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Desescalada en Navarra

Las terrazas se inauguran bajo una estela de total incertidumbre en Pamplona

Espacios al 50% y garantía sanitaria. Todo para que tomar un café o cerveza sea una rutina y permita aupar al sector

Varias personas en una terraza de la plaza del Ayuntamiento de Pamplona este lunes.
Varias personas en una terraza de la plaza del Ayuntamiento de Pamplona este lunes.
Actualizada 12/05/2020 a las 07:25

Quizá era el momento de cerrar los ojos, dejarse llevar y volver a aspirar el olor de un café recién hecho. Puede que también de darle una oportunidad a esa rutina de antes, la misma que nos invitaba a escaparnos al bar después de trabajar y disfrutar de la merienda de la tarde. Sin embargo, la sombra del coronavirus sigue oculta en los rincones. La entrada en la fase 1 de la desescalada nos ofrece una nueva oportunidad de reemprender esa nueva normalidad que todos, mejor o peor, empezamos a asumir. De ahí que la estampa acuñada en la mañana de ayer en la Plaza del Castillo, corazón y palpitar de idas y venidas, se tuviera de comprender.


Metros para certificar la distancia de seguridad en las terrazas, nuevos desinfectantes, mascarillas, guantes y una única palabra repetida en todas las conversaciones: incertidumbre. Hacia la reacción de los clientes, a las explicaciones del Boletín Oficial del Estado, a la rigidez de las franjas horarias, a equilibrar una balanza de cuentas que hoy se antoja complicada, a intentar ampliar los metros cuadrados de una terraza que está obligada a acoger a menos gente, mesas nuevas, sillas más estrechas... En definitiva, juegos de quita y pon.


En un recorrido aleatorio por el centro, diferentes bares pero idénticas casuísticas. Ana Regueiro, encargada del Mordisco, preparaba un café con leche para el que no había perdido maña. Con las dudas acompañando su trayectoria, la responsable de sacar adelante el negocio se debatía dentro de un combinado de preocupación y positivismo.


“No queda otra”, asumía con una sonrisa, con plena confianza en su clientela habitual y en quienes tienen ganas de volver. “No sé si tengo que cerrar cuando finalicen las franjas horarias o si, como se puede venir a los bares a cualquier hora, la gente podría alargar más un sábado de buen tiempo, por ejemplo”, se cuestionaba quien tiene licencia de apertura hasta las dos de la madrugada.


Empatizando


Siguiendo bajo los porches, el Windsor, en plena tarea de desinfección. “Cumpliremos con todas las medidas de seguridad, por nosotros y por los consumidores, para que se sientan cómodos”, aseguraba Nerea Azcona, una de las cuatro propietarias del establecimiento. Al igual que un tetris, la precisión era clave para tratar de colocar las mesas de la terraza, esa brizna de aliento que desde ayer les regala el primer escalón del estado de alarma. “Los productos para llevar son otra opción a la que la gente puede acostumbrarse, si no tiene ese tiempo de sentarse en la terraza”, añade quien resalta en varias ocasiones la palabra ‘duda’. “Ni siquiera las barricas se pueden usar”.


Por su parte, a las faldas de la casa consistorial, la animación parecía reactivarse. Las tres terrazas que confluyen frente a la fachada salpicaban imágenes de clientes confiados en tomar café y hasta un pincho de tortilla rellena. “Chica, tenía muchas ganas de venir a tomarme un café. Era mi rutina después del paseo y la echaba mucho de menos”, aseguraba Marcela Otamendi, jubilada de 71 años y vecina del Casco Antiguo. “Me he sentado aquí y pienso seguir haciéndolo el resto de la semana”, sentenciaba dando cuenta del último trozo de un pincho “espectacular”.


Desde el otro lado de la barra, Yayle Acosta, propietaria de El Norte del Sur, dudaba del horario. “Me planteo cerrar a mediodía si la cosa no levanta. Mantener la cafetera encendida, la luz, el alquiler... Son muchos gastos que esperamos podamos asumir”, suspiraba en un alarde de incertidumbre y deseo por seguir adelante. “A primera hora he tenido bastante movimiento (por las nueve de la mañana), a ver qué pasa con las franjas horarias y la gente se aclara de si puede o no venir”, indicaba. Y así, la mañana continuaba.

A tener en cuenta


1 Sin subida de precios. Los hosteleros parece que, dejando de lado las excepciones, no tienen en mente una subida de precios, sino que mantendrán las cuantías de sus productos. “El suplemento de terraza existe porque ya era una realidad, como lo serán los precios interiores una vez nos dejen servir dentro”, coincidían.

2 Franjas horarias y permisos de los establecimientos Entre los interrogantes que ayer circulaban a toda velocidad entre quienes volvían a conectar sus equipos de música y máquinas de café, una misma duda. ¿Podrá la gente venir al bar fuera de su franja horaria? Es decir, ¿quedarse hasta más allá de las once de la noche un sábado de buen tiempo?. Es la pregunta que se planteaba Ana Regueiro, encargada del Mordisco.

3 Garantías Algunos pedían un sello o certificación. Otros simplemente confiaban. “La seguridad sanitaria es una realidad”, dicen.

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