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Girona 1-0 Osasuna

Osasuna sigue en búsqueda del ADN

El plan falló desde la presión alta, el sello de este Osasuna

Ampliar Juncà celebra el tempranero gol del Girona ante el expresivo gesto de Ramalho, que falló en la acción
Juncà celebra el tempranero gol del Girona ante el expresivo gesto de Ramalho, que falló en la acciónefe
Publicado el 07/01/2022 a las 06:00
Ni con un delantero, ni con dos ni con tres. A Osasuna no le salió nada. Ni por acumulación arriba. Comenzó el Chimy arriba, se le unió Kike García, el equipo pasó a un sistema de tres centrales, e incluso terminó con la tripleta Chimy, Kike y Budimir. No sirvió para empatar la eliminatoria. El problema era coral, más allá de dibujos. Osasuna no le dio la vuelta a la situación.
El Girona de Míchel se prestaba a una presión alta porque salía jugando desde atrás. Ese entramado con la línea adelantada para robar ha sido el sello característico rojillo en los últimos tiempos. Apretó el equipo, pero sin éxito. El rival superaba el entramado con suma facilidad. A partir de ahí, problemas para correr hacia atrás. No había manera. La ejecución no fue buena. Y dejó a Osasuna en una situación de incomodidad constante.
Primero, la puesta en escena pasaba por un único delantero en una especie de 4-2-3-1. Llamó la atención la posición centrada de Roberto Torres. Osasuna no dio con la tecla.Lento, previsible y sin chispa ninguna.
CHIMY, KIKE Y BUDIMIR
La revolución de los cambios dio paso a teóricos titulares. Y había tiempo. La apuesta final, con un cuarto de hora por delante, era arriesgada en busca de lo que parecía imposible, un gol. Para ello salieron Kike García y Budimir. El Chimy se mantuvo en el campo. Una delantera de lujo a costa de renunciar al centro del campo en una especie de 5-2-3. Nacho Vidal entró para ocupar el carril. Un disparo de Budimir, la única respuesta a esos movimientos masivos desde el banquillo.
Osasuna no consiguió crear el caldo de cultivo para esos ingredientes: sacar centros al área, otra de sus principales virtudes de la era Arrasate. Más aún, con Kike y Budimir esperando en el área. La Copa se esfumaba finalmente con toda la artillería en el campo, pero sin ADN.
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