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Entrevista a Antxon Arza en Diario de Navarra en 2012

Entrevista a Antxon Arza publicada en 2012: "Lo más positivo de mi silla de ruedas es que tengo unos hijos maravillosos"

  • Empresario y presentador en Al filo de lo imposible, la silla de ruedas no le ha frenado su pasión por la vida. Le entrevistan estudiantes del Colegio Amor de Dios

Entrevista con Antxon Arza
PAULA ZUBIAUR
Antxón Arza, durante la entrevista en la sede de Diario de Navarra en la calle Zapatería de Pamplona.
Antxón Arza, durante la entrevista en la sede de Diario de Navarra en la calle Zapatería de Pamplona.
JOSÉ CARLOS CORDOVILLA
Encuentro con Antxon Arza 26 Fotos
Encuentro con Antxon Arza
Encuentro con Antxon Arza para La entrevista que siempre soñé
DN
  • DNN. PAMPLONA
Actualizada 15/01/2021 a las 19:45
Entrevista a Antxon Arza, fallecido este enero de 2021, publicada en Diario de Navarra en 2012

Cuéntenos, ¿Quién es Antxón Arza?
Una persona con mucha pasión, con ganas de hacer cosas y con mucho por aprender. He tenido la suerte de poder viajar trabajando y eso me ha permitido conocer a muchas personas, que al final es lo más importante. Compartir la vida con otros y buscar la compañía de otras personas.

Para comprender mejor su historia ¿nos podría contar qué ocurrió en el río Yuruaní de Venezuela hace ahora 12 años?

Era una expedición comercial en la que íbamos varios guías, y llevamos a veinticinco chavales que habían ganado un premio y hacíamos de guías para enseñarles el país. Era un salto muy grande de cascada, me tiré con la piragua y, en vez de caer en punta, como hay que caer, caí en plano. Cuando es desde esa altura de 15 metros sobre el agua, caer plano con una piragua es como caer sobre el cemento. Me rompí dos vértebras. Tuve la suerte de que la lesión no fue completa. Puedo mover un poco las piernas, puedo andar un poco con muletas, eso cambia mucho la vida, y tuve la suerte de estar con un buen equipo que hizo un rescate impecable. Me sacaron de allí sin mover la médula nada. Vino el helicóptero y me trasladaron a un pueblo pequeño, y de ahí a Caracas donde me operaron. Hicieron una operación de diez horas, luego me trasladaron a Barcelona, donde estuve seis meses en el Instituto Guttman aprendiendo todo sobre la nueva vida.

¿Qué llegó a pensar al encontrarse con esa situación inesperada?
Al principio piensas que todo se te cae encima, que todo es mentira, que nada ha pasado. De hecho, sigo soñando muchos días que todavía corro. Cuando ha pasado el tiempo te das cuenta de que sí ha ocurrido. Y es muy importante ese momento, porque hasta que realmente no lo reconoces no puedes empezar a pensar en otras cosas. Y esos son los momentos en los que te apoyas en Koki, mi mujer, los hijos y los amigos.

¿Cree que su condición de deportista y aventurero, siempre "al filo de lo imposible", le ha ayudado a superar los retos que su nueva vida le planteó tras el accidente?

Sin duda. El hacer actividades al aire libre siempre tiene un riesgo. Eres consciente de que el riesgo está ahí. Tú tienes muchas ganas de hacer un descenso o de ascender una montaña y a veces asumes, bueno, siempre asumes algún riesgo. Mirándolo así te das cuenta de que no ha sido una mala suerte. Bueno sí ha sido una mala suerte, pero de alguna forma estás preparado porque estás jugando a algo que sabes lo que estás apostando. Y al final te sientes privilegiado porque realmente no has perdido la vida. Es una suerte poder seguir haciendo lo que te gusta, poder seguir contándolo, poder seguir insistiendo.

¿Considera que su ejemplo de superación está ayudando a otras personas a superar problemas parecidos?

Yo creo que al final nos valemos cada uno de nosotros mismos. Mi experiencia les puede servir como un espejo donde mirarse, y la de otros compañeros, como Alberto Iñurrategui, que perdió un hermano en el Himalaya y luego volvió a por sus piolets para con ellos ir al monte. Para mí fue un ejemplo a seguir. Pero realmente el que tiene que decidir finalmente eres tú. La decisión es tuya y solo tuya, y tienes que tener ganas de buscar ilusiones, de buscar nuevos sueños, nuevos retos y sí, algunas veces hay personas en las conferencias que dicen "eso me ha ayudado mucho", pero al final eso es un punto de partida, un trampolín para que luego tú saltes. Porque el que tiene que saltar finalmente eres tú.

