

Publicado el 05/11/2024 a las 21:48
Una semana después del aplazamiento los nuestros se volvieron a meter entre pecho y espalda un millar de kilómetros y otros tantos de vuelta para pasar a la siguiente ronda de la Copa del Rey, ese torneo que nos pone hasta las trancas y que nos mola mazo, a lo Camilo Sexto. La misma categoría en la que milita el Chiclana, como si fuera una sexta división, o para aclararnos una por debajo de la Tercera foral. Es el premio para el fútbol modesto, un equipo que en el primer tiempo fueron capaces de contener a la furia rojilla. Lo que viene siendo un yogur de garbanzos con tropezones de chorizo y tocino.
No se puede calificar de infumable la eliminatoria. Los gaditanos le echaron arrestos en una primera entrega en el que ambos conjuntos parecían de la misma categoría, y no es precisamente LaLiga de la marca esa de fabricantes de videojuegos (si quieren publicidad que me paguen, leñe). El caso es que parecía como que hubiese un pacto entre caballeros, los locales que han hecho caja con la visita de los rojillos y los otros zampándose otro viaje de esos interminables que sólo hacen los verdaderamente apasionados de este deporte. O que te llames Jakes Jimeno, que también me vale.
El caso es que el primer tiempo olía un poco a comedieta, a un hoy por ti y mañana por mi, a ese pacto de no agresión del que ya podían aprender más de un descerebrado presidente de país al que le mola guerrear. Un canto no precisamente al fútbol en el que los teóricos suplentes no opositaron a titularidad ni de lejos. Un auténtico duermeovejas, un merendar ese yogur de garbanzos que no pasaba ni con dos litros de agua, sea de Lourdes o de Fátima. Cerocerismo en el luminoso, los chiclaneros dando palmas y nosotros pensando en que estos nos hacen la faena y se van a la prórroga. Por tocar lo que viene siendo el alto del bigote, más conocido como nariz.
Pero no. Una vez vista la de cal, el yogur se volvió sopita de geriátrico. Calentita, gustosa, suave y que entraba como un tiro. Ahí empezaron a asomar los de rojo para poner de manifiesto la superioridad de categoría, la enorme diferencia salarial, el abismo entre los locales y los foráneos, el insondable distanciamiento entre una división y la otra. Y como fruta madura fueron cayendo los melones, perdón, los goles. Taconazo de Raúl García de Haro, penalti de Iker Muñoz, doblete del delantero, hasta Arnaiz marcaba de cabeza tras magistral asistencia de Nacho Vidal en una cuenta cerrada por Moi Gómez. Menos mal...
Buena digestión en el primer trago copero, sin sustos, con emoción pero la justa. Lo peor el doble desplazamiento. Lo mejor, que este equipo no pierde el hambre. Arranca una semana de las de campanillas goleando en el torneo del K.O. y con última parada en el Santiago Bernabéu. Es fácil hacer las cábalas. Si hemos sido los únicos que les hemos ganado al Barça (4-2) y el Barça le metió 0-4 al Madrid, esto está hecho- ¿Ah, que esto no va así? Bueno, tampoco íbamos a pensar que el Chiclana nos podía poner las cosas feas y la primera parte fue un auténtico yogur de garbanzos. Ahora que lo pienso, ¿eso no se llama hummus?
¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!