Carmen Molinet Berrio, tatarabuela a los 84 años

Una tatarabuela de 84 años, una bisabuela de 62, una abuela de 44. El 2 de julio nació Nayra y lo hizo con un as en la manga. Por tercera vez coinciden cinco generaciones de la misma familia.

Tatarabuela a los 84 años
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Tatarabuela a los 84 añosIván Benítez
Tatarabuela a los 84 años

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Iván Benítez

Actualizado el 28/07/2017 a las 11:33

Carmen Molinet Berrio no recuerda bien dónde nació. Cree que en Puente la Reina, hace 84 años. Tampoco le preocupa. “Eran otros tiempos...”, susurra, sentada en el sofá de su casa. Lo que sí tiene claro, “lo único que importa ahora”, es que el 2 de julio nació Nayra y la convirtió en tatarabuela. Y se siente “muy feliz”.

Aunque esta palabra, tatarabuela, le suena rimbombante, a ella le gusta. Y en Navarra no es que abunden muchas tatarabuelas con su edad. Le hace gracia y gesticula sorprendida. “¡A los 60 años ya era bisabuela!”, expresa, con orgullo. “Y ahora lo es mi hija, Mª Josefa, con 62”, dice.

Las cinco generaciones


Carmen Molinet Berrio, tatarabuela ( 84 años). Mª Josefa Berrio Molinet, bisabuela (62). Arantxa Ayensa Berrio, abuela (44) años; Noemí Chocarro Ayensa (24) madre de Nayra.

En aquella ocasión, febrero de 1993, su bisnieta era Noemí Chocarro Ayensa, la madre de Nayra, y la tatarabuela, Mercedes Berrio Echeverría, de 84 años. La historia de aquel momento, en el que se encontraron por segunda vez las cinco generaciones de la misma familia, se publicó en este periódico el 28 de febrero. Cuatro años después falleció Mercedes.

Han pasado 24 años del nacimiento de Noemí y las cinco generaciones han vuelto a coincidir, esta vez gracias a Nayra, hija de Noemí, tras un parto de 22 horas. Su llegada trajo el repoker de corazones. “Es la tercera vez en la que nos juntamos cinco generaciones y otra vez mujeres”, explica Mª Josefa. “Es que parece que nos ponemos de acuerdo para dar a luz cada veinte años”, bromea.

De hecho, Carmen, la tatarabuela, tuvo a Mª Josefa, la primera de sus dos hijas, con 20 años. Y Mª Josefa a su hija Arantxa con 17. Y Arantxa a Noemí, con 21.

“Nadie esperaba el nacimiento de Nayra”, admiten las cuatro. “Nos ha pillado por sorpresa”, añade Noemí. “En esta familia somos muy vaqueras, muy aficionadas a las vacas, y con esta edad y esta afición ... como para tener hijos”, apostilla, acariciando a la bebé. “Nayra es lo mejor que me ha pasado”, deja claro, eso sí. Ríe al confesar que este fin de semana pretende llevarla a las vacas de Cadreita.

Si las matemáticas no fallan, la tatarabuela se podría convertir en “doble tatarabuela” -aclara Noemí- si Nayra diera a luz dentro de veinte años. Se verá entonces. Carmen gesticula negando esta posibilidad. Este triplete, creen, ha sido fruto de la causalidad. Están seguras de que no se volverá a repetir un cuarto repoker de corazones en el seno de la familia... Pero nunca se sabe.

Cinco generaciones vuelven a coincidir

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