A sus hijos gemelos les pusieron los nombres de Adi y Saioa, nombres de dos montañas de Navarra. ¿Hay algún motivo en especial para haber elegido dichos nombres?

Pues sí. Nuestra primera hija se iba a llamar Paula, como mi bisabuela. Era un nombre que nos gustaba, y cuando nació yo pensé ¿por qué no llamarle Ara?, como un río que tanto me gusta, donde hemos hecho muchos descensos. Estoy muy vinculado a ese río, y la llamamos Ara. Y como nos gusta mucho la montaña, un día fuimos con unos amigos al monte Adi y llevábamos a mi hija Ara en una mochila a la espalda. Cuando llegamos arriba le dije a mi mujer, "si algún día tenemos un hijo le llamaremos Adi", y así le llamamos. Pero en vez de solo un chico vinieron gemelos. Una hermana mía, Isabel, siempre deseaba llamar a una hija Saioa, y le llamé para decirle que como venían gemelos había pensado llamar a uno Adi y a la otra Saioa, como el monte gemelo que está en frente.

Su hijo Adi tenía quince años cuando murió víctima de un fatal accidente. ¿Es posible recuperar la normalidad de la vida diaria y el entusiasmo y positivismo que tenía hasta entonces?
La verdad, es difícil, hay momentos muy difíciles. Hay días que se te cae el mundo encima. Piensas, no puede ser, un chaval con tantas ganas de vivir, con tanta energía, tan cariñoso y no volver a verlo, pues no te lo crees, pero yo sigo haciendo cosas. Tengo momento buenos en muchas ocasiones y sigo disfrutando de la vida, pero cuesta, tengo momentos muy malos, lloro mucho, me desahogo. Yo ya no lloro más mi accidente, lloro por Adi, pero lo importante es buscar momentos para soltar la presión. La vida es una olla a presión y hay que soltar esa presión negativa, y lo hago muchas veces nadando en la piscina o llorando, que es un desahogo muy rico. Hay que buscar objetivos, cosas que te distraigan y te ocupen el tiempo y la cabeza, no te puedes cerrar en la tristeza ni encerrarte en casa, hay que salir y darle la cara al mundo. Lo más importante es buscar cosas para hacer, y para mí es un desahogo el nadar todos lo días.

En su blog, tras el accidente que se llevó a Adi, cientos de personas se emocionaron con las cartas que toda la familia le escribió, ¿les reconforta saber que no están solos?
Pues la verdad es que no reconforta. Es un gusto tener a gente cerca, es un placer, pero no te reconforta. En realidad la tristeza no te la quita nada, no hay nada que te la pueda quitar. La noche que murió Adi me metí en el ordenador y empecé a recopilar un montón de fotos, las guardé y las proyectamos en el tanatorio. Las preparé esa noche, fue todo como se me ocurrió, estaba hecho pedazos y lo que quería es ver a Adi, y las pusimos. Todo el mundo decía "qué buena idea verlo hacer tantas cosas". A raíz de ahí preparé unas letras para decir en el tanatorio y luego las colgué en Internet, porque para mí fue una forma de soltar toda la tristeza que llevaba dentro. Luego te das cuenta de que mucha gente lo ha leído, que lo visita y que te ayuda, que está ahí y lo agradeces. Pero eso que dicen que es cuestión de tiempo, no sé, no se te olvida nunca

"La ilusión ha sido mi motor, la perseverancia mi herramienta más preciada, optimismo y entusiasmo mis inseparables compañeros". ¿Se puede extraer algo positivo de todo lo que le ha pasado?
Sí, la verdad es que de lo de la silla he sacado muchas cosas positivas. Por ejemplo, lo más positivo que tiene mi silla de ruedas es que tengo unos hijos maravillosos. En esta vida muchas veces cuando te dan todo hecho, todo al morro, te haces comodón. Cuando tenían 5 años Adi y Saioa, y Ara 7, si te quedas en una silla de ruedas, pues claro, tienen que ayudarte a vestirte, a subir, a bajar, a llevar, a traer. Todos en casa colaboramos siempre, y ellos han hecho muchas cosas, trabajan mucho. Se han ido a casa de amigos y todo el mundo dice que vengan cuando quieran que son un encanto. Se han acostumbrado a vivir en el trabajo, en la colaboración, pero por necesidad. Esas son las cosas que ha tenido la silla.

Hemos leído que para usted lo importante no es saber dónde sino con quién ir. Esta filosofía, ¿a usted le ha servido?

Muchísimo. Recuerdo que cuando empecé a escalar, con dieciséis años, siempre pensada dónde ir y no con quién. Luego pasan los años y te das cuenta que lo importante es con quién vas a los sitios. Lo que cuenta son los compañeros que eliges, que están a tu lado, que te ayudan y colaboran, que son buenas personas. Eso es lo más importante en la vida.

