Kárate

Carlos Ayerdi y Juan José Sánchez Villares, más unidos por el 6º Dan

El pasado 4 de agosto, Carlos Ayerdi, Juan José Sánchez Villares y Luis Martil lograron el nivel de sexto Dan en kárate. Los dos primeros comparten una historia de amistad y evolución personal

Carlos Ayerdi y Juan José Sánchez-Villares, con el cinturón blanco y rojo que les identifica como nivel sexto Dan, en los tatamis de San Juan.
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Carlos Ayerdi y Juan José Sánchez-Villares, con el cinturón blanco y rojo que les identifica como nivel sexto Dan, en los tatamis de San Juan.José Antonio Goñi
Carlos Ayerdi y Juan José Sánchez-Villares, con el cinturón blanco y rojo que les identifica como nivel sexto Dan, en los tatamis de San Juan.

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Miguel Zabalegui

Actualizado el 13/08/2020 a las 06:00

Para ellos ha sido todo un cambio. Después de más de 30 años con el cinturón negro, ahora se miran y no se reconocen. “Se ve raro”, admiten. Carlos Ayerdi (Pamplona, 1969) y Juan José Sánchez-Villares (Pamplona, 1970) lucen con orgullo el nuevo cinturón blanco y rojo que consiguieron recientemente, después de aprobar los exámenes realizados en Larrabide el pasado 29 de julio y que acredita su 6º Dan en kárate, un nivel que reconoce su experiencia y esfuerzo en esta arte marcial.

A los dos les une una gran amistad, desde que empezaron a practicar kárate con 15 años. En su momento, formaron parte de la selección navarra y han participado en campeonatos de España. “Lo bonito, aparte del 6º Dan, es haberlo sacado juntos”, afirma Ayerdi. A pesar de que la vida les ha llevado por diferentes caminos a ellos les une “una amistad desde chiquititos, ese desarrollo dentro de la actividad del kárate y el deporte”.

El distintivo que caracteriza haber logrado el 6º Dan es el cinturón blanco y rojo. “Dentro de lo que es la evolución de un karateka están los cinturones -blanco, amarillo, naranja, verde, azul, marrón y negro- y a partir de ahí es negro-primer Dan”, explica Ayerdi. “Esperas dos años, sacas el segundo, tres años el tercero... Contando siempre a partir del anterior. El sexto Dan es un grado de muy alto nivel”. Y es entonces cuando cambia de color negro a blanco y rojo, donde el blanco representa la pureza y el rojo la sabiduría del que lo porta.

Para poder conseguir este logro tan difícil, además de “acumular práctica, experiencia, tener mucha afición y profundizar un poco más en el kárate”, como dice Sánchez, hay que aprobar tres pruebas. La primera supone redactar una pequeña tesis relacionada con cualquier aspecto del kárate. Ayerdi la hizo “relacionada con el kárate competición” y Sánchez, sobre “el movimiento corporal en el kárate”.

La segunda prueba es la parte física y la tercera, una exposición oral por parejas o un trabajo escrito en el que se expone parte de esa tesis. Todo esto ante un tribunal de “danes alto, mínimo sextos danes, y que tienen el título para poder examinarte”, según Ayerdi.

EVOLUCIÓN PERSONAL

Sin embargo, esto no habría posible sin la constancia de los dos. Su maduración como personas ha ido acompañada de su evolución como karatekas, influyendo y completando la visión que tienen de la disciplina. “Es una forma de vida”, afirma Ayerdi. “Es mucho más que pegarse”, corrobora Sánchez. “Te aporta equilibrio, fuerza, velocidad, relaja mentalmente... Cuando eres más joven siempre hay más energía y una forma de canalizarla son las competiciones”.

“Desde mi punto de vista, que soy profesor de kárate, yo les digo a mis alumnos que aprendo de ellos a la vez que enseño. Y ves el kárate de otra manera, incluso haces más foco en lo que hablaban los antiguos maestros, en un rollo más místico, espiritual, que te das cuenta más ahora que antes”, continúa Ayerdi. “Sí, te vas dando cuenta de aspectos que igual antes no les dabas tanta importancia. Sin dejar de lado el aspecto físico, porque al final somos deportistas y lo que nos gusta es venir, sudar y hacer un esfuerzo. Es un deporte que tiene la exigencia que tú le quieras dar. Es muy adaptable”, completa Sánchez.

La parte más dura físicamente pero a la vez más pura de esta disciplina son los ‘katas’ (en japonés, forma). Ayerdi lo define así: “Yo lo considero la esencia del kárate. El ‘kata’ es una lucha virtual ante diferentes oponentes que en la práctica podrías aplicar. Te da muchísima condición física, habilidad, equilibrio y a nivel físico es muy exigente”. De hecho, la segunda prueba para lograr el 6º Dan consistió en ejecutar una serie de estos movimientos.

Para Sánchez, el ‘kata’ es “una forma de hacer kárate que aporta velocidad y equilibrio en los desplazamientos, flexibilidad, elasticidad...” Y previene de lesiones. “A nuestra edad, la posibilidad de lesiones se incrementa bastante y practicando el ‘kata’ de un forma correcta lo minimizas”, afirma.

Todo este crecimiento ha desembocado en el mérito de conseguir el nivel 6º Dan, algo que pocos tienen en Navarra. En concreto, solo siete personas de 1.700 licencias poseen un rango superior al 6º Dan, un número en proporción bastante alto. Sin embargo, se debe contar toda la gente que ha abandonado la disciplina. Es difícil tener la constancia que han tenido estos dos amigos en un proceso de más de 30 años.

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