Entrevista
Iván Benítez, fotoperiodista: "Es importante lograr la confianza de la gente para poder volver a los países donde ya has informado"
Con millones de víctimas por el hambre, hace 25 años viajó a Sudán para contar qué había visto. Le han seguido una veintena de países que recoge en ‘Nieva ceniza. Crónicas contra el olvido’


Actualizado el 27/04/2023 a las 13:40
Conoció a Mariam y a sus tres hijos, Ahmed, Abdul y Abderraman, en 2018, en Alepo, cuando todavía estaban en guerra los alrededores de esta ciudad, la más poblada de Siria. Vivían en un edificio completamente arruinado que regresó de inmediato a su mente con el terremoto de este febrero. “Y ahí nació mi obsesión por encontrarles”, recuerda ahora el fotoperiodista Iván Benítez Forniés, que trabaja en Diario de Navarra. “Pero lo que me activó la conciencia para ir a buscarles sí o sí fue la visita de un grupo de chavales de 18 y 19 años a la redacción”, cuenta. Preparaba un reportaje a propósito del terremoto y se preguntaba en el texto qué habría sido de ellos cuando los jóvenes quisieron saber por qué conocía los nombres de personas que viven en Siria. “Les empecé a contar la historia de Mariam y me di cuenta de que les interesaba muchísimo lo que pasaba más allá: me confirmó que tenía que ir y buscarles”. Regresó este febrero y dio con ella, “en el mismo edificio, con la misma ropa, con el mismo hijab” -“como si me hubiera estado esperando...”-. Reconoció a Benítez. “Me hiciste una fotografía hace cinco años. Ahora somos un poco más felices que en 2018: tenemos dos horas de luz al día y un poco de agua. Eso sí, hace más de un año que no comemos carne’, me contó. Al escucharle allí pude comprender y describir bien lo que me encontré”, reflexiona. En sus manos sostiene Nieva ceniza. Crónicas contra el olvido, su último libro, que empezó a escribir sin saberlo hace 25 años, cuando inició viajes por el mundo para contar a su regreso qué está ocurriendo, en Sudán, México, Colombia, Argelia, Malí, Camerún, Nicaragua, Honduras, Siria, Líbano o Ucrania. También Navarra. “Es un proyecto de largo recorrido que busca hacer llegar esa chispa que se llama empatía y que anime a otros reporteros a que no olviden”. Porque continuamente, en todo el mundo, nieva ceniza. “Son situaciones que producen mucho contraste: regalar globos en forma de corazón en San Valentín mientras te caen morteros encima, sonreír en mitad de un terremoto, colocar flores dentro del socavón de un gran bombazo, sufrir doce años de guerra y seguir en pie tirando de la esperanza”, añade Benítez, que desde hace dos años, desde que el periodista navarro David Beriain fue asesinado en Burkina Faso, tiene pegada en la mesa una foto en la que le retrató. “Para no olvidarme del periodismo que él hizo y que es el que yo quiero hacer”.
Antes de mayo de 1998, antes de su primer viaje, a Sudán, ¿quién era usted más allá de un joven fotoperiodista de 25 años?
Un chico que hasta entonces se había centrado principalmente en terrorismo y violencia callejera. Pero llegaron al servidor de Diario de Navarra unas fotografías de Sudán en las que vi por primera vez a mujeres, hombres y niños muriendo de hambre, y mi chip activó otra dimensión, internacional si quieres.
Ese chip se le activó para Sudán, pero a ese primer capítulo del libro siguen 400 páginas con historias en otros países...
Es una ficha que luego derriba otra, y luego otra, y luego otra... un dominó que no ha terminado. Algo en mí se activó y me empujó a comprobar sobre el terreno por qué muere la gente de hambre.
Entonces, ¿viajar por el mundo llegó sin premeditarlo, como algo sobrevenido?
Soy hijo de un periodista y ahijado de un reportero de guerra, y desde niño he querido estar en la primera línea de algo. No sabía si como reportero, como misionero o como bombero, pero quería estar muy cerca de donde pasan las cosas.
Desde el viaje a Sudán su consigna es “o te adaptas o regresas”. ¿A qué hay que adaptarse cuando el objetivo es conseguir información para poder contarla después?
Puedes haberte documentado e ir desde casa con un enfoque claro, pero aterrizar en el lugar y ver que necesitas permisos para moverte de ciudad en ciudad que no llegan, que no puedes ir donde habías pensado hacerlo, que tienes que soltar más dinero de lo previsto, que han caído cuatro morteros y debes dar cuatro pasos atrás... Lo importante es adaptarte a las circunstancias del viaje, y si no consigues la fotografía que pensaba que sí, no pasa nada. Lo importante no es conseguir grandes fotos o testimonios, sino lograr la confianza de la gente.
¿Qué significa regresar a los países de los que ya informó?
Precisamente, que la gente sigue confiando en ti. No hubiera servido de nada hacer una foto espectacular, pero no poder volver porque para lograr esa foto utilicé métodos turbios y la gente ya no me quiere ver. Me gusta el periodismo a fuego lento, sembrar mucho y esperar, que ya recogeré. Poder ir a Alepo a las dos semanas del terremoto es fruto de cinco años de confianza, de ese proceso de siembra, que hizo que fuese el único periodista español allí. Es mi forma de trabajar ahora, que ha evolucionado.
