Bar Faris: tradición familiar y tortillas que conquistan desde 1965

Situado en la Calle Felipe Gorriti, el Bar Faris es un punto de encuentro tradicional que desde 1965 ofrece a vecinos y trabajadores un espacio cercano donde disfrutar de tortillas de patata, pinchos y ambiente familiar

De izquierda a derecha: Iker Andueza, Cándido Andueza, Toni Andueza y Nuria Leandro.
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De izquierda a derecha: Iker Andueza, Cándido Andueza, Toni Andueza y Nuria Leandro
De izquierda a derecha: Iker Andueza, Cándido Andueza, Toni Andueza y Nuria Leandro.

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Gael Laspalas

Actualizado el 19/08/2025 a las 16:30

En la calle Felipe Gorriti se encuentra el Bar Faris, un local que desde 1965 mantiene el pulso de la hostelería de barrio. Ese año, los padres de Toni Andueza se hicieron con el negocio, que ya llevaba ese nombre. “Antes de que naciéramos nosotros, ya estaban mis padres detrás de la barra”, recuerda. Desde entonces, el Faris ha sido un punto de encuentro habitual para vecinos y trabajadores que buscan un bar con identidad y tradición.

Hoy el establecimiento lo gestionan Toni, su hermano, su hijo y Nuria, la cocinera que ya forma parte de la familia. “Somos un bar familiar, casi todos de casa, y eso se nota en el trato”, señala. El ambiente que se respira es cercano y cordial: un lugar donde la clientela entra sabiendo que se encontrará con alguien conocido y donde el trato es tan importante como lo que hay en la barra. Esa sensación de confianza ha convertido al Faris en parte de la vida cotidiana del barrio.

La oferta gastronómica es sencilla pero reconocida. “Lo que más se vende son las tortillas de patata, sobre todo la de cebolla”, asegura Toni. También tienen fritadas de huerta, migas de cordero y bocadillos clásicos que acompañan cañas y vinos. El Faris arranca pronto con la clientela trabajadora de las mañanas y mantiene el ritmo el resto del día, con ese “ambientico” que invita a quedarse un rato más y que ha hecho famoso al bar entre varias generaciones de vecinos.

El calendario festivo también forma parte de su identidad. “En San Fermín hemos abierto toda la vida, salvo el año de la pandemia y tres más”, explica. Para muchas cuadrillas, el Faris es ya una parada obligatoria durante las fiestas, un lugar donde saben que siempre encontrarán un pincho rápido, un descanso en mitad del bullicio.

Desde justo antes de la pandemia, el bar cuenta con una mini terraza. “Son solo dos mesas, pero nos han dado mucho juego”, comenta Toni. No es fácil encontrar espacio para ello en una calle pensada para coches, y el Faris se ha convertido en el único del entorno con esa ventaja. Esa pequeña novedad ha aportado aire fresco al local y lo ha convertido en un pequeño oasis urbano.

Con casi sesenta años de recorrido, el Bar Faris demuestra que la hostelería de barrio sigue teniendo fuerza cuando se combina constancia, trato directo y cocina de barra sin artificios. “Aquí trabajamos muy a gusto, con buena gente, y eso se nota cada día”, resume Toni, convencido de que la receta del éxito está en la cercanía y el valor de lo sencillo, un pedacito de la memoria viva del barrio.

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