Menos malo que los otros dos

Primer punto lejos de Pamplona en un choque que deja la sensación de ocasión desperdiciada

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Fran Pérez

Actualizado el 24/09/2024 a las 21:39

Estaba pensando en tirar por una frase que me trajo el amigo Borch de un ilustre lesionado en uno de los grandes equipos de LaLiga de las Estrellitas, que decía algo del tipo "pendiente de evolución" con el pobre deportista en cuestión, omitiré nombres, calzando poco seso y he pensado que mejor no meterse con el personal, que con la misma me vienen Vomitar Pús, LaLija o su prima la Muelles y me calza una denuncia de esas que mis pobres michis están un año comiendo migas de pan. Si es que me dejan para pan, claro. El caso es que he preferido establecer una comparación, sin llegar a agravio comparativo, y aplaudir con las orejas porque ya tenemos 11 puntos y se ha mejorado fuera de casa respecto a los dos partidos anteriores. Pero...

Vaya pena, oigan. El Valencia, ese equipo que tiene una de las aficiones que jamás llegaré a entender, por mucho que me mole el rollo Batman y su murciélago, le había mojado la oreja al EuroGirona hace tres días y se presentaba como hueso duro de chupar, que no roer, para los de Vicente Moreno. Más si se tenía en cuenta los siete chicharros recibidos en dos encuentros jugados lejos del abrigo de El Sadar. Si sumamos uno más uno, la cosa pintaba oscuro tirando a sobaco de grillo. Pero...

Al finalizar el encuentro y con el ecos de la chiflada del pitolari todavía en el ambiente se quedaba flotando la sensación de haber perdido una ocasión de ganar en Mestalla, como la pasada temporada con ese gol en las postrimerías de Nacho Vidal de semitijera cuando el ya olvidado Arrasate hacía la fiesta lejos de Pamplona, siendo uno de los visitantes más temidos. El caso es que un choque que daba la impresión de arrancar Osasuna con el 0-0 en mente terminó como pensaba, pero con sensación distinta y un mecachis en la mar en boca de la parroquia rojilla. Pero...

Moreno dio descanso a unos y apostó por otros. El partido, dejémonos de babuchadas, no fue para tirar cohetes. Que cuando se terminan los 95 minutos con alargues incluidos con abono al cerocerismo es el típico encuentro que para la hora se ha olvidado y ya se está a otra cosa, mariposa. Porque Sergios Herreras a un lado, la defensa con herrando y Boyomo no sufrió en exceso los embates de Rioja y compañía. Aunque la suya tampoco se fue muy cansada que dijéramos. Eso en una primera parte de ni fú ni fá. Pero...

La segunda se animó un pelín de calvo, que tampoco es que hubiera fuegos artificiales. Pero con Budimir y Rubén García y un poco de Bryan Zaragoza, que se empieza a parecer a La Pitusa y va perdiendo gas, todo ello aderezado por ese andar sobre la cuerda floja de Torró y esa locura bendita de Sergio Herrera, por lo menos la diversión subió un poco. Insisto, un poco. No nos volvamos locos. De ahí que al final, en el último cuarto de hora y cuando los de rojo vieron que leñe, se podían venir a Pamplona los tres puntos, hasta lo intentaron.

Pero... Es lo que hay. Punto ser punto, que decía el sabio. Ya tenemos 11, un empate que se puede hacer bueno ganando el sábado en casa, por lo de la media inglesa. ¿A ver quién viene? Mmmm. Bueno, vale, bien. A ver si por una vez se le frena al Barça, que viene sin Ter Stegen. La clave va a ser meter balones bombeados al área culé, a ver si Peña se rila por la presión de tener que sustituir al germano y falla alguna. Que sean varios balones colgados, porque ellos con la gente que tienen arriba me da que por lo menos un gol nos meten. Si es solo uno se puede dar la campanada. Esto es once contra once, ¿no? Pues que se note, sin peros.

¡Hasta la muerte, Forofillo hasta la muerte!

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