PAMPLONA
Idoya iluminó el día a Matías al encontrar la cartera que había perdido en Pamplona
¿Quién no ha se dejado un efecto personal encima del coche y ha arrancado? A Matías Giocoli le ocurrió el martes por la tarde. Colocó la cartera, el móvil y un tarjetero en el techo, y circuló kilómetro y medio por Pamplona con todo encima


Actualizado el 11/08/2017 a las 09:09
La suerte es una flecha lanzada que hace blanco en el que menos lo espera, decía en el siglo XX un político alemán llamado Konrad Adenauer. Pues bien, a Matías Giocoli Montero, gerente y cocinero del restaurante San Fermín de Pamplona, esta flecha le impactó de lleno el martes pasado al inicio de una tarde desafortunada.
Todo empezó a las cuatro de la tarde. Giocoli, su mujer y sus tres hijas tenían previsto visitar a un familiar en el hospital. En un acto instintivo que seguro le ha ocurrido a más de uno, el hostelero dejó en el techo del coche el móvil, la cartera y un tarjetero con lotería, mientras ajustaba el cinturón de seguridad a sus hijas. Acto seguido, arrancó, olvidando los objetos personales en lo alto. Primero tomó una curva de 180 grados, frente al Palacio de Navarra, aceleró, rebasó un semáforo, atravesó la rotonda del hotel Tres Reyes... y continuó por Pío XII hasta el aparcamiento del hospital. Al apagar el motor, se echó las manos a los bolsillos, en otro gesto instintivo, y se las llevó a la cara. “¡El móvil! ¡La cartera!...”, exclamó.
Así empezaba la crónica de una búsqueda incansable que tuvo también como protagonista a una mujer de 42 años llamada Idoya Alba Orduna, responsable de proyectos de la empresa Láser Iluminación.
Un par de días después, Matías Giocoli recordaba lo sucedido en su restaurante. “Cuando dejé el móvil y la cartera encima del coche, me dije que tenía que cogerlo. Pero, claro, había un coche detrás que quería aparcar, metiéndome prisa, y arranqué. Salimos y al llegar al hospital me di cuenta”. Giocoli creyó saber dónde podría haber caído. Y regresó sobre sus pasos. Sin demasiada suerte. “Estuve más de una hora buscando por Sarasate... y nada. Hice el mismo recorrido en bici. Y tampoco”.
Al interponer la denuncia le recomendaron usar el geolocalizador del móvil. Así lo hizo. “Como tengo el iPad conectado al móvil, envié un mensaje y me respondieron detallando el lugar exacto. Estaba en la rotonda de los Tres Reyes, tirado en el suelo con la pantalla rota. Pero funcionaba”. Entonces, Giocoli se relajó. “Perder el teléfono me preocupaba casi más que la cartera. Es mi herramienta de trabajo. Nosotros como negocio hostelero vivimos de las reservas y en el teléfono tengo una amplia base de datos de empresas, además de tener desviado el teléfono del restaurante”.
En cualquier caso, al hostelero le aguardaba una nueva sorpresa. Al desbloquear el aparato, saltaron seis llamadas perdidas de un mismo número. “Devolví la llamada y me cogió una señora que decía haber recuperado todas mis cosas”. Era Idoya Alba. Había encontrado la cartera y el tarjetero en el paso de peatones de Pío XII y Monasterio de Urdax. Exactamente, a un kilometro y medio del Paseo Sarasate. “¡Fue la leche! ¡Me sentí como si me hubiese tocado la lotería!”, comparaba Giocoli. “Pasé de la amargura absoluta a la felicidad plena, en solo dos horas”. Contactaron y quedaron en la tienda de iluminación donde trabaja ella.
UNA FOTO EN LA CARTERA
Idoya Alba y Matías Giocoli se reencontraron el viernes a la una y media de la tarde, en el mismo paso de peatones donde encontró la cartera y el tarjetero. Giocoli quiso agradecerle el gesto con una invitación a su restaurante. Idoya, agradecida, no concede importancia a lo que hizo. “Es algo que hubiera hecho cualquiera”, aseguraba, recordando cómo encontró todo en el suelo. “Estaba todo desperdigado sobre el paso de peatones: carné de conducir, tarjetas de invitación, de crédito, fotos, loterías... Eran cerca de las cuatro de la tarde y me dirigía a trabajar. Supongo que bajé la mirada por el sol y por eso me fijé. Otro señor me ayudó a recoger las cosas. Me llamó mucho la atención la foto de una mujer mayor en la cartera. Pensé que sería su madre y me dio mucha pena”. Idoya ordenó todo en la tienda y le telefoneó.
El viernes, ya en el paso de peatones, Matías aclaraba a Idoya que la mujer de la fotografía es su madre, Mónica, fallecida en 2016.