Justo por esas fechas llegó a sus oídos el protocolo establecido por el Ministerio de Sanidad para salvaguardar la entrada controlada en España.

De buenas a primeras, cuando empezó a despoblarse de estudiantes la universidad, -en la que cursa cuarto de Matemáticas y Análisis de Datos y es miembro de su equipo de tenis-, se interesó por localizar una ciudad en Estados Unidos con enlace con España que asegurase una respuesta en 24 horas de la PCR. Sus pesquisas concluyeron en Miami.

El día 4 apareció en su horizonte como fecha límite para volar. Además debía contabilizar las 8 horas de viaje hasta Madrid para que el resultado de la operación matemática en el cómputo de las 72 horas fuese correcto.

La prudencia le aconsejó someterse a dos pruebas en su universidad, en Ohio. “Una el martes 1 y la segunda, el 2”, con la esperanza de que pudiese estar a la hora de la facturación del viernes 4. Había un problema. Si ya de por sí el trabajo es ya intenso desde la declaración de la pandemia, los laboratorios del entorno emitían síntomas de colapso por el aumento de la incidencia de contagios desde el Día de Acción de Gracias.

Sin mayor demora, en la confianza de que le valiese el test del segundo día, viajó de Ohio a Miami, vía Washignton. Claro está, la decisión le costó pernoctar dos noches en su destino, al precio de 60 euros cada una.

EL PRIMER RESULTADO

El jueves 3, a eso de las nueve de la mañana, repitió el procedimiento de control en una universidad de Miami, esperanzado de que sus cálculos horarios fuesen acertados para no perder el avión.

A partir de ese momento se encomendó al destino. Todo cuanto estaba en sus manos estaba hecho. A la par, la intranquilidad consumía su hogar familiar en Ayegui por la duda que crece con la distancia. El viernes por la mañana asomó un rayo de claridad con la llegada del resultado de la primera de las pruebas realizadas en Ohio. “Pensé que si no me llegaba ninguna otra, la presentaba a la hora de facturar”, rememora. Pasó la mañana y no había más síntomas para la esperanza. A medida que las horas avanzaban, el desasosiego aumentaba. A las 17.30 horas, es decir, hora y media antes de comprobar si podía o no viajar, llegó la segunda, también negativa, y, lo mejor, válida dentro del plazo de las 72 horas.

Aún quedaba franquear el control de acceso. Un joven que estaba justo delante tardó veinte minutos en buscar y enseñar sus papeles. Los nervios asomaron tímidamente en el joven estellés dentro de su aparente tranquilidad. La confirmación de que todo estaba en regla alivió su tensión.

Tiene billete de vuelta para mediados de enero y deseo personal de regresar a Estados Unidos para afrontar el último semestre y completar la carrera. “Si ocurre como en octubre cuando hubo un brote en el campus de 80 o 90 contagios, la gente no sé si va a volver. Igual con la vacuna comienza relajarse todo. Quiero ir a clase y jugar a tenis”. Su regreso le obligará a permanecer cinco días en cuarentena en la universidad. Un sencillo trámite visto lo visto.

 

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