Osasuna 0-0 Espanyol

El Sadar ruge de nuevo

El tercio de aforo se hace notar después de completar el acceso de forma ordenada y sin aglomeraciones

Kike Barja trata de encarar al lateral izquierdo del Espanyol, Pedrosa, en una de las primeras acciones del partido
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Kike Barja trata de encarar al lateral izquierdo del Espanyol, Pedrosa, en una de las primeras acciones del partido
Kike Barja trata de encarar al lateral izquierdo del Espanyol, Pedrosa, en una de las primeras acciones del partido

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Gorka Fiuza / Borja Bernarte

Actualizado el 15/08/2021 a las 06:00

524 días después, las puertas de El Sadar se abrieron para la afición de Osasuna en un partido de Liga. El primer viaje hasta el estadio, la primera cola para pasar el torno, la primera subida de las escaleras y esa impresión del ver el nuevo Sadar tras el vomitorio. Nervios e ilusión, pero con restricciones. Mascarilla, distancia y 6.715 espectadores.

Un Osasuna-Espanyol en marzo de 2020 fue la despedida antes de que estallara la pandemia y ayer el mismo rival hacía acto de presencia. Casualidades del destino. La espera se había hecho eterna. El fútbol desde el plasma carece de sentido.

Las inmediaciones del estadio, por fin, recogían ecos de los murmullos del público. Camisetas rojas y verdes. Entradas impresas desde casa. Distancia entre unos y otros. Poco jolgorio, al estar los bares cerrados, pero la sensación de ese regreso soñado desde hace tiempo.

FOTOS Y ENTRADA IMPRESA

El acceso fue ordenado, no hubo aglomeraciones pese a ciertos problemas para leer el código QR. Los socios acudieron con antelación y apenas hubo esperas en los tornos. Se respiraba expectación entre algún cántico espontáneo. Era la vuelta a El Sadar.

Hubo fotos fuera y dentro. Uno de los lugares elegidos se ubicó en la escultura ‘Sentimiento-Sentimendua’ al lado del Navarra Arena. Había que compartir el momento en las redes sociales para alardear de que iban a estar ahí, en El Sadar, el día 1. Mientras, algunos apuraban el bocadillo sentados antes de entrar ya que no se podía comer dentro del estadio. Se vendió agua en la grada al precio de 1 euro. Falta hacía para mitigar el calor durante un partido que iba a ser a las cinco de la tarde.

Unos plásticos cubrían los asientos para marcar la distancia entre unos y otros después del sorteo que se había hecho por sectores. No estuvo Indar Gorri, que ya anunció que no accedería hasta puedan hacerlo todos los socios. Se notó en el ambiente, aunque algunos espectadores se ubicaron en la zona rail seat, y desde ahí comenzaron los ánimos a Osasuna.

El Sadar, de forma contenida, retumbaba por primera vez tras la reforma y ampliación... ¡Y solo con un 33% de aforo! Cómo tiene que ser después. Una nueva sensación. El aplauso al salir a calentar fue efusivo. Era el reencuentro. El estadio cogía temperatura, un punto álgido que llegó con la salida del equipo. Luces apagadas. Arengas a Osasuna desde la grada. El espectáculo de iluminación con el Rock And Roll provocó la locura en El Sadar. El primer gol local ya se había anotado, aunque no contabilizaba en los nuevos videomarcadores.

Tras esta inyección de energía, Osasuna salió como los toros del corral de Santo Domingo. Los primeros acercamientos fueron locales y se festejaban tras año y medio de noticias inundadas por el coronavirus. Arrasate formó con dos tanques en ataque, Kike García y Budimir. La afición se frotaba las manos. En el tercer minuto llegó la jugada deseada. Centro -de Nacho Vidal- y cabezazo del exdelantero armero. Primer aviso. La grada se lamía los labios.

"DIRECTIVA DIMISIÓN"

Otro de los focos de atención en el regreso a El Sadar estaba puesto en la respuesta del aficionado tras el voto del club a favor del fondo de inversión CVC. Algo que tendrá que ratificar la asamblea. El primer cántico de “directiva dimisión” fue nada más comenzar el encuentro. Brotó de Graderío Sur y fue contrarrestado por silbidos en el resto del estadio. La secuencia se repitió en los minuto 10, 18, 22... También hubo tiempo para animar a Jagoba Arrasate, en el 17.

El primer enfado tampoco tardó en llegar por la desesperación que provocó el árbitro Ortiz Arias con sus decisiones. Las pérdidas de tiempo del Espanyol también desquiciaron. La grada mostró su rechazo.

La traca final dio paso a altos decibelios en busca del gol. Equipo y grada conectaron con fuerza. Un estruendo continuo, como cuando entró el Chimy.

Adiós al fútbol donde se escuchaban las indicaciones de los jugadores y los entrenadores. El ruido se apoderó de El Sadar. Volvió a empujar a su equipo, intimidó al rival y metió presión. Y eso que no estaban todos.

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