Tiene una empresa puntera de venta de piraguas llamada Urkan Kayak. ¿Cómo surgió la idea de montar la empresa?

Surgió para vivir haciendo lo que me gustaba. Yo trabajaba con mi padre. Era un tío muy majo, muy buena persona, muy buen comercial. Yo con 18 años era muy mal estudiante y entonces le dije, "yo no voy a estudiar más aitatxo". ¿No vas a estudiar?, no te preocupes, ven aquí, a trabajar me dijo. Y comencé a trabajar con él. Estuve con él 7 años y aprendí muchísimo del mundo de la venta. Creó una empresa que funcionaba muy bien, que sigue funcionando parte, especias Onena. Era un trabajo bonito, pero a mí me apetecía más ir al campo. Decidí dejar aquello, dedicarle tres días a la semana, jueves y viernes tener fiesta y el sábado y domingo dar clases de esquí de fondo en invierno y de piragua en verano. Empecé a la vez a vender piraguas, pero sobre todo el fin era vivir haciendo lo que nos gustaba. Luego la demanda del mercado fue creciendo y la empresa fue a más. Ahora es una empresa grande, pero empezó como una idea de hacer lo que nos gustaba y disfrutar del aire libre.

¿Esta actitud optimista con la que afronta sus retos, le ayuda de alguna manera para afrontar la situación actual de crisis que está viviendo el mundo empresarial?

Totalmente. Yo me dedico a leer, a escuchar a la gente, a vivir, a preparar cosas, a llevar a cabo nuevas ideas. Siempre hay cosas que hacer. En realidad crisis hay, pero cosas para hacer hay muchas y surgen nuevas empresas todos los días. Creo que es importante desconectar. La crisis es, como digo yo, como la silla de ruedas, hay que dejarla apartada. Vale para lo que vale, llevarte de un sitio a otro. Estamos en crisis, pero hay que pensar en hacer cosas. Si no hacemos nada no vamos a ningún lado, si estamos todo el día pensando en lo mal que está la economía, lo mal que está todo, no haces nunca nada.

¿Cómo surgió la posibilidad de hablar ante grandes empresarios y orientarles en sus distintas facetas empresariales?
Fue de casualidad. Vino a dar una conferencia a San Sebastián y a Pamplona Sebastian Álvaro, director entonces de Al filo de lo imposible y me presentó a Antonio y Daniel, que eran los directores de una empresa que se dedica a contratar conferenciantes. Me dijeron que les interesaba, que les gustaba mi perfil y si me apetecía. Dije que sí, pero luego me arrepentí. Tuve que empezar a pensar qué contaba, tuve que volver a ver todas la imágenes de mi accidente y fue muy duro. Pero luego me he dado cuenta de que es muy gratificante, que ahora cuando doy una conferencia la gente lo agradece y se siente a gusto, y sirve para que vean que siempre hay salidas, o que cuando todo parece que es negro hay esperanza.

¿Por qué si el amor es lo más importante de nuestras vidas nos da vértigo verlo formar parte de nuestras empresas?
Escuché una conferencia muy interesante en la Cámara de San Sebastián. El conferenciante decía esto, y yo creo que lo escribí después de escucharla. Este hombre decía, y yo lo comparto plenamente, que el amor es el mayor motor de nuestras vidas, lo más importante en este mundo es el amor, vivir la vida con pasión, con amor, con ilusión. Y eso ¿por qué no se traslada al mundo empresarial? Parece que no, que no puede ser y sin embargo, si somos capaces de hacer ese traslado , la empresa va sola. Lo contaba y es verdad. Yo con las personas que mejor me llevo en la empresa es con las que tengo una confianza plena, no es amor, pero es lo más cercano, es afecto total, relación de confianza plena, y el trabajo es muy sencillo. Hay una nueva mentalidad ahora en el mundo de la empresa y es la de considerar la empresa como una persona. Dice Javier Fernández Aguado, otro gran pensador, que la empresa es un todo. En la empresa hay de todo, gente que piensa, gente que se mueve, hay músculo, hay de todo, nervios, transmisores de información y todo eso tiene que funcionar en la empresa, y el corazón mueve todo eso, es una parte muy importante.

Le han hecho un montón de entrevistas, ha dado un sinfín de charlas, ¿aún le quedan cosas por contar?
Queda todo por decir, porque en la vida no dejamos de aprender. Creo que es importante tener esa mentalidad, y no solo en el colegio. Yo en la mesilla tengo dos lecturas. Una novela que cuente una irrealidad de esas que te evaden cuando quieres y luego otra de aprendizaje. Siempre hay algo que aprender. En la vida se sigue aprendiendo, y es fundamental escuchar a mucha gente.
 



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