Le leo frases de testimonios que recoge en el libro: “Vivimos todos los días con miedo”, “disparábamos a ciegas”, “no teníamos más remedio que masacrarles”. ¿Somos capaces en nuestras casas de entender todo el significado de estas palabras?
Nieva ceniza es un proyecto de largo recorrido que busca hacer llegar, sobre todo a los más jóvenes, esa chispa que se llama empatía. Para ponernos en el pellejo de esa gente que sufre lo único que debemos hacer es ver que esas personas están relacionadas con nosotros, y la labor de un periodista local es conseguir historias de gente que vive a nuestro alrededor pero han tenido que huir de sus países por una situación de guerra, por ejemplo. Las historias locales forman parte de lo que hay más allá, y lo que hay más allá forma parte de esas historias locales. Ahora, con 50 años, he comprendido que nuestra misión es conectar la información local con la internacional de manera que nos proyectemos en ese espejo, que nos veamos identificados ahí. ¿Por qué no conseguimos sensibilizarnos? Quizá porque nos estamos centrando en la herida y no estamos profundizando demasiado en lo importante: las personas.
Cuando en 2016 Georges Sabé recogió el Premio Internacional Navarra a la Solidaridad como miembro de los Hermanos Maristas Azules de Alepo (Siria), dijo en el Parlamento: “Decid a los grandes gobernadores del mundo que nos dejen en paz. ¿Por qué nos venden armas?”.
Georges Sabé es uno de los motores más importantes de este libro. Me ha enseñado que hay que trabajar para todo el mundo por igual. Él lo hace para cristianos, para musulmanes, desde la primera línea y jugándose la vida. Es lo que quiero hacer con el periodismo. Cuando este febrero volví a estar con él, vi que el premio físico del Parlamento -una escultura de Oteiza y un diploma- está hoy en la estantería de una sala donde, tras el terremoto, acogieron a más de mil personas afectadas. Navarra estaba ahí. Entonces me dijo: “Mira, Iván, no es justo que haya dos mundos”. Y todavía es más injusto que nos instalemos en ese primer mundo y que no queramos salir de nuestra zona de confort, hasta que nos toca. Porque Siria nunca pensó que viviría una guerra, y menos como esta, y ahora encima un terremoto. Su vida era muy parecida a la nuestra y por eso millones de turistas iban a visitarla.
Hay una pregunta recurrente en usted hacia toda persona con la que habla: “¿Con qué sueñas?”. ¿Con qué sueña usted?
Sueño con volver a los sitios [sonríe], pero, como todo lo hago con mi dinero y mis vacaciones, necesito presupuesto.
Me hablaba al principio de aquella chispa que prendió en usted. ¿La necesidad se convirtió en obligación moral?
Es que los periodistas tenemos un compromiso social igual que lo tiene un médico, una enfermera... Y eso es lo que las empresas de los medios de comunicación no tienen claro, convirtiéndose en grandes gabinetes de comunicación. En mi opinión, el compromiso con la información se ha perdido, y lleva a reducir costes, con unas consecuencias muy importantes, como obviar lo que está pasando en nuestras calles, en nuestra región, en otros países. Nunca antes en la historia reciente de la humanidad había habido tantas personas huyendo por la violencia. ¿Por qué? Porque Naciones Unidas no está cumpliendo con su trabajo. Pero tampoco los medios de comunicación: como no hay reporteros que viajen a los lugares, no se cuenta lo que ocurre, y la impunidad es mayor. Además de Ucrania, ¿en qué otras guerras ha habido reporteros contando lo que sucede, al margen de freelance que de manera personal viajan? Las instituciones se deben poner las pilas y ayudar a los reporteros con bolsas de dinero para viajar de forma segura a los lugares y volver con proyectos con los que lograr empatizar. Porque el futuro está en las nuevas generaciones y, si no conseguimos llegar a ellas, vamos a tener un gran problema.
Tras 25 años de viajes, ¿quién es hoy usted?
Una persona muy sensible, mucho más que antes, que trabaja con un nudo en la garganta de continuo, principalmente desde que soy padre y veo a mis hijas en los rostros de todos los niños que he ido conociendo por el mundo y a ellos, en los rostros de mis hijas cuando vuelvo a casa. Y soy una persona mucho más curiosa y con muchas más ganas de estar en la primera línea.
DNI
Iván Benítez Forniés nació en Bilbao el 8 de agosto de 1972 (50 años), trabaja en Diario de Navarra, suma 30 años de experiencia como fotoperiodista local e internacional y ha viajado a una veintena de países buscando respuestas. Tiene dos hijas con su mujer, Marta de la Torre Fuentes: Helena, de 8 años, y Vera, de 2. En 2021 publicó El mundo del revés, los 101 primeros días del estado de alarma desde la mirada de su hija Helena, entonces de 5 años, “para no olvidar qué ocurrió”. El mismo objetivo de su segundo libro.