Publicado el 06/10/2023 a las 23:06
Veintidós minutos se hizo esperar Quevedo para desesperación de todas las fans situadas en las treinta o cuarenta primeras filas de pista del pabellón, abarrotado con cerca de 12.000 espectadores, casi todos muy jóvenes. Se lanzó el show con una espectacular movilización de recursos de iluminación: hicieron girar locamente los focos móviles de luces dispuestos en dos filas perpendiculares. Sobre ellos tres estructuras de enormes triángulos equiláteros conformaban el fondo escénico para albergar en su interior más focos móviles y zonas led. Azules en combinaciones con amarillos y hasta luces vintage jugando con el ritmo de las bases sonoras. Bases porque músicos en escena había 0. Bailarines 0, otros mc’s/ voces 0, dj 0. El único, el propio Pedro Luis Domínguez Quevedo...
Te puede interesar

Salió con un vestuario discreto, estilo rapero pero sencillo y sin estridencias coloristas. Las gafas de nocturnidad Dj estuvieron sobre su cabeza desde el tercer tema. Comenzó con su habitual Intro - Speech al que siguieron Yankee y Sin señal. Y en su primera intervención larga solicitó al público que dejara de grabar con los móviles. “Hay demasiada luz, vamos a quedarnos un poco más a oscuras “.
Continuó con Piel de cordero, Respuesta cero y Dame. El grancanario buscaba constantemente la complicidad con sus intervenciones: “Vamos a hacerlo”, “Mi gente, muchas gracias de corazón”. A las 21.20 horas hubo un oscuro para que el gran triángulo equilátero del fondo de escenario encendiera sus tubos led en azules. Comenzó a sonar, un poco roto y distorsionado, un piano, sin pianista en escena, para servir una pequeña suite que anticipó su interpretación autotunera de Me falta algo. Mi nena remix fue un enorme ejemplo del disparo desde el sonido de voces (el mismo Quevedo doblándose con más y más voces pregrabadas). El público se desgañitaba en un multicoro para acompañar la maniobra sonora.
Wanda fue el detonante de la locura en pista y gradas. Los cañones de humo verticales seguían haciendo de las suyas. Aumentó el tempo rítmico con Mi nena y Lacone. El set autotunero continuó con Polaris. Sonaban voces femeninas sin mujeres cantando en el escenario.
“Muchas gracias, gente”, volvió a decir. “Ahora un tema que he sacado hace un par de semanas. A ver si ya se lo saben”. Se trataba de Buenas y sí, se lo sabían y también se lo cantaron.
Con el subidón emocional las apreturas hicieron de las suyas y al menos en cuatro o cinco zonas había personas para atender. Lo solicitó el mismo Quevedo desde el escenario y luego pidió permiso para continuar el show. Siguió reafirmándose en el ‘yo sólo ante el peligro’, sin exabruptos, sin coreografías, con su apuesta desnuda de autotune y voz...
En otra intervención se disculpó. “Hablo poco. Pero les quiero comentar que siempre tuve un sueño. Tener una casa frente a la playa, en mi tierra de Gran Canaria. Y lo he cumplido. ¿Saben de que playa hablo?” Y claro, era la Playa del inglés. Su voz autotuneada llegaba en buen plano sonoro pero el sonido de las bases estaba, si no ya en el límite, rebasándolo ampliamente en cuanto a rotura y distorsión. No pasaba nada. Dejó de sonar y el público se hizo coro con el cantando la canción.
A las 22.05 se despidió de manera ultrarrápida después de Cayó la noche. Volvió con un primer bis que fue Columbia, que subió aún mas la presión sonora y la distorsión...
Para el bis final su megaarchiconocido BZRP Music Sessions #52. El coro del “Quédate...” fue tremendo y total, y los saltos al ritmo también. “Bueno, gente, muchas gracias por estar ahí apoyándome” fue un nuevo final ultrarrápido sin concesiones a la galería. El concierto había terminado hora y cuarto después.
