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Boyomo para lo bueno y lo malo

El central hizo un penaltito pero lo corrigió marcando un golazo. Pese a todo, sigue la mala imagen del equipo

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Fran Pérez

Actualizado el 29/11/2025 a las 16:42

Entre huevos, txistorra (de la de los pobres, no de las de Cerdán, Ábalos y compañía) patatas fritas y jamón andábamos el amigo Pitxorronga y yo en el Albero, con la baja de última hora de la simpar Mary, cuando sacamos a colación el tema osasunil y nuestras sensaciones de cara al choque de Son Moix en horario de comida. "Un empatico vendría bien si luego ganamos al Levante", decía el de Vidángoz. Y yo me subía, igual fruto del chute de colesterol almuercil, y en ese venirme arriba venia clara la victoria rojilla. "O reaccionamos ya o nos vamos por el desagüe". 

Y ya llegó la hora, y mientras la inigualable que me soporta en casa apañaba las comidas el que suscribe se calentaba en la red antes conocida como Twitter para intentar insuflar ánimos a los rojillos, esta vez de blanco, en tierras baleares y contra Arrasate, Alkiza (amigo de Beñén) y Mojica en el otro bando. Y nosotros con Budimir titular y Moncayola a la derecha, defensa de probaturas con Boyomo, Herrando y Osambela de centrales. Y a correr.

La primera parte, esa en la que nos adelantamos y luego llega la bajona acompañada de la derrota, terminó con cerocerismo justo y un control sin apenas daños por parte de los de Lisci. Es cierto que no se sufrió, pero tanto como que apenas se generó peligro alguno. Con llegadas por los laterales pero centros de fogueo, de chichinabo que se suele decir y con el mismo peligro que una manada de unicornios saltando sobre nubes de arcoíris. Cero patatero.

Y luego llegó el segundo tiempo. Esta vez parecía que en el descanso hubo charla, o por lo menos intento de la misma, ya que los rojillos (blanquillos) saltaron descarados y atrevidos con llegadas y buscando al meta local, de nombre impronunciable si uno no quiere atragantarse, como pelo (o pelos) en garganta. El caso es que, pese a los peligrosos envíos de Osambela a la olla, uno de ellos a punto de convertirse en Barrenetxeazo, la cosa iba en un discurrir sin más ni más, ambos a la espera de ver si el otro fallaba y hacía sangre del error. Y llegó.

Boyomo es un central que arrancó la temporada sonando para media Premier League y candidato con Camerún a ir al Mundial y que, 13 jornadas después, se ha desdibujado en un tono gris que ni va a EE UU, Canadá y México y ni lo quiere tanta gente ahora. Es normal la devaluación en el mercado de divisas de la boyomina, moneda que va bajando enteros más si se cruza en la carrera del jugador rival más habilidoso y le posa, como colibrí travieso, una mano sobre el hombro dentro del área.

Virgili sintió el peso del mundo sobre su espalda y se fue al suelo. Pese a que el bueno de Enzo reconociera al final del choque que eso no era penalti (ojo, lo suscribo, hace falta algo más para irse a los once metros, sin mentar que hay una falta previa de Mascarell sobre Aimar Oroz que el Gil Manzano de turno se lo pasa por el forro de las castañas). Pero es de primero de futbito (no futsal, no me sean moñas) el no tocar al rival veloz que se mete en el área. Compras boletos para que te toque. 

Muriqi hizo de niño de San Ildefonso y tocó el Gordo. Gol. Engañando a Sergio Herrera en la pena máxima y, pocos minutos después repetía suerte en la enésima contra pésimamente cerrada por los nuestros recibía del propio Virgili y, engañando a Osambela al que le hizo creer que con la derecha no sabe chutar, la puso con la misma cruzada y subió el segundo al marcador. Minuto 66 y esto pintaba como los choques anteriores: mal.

Pero vaya usted a saber si ha sido momento de asíntota, si la variable osasunista ha dado giro a su devenir en tierras baleares, donde un tal Ludovico se convirtió en galgo para dar una histórica victoria a Osasuna en la isla años a, pero algo ocurrió sobre el verde. Sin Budimir, sin Bretones, sin Moncayola... Pero con la buena noticia de Raúl García de Haro y la redención de Boyomo.

Porque en el minuto 80 no dábamos ni medio duro por estos de blanco, porque las sensaciones seguían siendo malas, porque parecía que otra derrota iba a subir al casillero, nefasto a estas alturas y con olor a Segunda. Pero una falta en la frontal, un  toquecito del Joker y un derechazo de Raúl García de Haro ponían el 2-1 en el luminoso y nos hacía pensar que era posible, por lo menos, rascar un puntico.

Boyomo para lo bueno y para lo malo. Lo malo fue poca cosa, demasiado castigo con ese penaltito que a los señores trencillas les encanta pitar contra Osasuna. Me carcajeo si esa jugada es de Huijsen con un rival, lo que cambia el chiste. El caso es que con todas las naves volcadas hacia la portería de Bergstrom (me duele la garganta solo de escribirlo) llegó el descuento, un centro desde la izquierda, una peinada delicadita de Torró y un empalme de Enzo a gol que nos dejó perplejos. Hasta el linier, asistente de banda que les llaman, levantó el palito anulando la jugada. Pero el VAR no pudo hacer otra cosa que justicia y darlo por bueno.

Se pudo ganar, estuvo perdido, al final se empató. Cuando dos equipos andan con miedo es lógico que ocurra lo que pasó en Son Moix. Lo que no es lógico es que Osasuna, jugándose la vida contra un rival directo, no se deje de bloques altos, medios, bajos y zarandajas y salte a ganar a los que tiene enfrente estando como están. Las sensaciones siguen siendo malas, sólo se ha sacado otro empate (van dos) como visitantes y ahora llega un tramo de final de la primera vuelta en la que hay que salir a morir y sumar muchos puntos. Levante, Barcelona, Alavés, Athletic y Girona de aquí al intermedio. Los 12 puntos deben subir hasta 20. ¿Es posible sacar ocho más contra estos rivales? Tendrá que serlo... Confiemos en que la boyomina siga al alza en el mercado de divisas.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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