Ciclismo
Induráin: "En el Tour del 96 Larrau no se me hizo duro. No tenía opciones de nada"
En la memoria colectiva, cuando se nombra al puerto de Larrau se lo relaciona de forma automática al Tour de Francia de 1996 y a Miguel Induráin. Dos días antes de que la Vuelta regrese a esa cima mítica, el villavés habla de Larrau


Publicado el 07/09/2023 a las 06:00
Aunque solo se haya ascendido dos veces en el ciclismo profesional (Tour de Francia de 1996 y 2007) la subida a Larrau por la vertiente francesa tiene un aura legendaria. Larrau no sería Larrau si no estuviera íntimamente relacionado con Miguel Induráin. El pentacampeón y uno de los reyes del Pirineo tienen una larga y estrecha relación.
¿Recuerda cuál fue su primer contacto con Larrau?
Fue un día que salí a entrenar con Pruden de cara al Tour de Francia. No me acuerdo bien del año, no sé si fue el de 94 o 95. Un día había que dar una vuelta larga y estudiando mapas vimos que existía Larrau. Bajamos por Valcarlos y dando vuelta subimos por allí.
¿Y?
Que se nos alargó mucho, demasiado, el día (le acabaron saliendo casi 300 km de entrenamiento). Rompimos una rueda, nos medio perdimos y casi no llegamos a Pamplona. Dio la casualidad que ese día había quedado con un periodista y se nos hizo muy largo, casi no llegamos. Entonces la carretera estaba muy mal.
¿Qué tiene Larrau?
Primero que es un puerto que para llegar allí, vayas por donde vayas, siempre hay que subir algún puerto, y son todos duros. Y luego el propio Larrau es muy duro desde antes de empezar. Antes de llegar al pueblo ya hay dos kilómetros que te exigen mucho, te rompen y del pueblo a Erroymendi no tienes descanso. Es un puerto muy cerrado, si hace calor la humedad te hace daño, parece que la bici no avanza nada porque son porcentajes muy duros. En las curvas te parece que vas, que caminas algo, pero cuando llegas a la recta que da a la parte más abierta es donde más te castiga. Las vistas son preciosas, pero en Larrau ves que no caminas, no caminas. El descansillo te permite recuperar un poco, pero si ya vas castigado, lo pagas. Y el final es descarnado, con aire en contra se hace mucho más duro.
¿Qué recuerda del 17 de julio de 1996 en Larrau?
A mí se me hizo más dura la subida del Soudet, porque aquella etapa se salió a tope. Allí sufrí, me descolgué y a partir de ahí fuimos a ritmo. No desconectas de la carrera, pero ya vas a otra cosa. La víspera, en Hautacam, intenté engancharme otra vez al Tour. Pero no tiraba, Riis y estos iban muy rápidos. Quería hacerlo bien en la etapa de Pamplona, porque llegábamos a casa y me hacía ilusión, pero se salió muy deprisa y cuando llegamos a Larrau ya vi que había que subir a ritmo, no había más. Fue un día de calor, con muchísima gente. Pero Larrau no se me hizo duro porque ya no tenía opciones de nada.
Y había que llegar a Pamplona.
Es que había que ir desde allí por las Abaurreas, Urroz... La etapa de este año en la Vuelta es diferente. Belagua se les hará duro con todo lo que que llevan de antes, y la víspera. Todo el mundo está esperando al Tourmalet, es lo que se comenta en la Vuelta estos días.
¿Qué cree que puede pasar?
Es algo interesante, hay que ver. Hasta ahora la Vuelta ha tenido puertos explosivos, cortos. Esto es otra cosa. El viernes con el Tourmalet y el día de Larrau van a ser diferentes. Son puertos más duros, que exigen mucho más. Y la etapa de Pamplona, cuidado, porque va a ser el tercer día seguido apretando, habrá que ver cómo recupera la gente.
¿Con qué desarrollo se subía?
Con 25 de piñón más grande y con 39 de plato, porque no había más. Me acuerdo que para los Lagos o Mortirolo se ponía un 23. Pero el Tour, por ejemplo, se hacía con un piñón más grande de 21. El Tourmalet era la subida más fuerte que se hacía. Ahora suben con lo que que quieren, los desarrollos han cambiado.
Tampoco ha vuelto mucho por Larrau, ¿no?
Lo subí antes de aquel Tour en algún entrenamiento, en el Tour del 96, luego hice también la marcha Larra-Larrau años después, y en alguna salida que he hecho por el Pirineo sí que lo he subido alguna vez más. Pero no es de los sitios a los que más veces he ido.
No le gustan los puertos imposibles
En su etapa como profesional, y ahora como ex ciclista y cicloturista, Miguel Induráin no es muy fan de los puertarracos que se han puesto de moda en el ciclismo. Sí que tiene en su historial de subidas cimas legendarias por su dureza como Larrau, Mortirolo, Marie Blanque, Portet... pero al pentacampeón villavés este tipo de cimas de altos porcentajes y cuasi imposibles de subir no son el terreno que más le apetezca como ciclista ocasional que es ahora. Tampoco como espectador.
“Los Angliru, Zoncolan y estos puertos superduros no me gustan. Me han invitado muchas veces a marchas o eventos para subirlos, pero no van conmigo. Es un ciclismo que está de moda, es muy explosivo, pero no me gusta, no va conmigo”, comenta el pentacampeón villavés. “No me convence, es un ciclismo en el que tampoco se hacen tantas diferencias. Tampoco hay ataques, es esperar a que alguien reviente porque no puede con un ritmo. Las diferencias son muy pequeñas, diez o veinte segundos, y siempre con los mismos protagonistas, los diez que se defienden con porcentajes tan grandes. Son modas, pero no me acaban de gustar”.

