LA DIÁSPORA
Un ingeniero pamplonés en la Aston Martin
Desde hace tres años, este pamplonés de 35 años reside en Gaydon, un pequeño pueblo de Inglaterra donde se fabrican coches de lujo


Actualizado el 11/08/2017 a las 09:10
Nunca imaginó que un día no muy lejano se vería obligado a emigrar. Que tendría que alejarse de su casa, de su familia, de su ciudad, en busca de un empleo a la altura de sus inquietudes y conocimientos. Nunca lo imaginó, pero llegó ese día, hace tres años. Y cargó su coche y condujo hasta Inglaterra para formar parte de la familia de ingenieros de Aston Martin, la misma empresa de vehículos de lujo que en los años sesenta fabricó el modelo db5, el coche que utilizó James Bond en Goldfinger (1964). David Azpíroz Aristu tenía 32 años. Hoy, con la perspectiva que otorga la distancia y el tiempo, lamenta no haber emigrado antes.
Desde muy pequeño, cuenta Azpíroz, le gustaba “cacharrear con trastos”. Comprender su funcionamiento. Su mecánica. Por ello, espoleado por innata esta curiosidad, el pamplonés se inclinó por estudiar Ingeniería Industrial.
Nombre: David Azpíroz Aristu.
Fecha y lugar de nacimiento: Clermont-Ferrand (Francia) el 26 de junio de 1982.
Padres: Antonio (ingeniero químico) y Marisol, ama de casa.
Hermanos: Una hermana melliza, Vanessa, licenciada en Derecho y LADE por la Universidad Pública de Navarra.
Estudios: Ingeniería Industrial (intensificación Mecánica) en la UPNA.
Lugar de trabajo: Gaydon (Inglaterra).
Al finalizar los estudios, el pamplonés vivió un periodo “dulce”. Compaginaba un empleo en una ingeniería especializada de motocicletas con su afición al heavy metal en un grupo de música. Incluso, estaba a punto de mudarse con su novia. Todo le iba bien... hasta que la crisis impactó de lleno.
“Las empresas tenían miedo y paralizaron todos sus proyectos”, explica. “Encontrar un buen trabajo se volvió una tarea imposible, especialmente para alguien con un perfil enfocado a la innovación y al desarrollo como el mío”, lamenta.
“Evidentemente yo no quería irme pero tuve que hacerlo. Decidí invertir mis últimos ahorros y probar suerte en un pequeño pueblo llamado Gaydon (Inglaterra)”, relata. “Un amigo que trabaja aquí me sugirió venir y conocer Aston Martin, una empresa de coches de lujo con una gran demanda de ingenieros (y de muchos otros profesionales). Ellos tratan de contactarte”.
Publicó su currículum en un par de webs y empezó a recibir ofertas. “Primero me entrevistaron en Triumph (el fabricante de motocicletas), que no llegó a fructificar y un mes después otra en Aston Martin”, explica. “Entre viajes, hotel y demás gasté 600 euros”. Poco a poco, las entrevistas fueron “esquilmando” sus ahorros. “No me podía permitirme muchos fallos”, reconoce. “Afortunadamente, todo salió bien”.
Un mes después de la entrevista en Aston Martin, el joven cargó todas sus pertenencias en un viejo Micra y viajó a Inglaterra. “La despedida fue muy triste pero ya había conseguido un precontrato y una habitación en un pueblo cercano a la fábrica, así que lo principal estaba solucionado”, señala.
“El periplo fue agotador y tuve que dar mil explicaciones en el lado inglés de la frontera del Eurotúnel. Llegué unos días antes de empezar a trabajar y aproveché para darme de alta en los registros, abrir una cuenta bancaria, comprar un teléfono, la primera compra de la casa, etc. En el trabajo la recepción fue estupenda”, continúa recordando. “Al final tienes que pensar que ellos ya son conscientes de que vienes de otro país, que te has mudado sólo por ese trabajo y ese esfuerzo lo valoran mucho”.
La adaptación duró tres meses. Hoy, su día a día es pura rutina. “Me levanto a las 5 y entro a trabajar a las 6.30. Suelo salir para las 19.30. Las horas extras se pagan o se cambian por horas de vacaciones. Trabajo todo lo que puedo para sacarme algún viernes libre. Un fin de semana al mes suelo viajar a Pamplona y mi novia viene otro”. Su familia también lo visita con cierta asiduidad.
Los tres años en Aston Martin, los resume en una frase: “¡Tenía que haber venido aquí nada más acabar la carrera! ¡Todos deberíamos hacerlo! Para un ingeniero esto es, a nivel laboral, un paraíso. Todas las grandes empresas están cerca y hay una oferta descomunal. Las oportunidades de desarrollo que ofrece este país son muchísimo mayores que las que ofrece España. Y el nivel de vida es muy similar al de Pamplona. Incluso para la gente que no tenga titulación universitaria, la demanda de otros sectores (construcción, servicios, etc.) es muy grande porque aquí no les gusta trabajar de ello”, aclara.
En el terreno laboral, sigue hablando, “las empresas consideran a los ingenieros de modo muy diferente que en España. Se aprovecha mucho más su potencial dando más oportunidades de desarrollo. Además, la conciliación de vida laboral y familiar es muchísimo mejor (y no sólo por los horarios). Los proyectos se encaran de forma muy diferente. Hay otras formas de hacer las cosas y no hay tanto miedo a probar cosas nuevas”, explica Azpíroz. “Aprendes a trabajar en un entorno muy diferente con una mentalidad mucho más abierta”.
Respecto al Brexit, no tiene muy claro qué va a pasar. “Hay mucho lío. Es curioso, me preguntan mucho mi opinión. Evidentemente, tendrá consecuencias políticas y económicas muy importantes y nos va a afectar a todos negativamente pero ahora mismo es muy pronto para hacer valoraciones. No me queda otra que adaptarme a la nueva situación”.