Fútbol

Carlos Gurpegui: "El día que hice la prueba con el Athletic estuve antes recogiendo lechugas en el invernadero de mi padre"

"Patxi Rípodas se vio reflejado un poco en mí y me acogió", explicó sobre su llegada a la cantera del Athletic, en la que el exrojillo era entrenador

Carlos Gurpegui
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Carlos Gurpegui, en la entrevista de Los FulanosYOUTUBE
Carlos Gurpegui

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Javier IborraIñaki Lorda

Actualizado el 15/12/2025 a las 08:34

Carlos Gurpegui nunca ha olvidado de dónde viene. Ni literal ni futbolísticamente. El exjugador navarro del Athletic Club ha recordado en el pódcast Los Fulanos que el día que dio el salto del Izarra a Lezama pasó la mañana "recogiendo lechugas en el invernadero" de su padre, en Andosilla.

“Mi padre tenía un invernadero y estuve toda la mañana cogiendo lechugas, agachando el lomo”, relata Gurpegui con naturalidad. Era Semana Santa y el Athletic le había citado para una prueba definitiva tras dos intentos anteriores que no habían salido como esperaba. Nada de rutinas profesionales, ni planes de nutrición, ni descanso previo: campo, trabajo y un bocadillo camino de Bilbao.

Entonces jugaba en el Izarra, club convenido del Athletic. “Me llevo mi madre de las lechugas a Estella, allí me estaba esperando el entrenador para llevarnos a Bilbao. Mientras tanto, un bocadillo y venga…”, recuerda entre risas.

Lo que vino después cambió su vida. “Hice un partido increíble. Increíble”, comenta. Tanto que, apenas una semana más tarde, recibió la llamada que lo cambiaría todo: el Athletic quería incorporarlo y que se presentara en Lezama a principios de agosto. “Todos como: ‘¿Qué me estás contando?’”, rememora.

La decisión no fue sencilla. Gurpegui era “muy de Andosilla”, acababa de empezar una relación con quien hoy es su mujer y la idea de dejar a su familia y amigos no entraba en sus planes. Además, reconoce que al llegar a Lezama se sintió muy por detrás del resto. “Mis compañeros eran muchísimo mejores que yo. Tenía carencias que ellos controlaban”, admite. Pero también se define como “una esponja”, dispuesto a aprender todo lo posible.

En ese camino fue clave el entrenador navarro Patxi Rípodas, que lo acogió casi como a un hijo. Incluso una grave lesión -se rompió el cruzado en su primer año- no frenó su progresión. “Venga, para adelante”, le repetían en casa. Su padre, agricultor, lo tenía claro: “Haz todo lo que puedas para no tener que volver al campo conmigo”, le decía, consciente de que su hijo tampoco destacaba como estudiante.

El Athletic se movió rápido, incluso cuando Osasuna mostró interés. El Izarra era club convenido de la entidad bilbaína, así que "tampoco fue decisión mía", dice Gurpegui, sobre la elección de un club antes que el otro. Y en Lezama encajó fue construyendo una carrera que le llevó a ser incluso capitán del primer equipo.

Hoy, con la perspectiva del tiempo, Gurpegui resume aquella etapa con sencillez y orgullo. Todo empezó una mañana cualquiera, entre lechugas, tierra y un bocadillo, antes de demostrar en el campo que tenía sitio en el Athletic. Una historia de esfuerzo, raíces y oportunidades aprovechadas al máximo.

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