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La Pamplona perdida

El derribo del antiguo portal de la Rochapea

En 1914 se acordó derribar esta puerta de la ciudad para facilitar el acceso de los vehículos que subían desde el barrio pamplonés

Ampliar Imagen del derribo del portal de la Rochapea, en 1914
Imagen del derribo del portal de la Rochapea, en 1914Archivo Municipal. Colección Arazuri
  • Juan José Martinena
Actualizado el 24/07/2022 a las 08:23
Cuando entre los años 1918 y 1921 se llevó a cabo el derribo de las murallas, que afectó al frente Sur del recinto fortificado, entre la Ciudadela y el baluarte de Labrit, quedaron en pie tres cuartas partes del mismo, que son las que ahora podemos admirar y que van desde el baluarte de Labrit hasta el Redín, del Redín al Mirador de la Taconera, y de aquí hasta la Ciudadela. 
Sin embargo, aunque el derribo afectó entonces de forma directa solamente a dos de los seis portales, los de San Nicolás y Tejería, únicamente se conservó en toda su integridad el de Francia, porque en los años 1906 y 1907 se habían reformado, desmontando su frontis, los de San Nicolás, Nuevo y la Taconera, y en 1914 se había demolido el de la Rochapea, objeto del presente artículo.
El portal de la Rochapea, al igual que el de Francia, del que era rigurosamente coetáneo y se puede decir que gemelo en cuanto a su traza y disposición, constaba de tres puertas: la más interior, que era la más antigua, estaba situada junto al corralillo del que parte el encierro los días de San Fermín. 
Su traza era muy austera, idéntica a la puerta interior del citado Portal de Francia: una sencilla entrada en arco escarzano, abierta en el muro de sillería. Además del recio portón de madera, contaba con un rastrillo de hierro, que se bajaba por unas guías que había en las dos jambas. 
Escudo de Carlos V, hoy en el Portal Nuevo
Escudo de Carlos V, hoy en el Portal NuevoArchivo Municipal. Colección Arazuri
Encima del arco, enmarcada por dos columnas de orden toscano con el lema PLVS VLTRA, una artística labra heráldica con el escudo imperial de Carlos V, sostenido por el águila bicéfala, timbrado con la corona-mitra del Sacro Imperio y ennoblecido por el collar del Toisón de Oro y los emblemas propios de todos los reinos que a la sazón pertenecían a la Corona de España. 
Al pie del escudo, una escueta inscripción daba la fecha de su construcción, así como el nombre del virrey que entonces gobernaba Navarra, don Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque.
AÑO 1553. DVCE BELTRANO ALBVRQVERQVE PROREGE
Formando ángulo recto con esta puerta, había otra exterior, con puente levadizo, que hacía las veces de antemural. Parecía obra posterior, seguramente del siglo XVIII, y carecía de cualquier elemento ornamental. 
Se reducía a un arco escarzano, encima del cual había dos aberturas verticales en las que encajaban las palancas del primitivo puente levadizo, que en 1885 sería sustituido por otro más moderno, sistema Derché, como el que aún se puede ver hoy en día en la puerta exterior del Portal de Francia.
En la bajada hacia el puente de la Rochapea, por la parte opuesta a la muralla, es decir la que mira hacia el río, había un largo muro aspillerado, para efectuar desde él disparos de mosquetería, que según la memoria de don Dionisio de Guzmán, se mandó construir el año 1644, aunque luego sería reparado en varias ocasiones. 
En 1724, el Regimiento de la Ciudad -el Ayuntamiento- llevó a pleito al maestro cantero Francisco de Elustondo, por haber incumplido las obligaciones que contrajo para la construcción de una pared de piedra que iba desde el Portal de la Rochapea hasta el puente del mismo nombre. 
Parece que en esta ocasión se trataba del muro inferior del lado del Museo, entonces Hospital General, probablemente el mismo que contiene todavía hoy el terreno que sirve de talud a la muralla en el tramo que llega desde aquí hasta cerca del Portal Nuevo. Aproximadamente a mitad de la bajada, se abría una tercera puerta, la más exterior, que constituía el primer obstáculo con que se encontraba el posible atacante.
El 16 de julio del año 1914, el Ayuntamiento acordó derribar las tres puertas que formaban el portal, para facilitar el acceso de los carros y demás vehículos que llegaban a la ciudad por la cuesta que sube del puente de la Rochapea. 
En octubre del mismo año dieron comienzo las obras, que quedarían terminadas el 4 de marzo de 1915. Con ello se perdió una parte de la historia de la ciudad y quedó cortado el circuito de los antiguos caminos o pasos de ronda de las murallas, que todavía hoy se conserva desde el baluarte de Labrit hasta la Taconera y desde ahí a las inmediaciones de la Ciudadela.
Es de agradecer que al menos alguien se preocupó de salvar el único elemento recuperable con que contaba el portal que se derribó. El escudo imperial que ennoblecía la más antigua de sus tres puertas se desmontó y se colocó entonces en el saliente de piedra que aún existe contiguo al corralillo de los toros, mirando hacia la cuesta de Santo Domingo. Al lado de la modesta construcción que antiguamente sirvió de cuerpo de guardia. 
Bastantes años después, en 1958, el Ayuntamiento acordó recolocarlo en una de las dos torres del Portal Nuevo, que Víctor Eúsa había reconstruido siete años antes en la forma que hoy lo vemos. 
La iniciativa, positiva en cuanto que supuso la conservación del escudo, se olvidó de poner una pequeña inscripción indicando su lugar de procedencia y el año en que se cambió de lugar, detalle que explicaría a futuras generaciones el motivo de la presencia de un escudo del XVI en una obra de mediados del XX. 
La heráldica de un edificio público debe ser un fiel reflejo de la época de su construcción. Lo contrario es contribuir a falsear la Historia.
Derribar el Portal de Rochapea costó 30.000 pesetas en 1915. ¿Cuánto costaría hoy reconstruirlo? En 1929 se reconstruyó el frontis del Portal de San Nicolás y se colocó como entrada a los jardines de la Taconera desde el Bosquecillo. Más recientemente, en 2002 se recuperó el frontis del portal de la Taconera, colocándolo a pocos metros de su antigua ubicación junto al parque de Antoniutti. Y los dos han quedado magníficos. ¿Por qué no hacer lo mismo con el de la Rochapea?
Sobre todo ahora que se acaba de restaurar el vecino baluarte de Parma con su batería contigua, en una intervención concienzuda e impecable, dirigida por los arquitectos Marta y Miguel Monreal, que no podemos menos que elogiar y aplaudir. Precisamente en esa batería baja del baluarte se han exhumado los restos del portal exterior y el pequeño foso que en otro tiempo salvaba su puente levadizo.
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