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La Pamplona Perdida (III)

La Casa del Vínculo

La casa, dedicada a elaborar pan a precios ajustados, estaba en el lugar que ocupa el edificio de Correos en el Paseo de Sarasate

Ampliar Derribo de una parte del Vínculo
Derribo de una parte del VínculoArchivo Municipal. Colección Arazuri
  • Juan José Martinena
Actualizado el 05/08/2022 a las 17:25
El solar que actualmente ocupa el edificio de Correos en el Paseo de Sarasate y los edificios de viviendas situados en su parte posterior, lo ocupó anteriormente la Casa del Vínculo, un caserón grande y desangelado perteneciente al Ayuntamiento, que contaba en su interior con grandes hornos en los que se elaboraba pan a un precio muy ajustado, con el fin de que este alimento básico no faltase nunca en la ciudad, sobre todo en los hogares más desfavorecidos, que en otros tiempos eran muchos.
Sobre la puerta principal se podía ver una lápida de mármol con la siguiente inscripción:
VÍNCULO DE PAMPLONA FUNDADO EN 1527 /SE RECONSTRUYÓ ESTE EDIFICIO EN 1862
El Vínculo era una institución privativa de Pamplona, que efectivamente se estableció en el año 1527 con un capital inicial de 10.000 libras de moneda navarra, con el fin de contrarrestar las maniobras especulativas de los panaderos y garantizar el abastecimiento del pan a la población a precio módico. Años más tarde, en 1665, el rey Felipe IV concedió a la ciudad el privilegio del monopolio en la venta del pan.
En 1764 el Ayuntamiento acordó construir en lo que después se llamaría paseo de Valencia, que entonces formaba parte de la Taconera, junto a la Casa de Misericordia, un edificio destinado a la fabricación del pan, que en algunos planos de la época aparece citado como la casa de los hornos de la ciudad. En el Archivo Municipal se conserva un plano con la planta y el alzado de aquella casa, cuya fachada, irregular y compuesta por cuatro módulos de diferente altura, no ofrecía particularidad alguna digna de reseñar. En ella se abrían dos puertas y tres alineaciones de ventanas. El plano de planta muestra la ubicación exacta de los ocho hornos, así como la distribución interior de las distintas dependencias, que incluían los almacenes de grano y la vivienda del director.
La descripción de la ciudad remitida por el Ayuntamiento a la Real Academia de la Historia en junio de 1801 lo describía en estos términos: “Contigua al Hospicio -se refiere a la primitiva Casa de Misericordia- se halla la oficina de los Hornos Públicos, edificio sencillo respecto a su fábrica, pero bastante recomendable por la disposición que encierra de máquinas de cerner, oficinas de amasar y hornos para fabricar el pan del abasto público con bastante comodidad. De el agua que conduce el nuevo acueducto -se refiere al de Noáin, por donde llegaba a Pamplona el caudal de la traída de aguas de Subiza- se ha repartido a esta oficina la cantidad que le es suficiente para su destino, por un caño que está manando dentro de ella”. En 1855, cuando faltaba ya poco para el derribo de aquella dotación, se instalaron amasadoras mecánicas Rolland.
En 1862 se reconstruyó el edificio, según proyecto del maestro de obras José María Villanueva, con un coste de 303.550 pesetas. Villanueva, que había obtenido su título en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, tuvo una actividad profesional muy dilatada en el tiempo, ya que trabajó durante más de cincuenta años y en ese largo período intervino en numerosas obras públicas y particulares. Según dice María Larumbe en su tesis sobre la arquitectura del XIX en Navarra, su buena formación se manifestó muy precozmente en sus proyectos, por la calidad de sus dibujos y por el propio diseño, lo cual le hizo destacar enseguida entre sus compañeros. Ya en 1839 trabajaba como ayudante del arquitecto José de Nagusía en la obra de los cimientos del antiguo Teatro Principal en la plaza del Castillo, del que nos ocupamos en otro artículo de esta serie. Doce años después, el 25 de febrero de 1851, fue nombrado maestro de obras del Ayuntamiento, cargo que supuso un hito importante en su carrera y que desempeñó con notable competencia durante 33 años, hasta su jubilación en 1884.
El proyecto de la nueva casa del Vínculo se le encargó en 1857 y Villanueva lo firmó el 31 de agosto de ese mismo año. El diseño respondía a un tipo de arquitectura sobria, pero según la citada María Larumbe, no exenta de una cierta grandeza. La ejecución se retrasó cinco años, hasta que la autorizó una Real Orden de Isabel II de fecha 14 de mayo de 1862. Al acometer la obra, se simplificó bastante el proyecto original, suprimiendo los arcos que se habían previsto en la planta baja y la entreplanta y uniformando los huecos de los pisos superiores.
La parte del edificio que daba al paseo y una tercera parte de la que daba a la calle y plaza del Vínculo fueron vendidas por el Ayuntamiento al Estado en abril de 1918 por 68.000 pesetas, con el fin de derribarlas para levantar en su solar la casa de Correos y Telégrafos. Según el doctor Arazuri, el derribo se le adjudicó en pública subasta al contratista Aniceto Goñi en la cantidad de 32.000 pesetas, comenzando los trabajos el 20 de mayo del mismo año. En la parte que quedó en pie, que daba a la plaza del Vínculo y llegaba hasta la actual calle Estella, continuaron funcionando los hornos unos años más, hasta la desaparición de la institución en marzo de 1933, tras más de cuatro siglos de existencia. Nada más acabar la guerra civil en 1939 se demolió también esta otra parte, en cuyo amplio solar se levantaron los edificios que actualmente llevan los números 3 y 5 de la plaza del Vínculo y los números 6 y 4 de la calle Estella.
La actual casa de Correos, que dentro de cuatro años cumplirá un siglo en activo, se inauguró en 1926. Dirigió la obra el arquitecto Joaquín Plá y los contratistas fueron los Srs. Erroz y San Martín.
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