Herta Müller da cuerpo a su poesía política con palabras recortadas
La Premio Nobel de Literatura expone en el Polvorín de la Ciudadela 140 poemas-collage de su libro ‘El funcionario dijo. Un relato’


Publicado el 05/10/2024 a las 05:00
En su casa de Berlín, Herta Müller guarda más de cien mil palabras recortadas de revistas y catálogos de libros de editoriales. Ordenadas alfabéticamente en cajones de armarios como los que se usan en las imprentas para almacenar las distintas tipografía, le importan también su color y su tamaño. Porque pegándolas una a una en tarjetas de tamaño de una postal construye en poemas-collages su poesía política. De 71 años, la escritora rumana, Premio Nobel de Literatura en 2009, lleva tres décadas creando estas obras de arte que ahora muestra en la capital navarra: los Encuentros de Pamplona-Iruñeko Topaketak exhiben en el Polvorín de la Ciudadela 140 de los 160 poemas-collages de que consta su libro 'El funcionario dijo. Un relato'.
Herta Müller conoció este viernes el espacio de su exposición, si bien no habló con los medios de comunicación por una infección de las cuerdas vocales y la necesidad de reposo ante la sesión en la que participa este sábado en los Encuentros (19 horas, Baluarte). Lo hizo por ella Cecilia Dreymüller, traductora al castellano de su obra, novelas, relatos y ahora también poesía, “una combinación de trabajo artístico y palabra”. “Y no se pueden separar la palabra poética del contenido político: es lo que realmente caracteriza y distingue su obra”, señaló la traductora.
Por razones biográficas, Müller aborda en sus poemas el tema de las dictaduras. Nacida en Rumanía y miembro de la minoría germanohablante -su lengua materna es el alemán, y aprendió rumano a los 15 años-, vivió tres décadas en una dictadura comunista, y los servicios secretos la persiguieron desde su época de estudiante, “cuando empezó a trabajar con un grupo de literatos que no criticaban muy abiertamente la realidad en Rumanía, sino que hacían un juego irónico y burlón con las surrealistas realidades de la dictadura”.
Debió exiliarse. “Salió de su país muy afectada, con los nervios destrozados por lo que la habían presionado, perseguido, interrogado a veces a diario, terrible”, expuso Dreymüller. La dejaron salir del país con su madre. “Pero en Alemania continuaron amenazándola. Recibía llamadas con amenazas de muerte, incluso después del derrocamiento del dictador [1989]: había rumanos en Alemania que la amenazaban, acosaban e insultaban”.
Ya en Rumanía había comenzado a practicar los poemas-collages. Pero allí solo tenía recortes en blanco y negro, y al abandonar su país e instalarse en Alemania “descubrió que podía trabajar con el color”.
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LA DEMOCRACIA, EN RETROCESO
El núcleo del empeño literario de Müller, avanzó Dreymüller, es hacernos entender que la historia del siglo XX -la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, las dictaduras comunistas...- tiene resonancias hoy, y que el intento de los países del este de Europa de “pasar a una democracia es un proceso dificultoso y para nada concluido”. “Incluso, como ella dice, está en una fase de retroceso, como podemos ver en Polonia y, desde luego, en Rumanía”, apuntó la traductora. Porque, añadió, no se ha producido todavía el momento en que el Estado se enfrente con el pasado y asuma responsabilidades. “Sostiene que nos atañe a todos y que tenemos todavía que hablar mucho de lo que pasó y de lo que vivió la gente”.
La traductora se refirió a la obra de la exposición, 'El funcionario dijo', donde “es impresionante la riqueza de metáforas que usa”. “Utiliza imágenes muy potentes como ‘el destino calvo’, ‘ojos como guijarros mojados’, ‘un nido de alambre espino’ o ‘las verdes pestañas de las coníferas’. Es una persona con una potencia visual en sus imágenes tremenda”, señaló.


Aunque cada poema funciona por sí solo, el conjunto es un relato, como se indica en el título y subtítulo del libro, 'El funcionario dijo. Un relato'. Es la historia de una refugiada que llega a un país de acogida -“es reconocido como Alemania”- donde “el aparato administrativo la humilla y la machaca por haber escapado de una situación de persecución, de vigilancia por servicios secretos, y estar afectada psíquicamente”. “A esta narración de la refugiada añade Müller los interrogatorios en el campo de acogida para determinar si la acogen o no”.
HUMOR NEGRO
Y junto a este personaje, una docena más: la señora fuertemente maquillada y con acento ruso, el señor mellado al que le falta un diente, el pájaro del cuello plateado... “todo un entorno que crea un ambiente bastante angustioso y que refleja muy bien el estado anímico de estas personas recluidas en este campo y durante largo tiempo, con una convivencia intensa”.
No obstante, al mismo tiempo estos poemas-collages contienen “un elemento de humor muy importante” porque Müller busca quebrar el dramatismo de sus textos a través del humor, de la rima interna y de imágenes que añade a los 'collages'. Por eso no es posible definir su obra solo como mensaje político duro. “Porque lo hay, sí, pero también una distancia y una capacidad de asumir ciertas realidades desde un sentido del humor negro”. De hecho, sorprende que lo utilice en ese contexto de dictaduras y personas refugiadas. “Es lo que más me maravilla: se trata de una herramienta, una estrategia de supervivencia. ¿Cómo puede soportar una cosa así? Solo con un gran sentido de humor”.