Diseño
Moisés Pérez de Albéniz vierte los objetos de su maleta en la capital mundial del diseño
El galerista pamplonés inaugura en Valencia una exposición con su colección de objetos, a los que pide dos requisitos: que cuenten una historia y quepan en una maleta


Publicado el 11/02/2022 a las 06:00
“¿Por qué soy así?”, pregunta una tetera con dos agujeritos en la tapa que la imaginación humana convierte inmediatamente en una tierna mirada. La pregunta es el título de la exposición que se inaugura este viernes en el Centre del Carme de Cultura Contemporània (CCCC) de Valencia, uno de los proyectos de la capitalidad mundial del diseño que ostenta la ciudad este 2022. Es la primera vez que este acontecimiento bienal promovido por la World Design Organization, en el que se incluyen festivales, exposiciones, talleres y conferencias, recae en una ciudad española. Y ha sido la organización la que ha pedido a Moisés Pérez de Albéniz, el coleccionista y galerista pamplonés, que mostrara una parte de la Colección Pérez de Albéniz-Bergasa, compuesta por más de un millar de objetos -en Valencia se mostrará alrededor de un 10%- que, como la tetera, tienen una razón de ser como son. “Todo lo que alcanza nuestra vista, absolutamente todo, ha sido diseñado”, recalca Pérez de Albéniz. “Y todo está presente en nuestras vidas”, añade. La muestra, organizada por el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana y la World Design Capital, ha sido comisariada por Juli Capella.
La faceta de coleccionista y de galerista se confunden en la biografía de Pérez de Albéniz (Pamplona, 1955). Cuando estaba en la Escuela de Artes Aplicadas en Pamplona, donde estudió Decoración, compartía clases con futuros artistas a los que empezó a comprar obras en cuanto tuvo sus primeros ingresos. Ahí empezó una trayectoria que le ha llevado a fundar la galería con su nombre, primero en Pamplona y desde hace una década en Madrid, pero también su coleccionismo de objetos, porque empezó a viajar por todo el mundo y en las horas muertas se metía en tiendas vintage, mercadillos y subastas a mirar estos objetos. Además, lo admite, esos ratos en ciudades de todo el mundo le permiten hacer ciertas “locuras”. La última, hace apenas dos semanas, cuando compró en Alemania el panel de la ventanilla de un Boeing 707. “Resulta gracioso contarlo pero el panel es fantástico”, ríe.


Ocurre, además, que a veces se hace con un objeto que le abre luego un campo nuevo, como el aeronáutico en este caso. De hecho ha adquirido un cinturón de avión diseñado por Adrée Putman que pertenece al desaparecido Concorde, y está detrás de un carrito de los que pasan las azafatas con la comida y la bebida en los aviones, diseñado por Marcel Wanders.
La colección que ha ido formando con su mujer, Mari Cruz Bergasa, se mostró por primera vez en público en el Madrid Design Festival, en enero de 2020. Incluye desde clips a embudos, bombillas, teléfonos, abrefácil, chancletas, cafeteras o cajas de cerillas. Sólo hay una norma: que los objetos quepan en una maleta. “Una silla la puedo comprar en Pamplona pero no en París, o en Los Ángeles o en Miami, a ver cómo me sale traerla en el avión”, traslada Pérez de Albéniz. “Todo tiene que caber en una maleta, es una máxima absoluta que mantengo”, asegura.
En algunos casos es el propio objeto el que presenta las características merecedoras para integrarlo en la colección, bien porque sean grandes diseños, por su estética, funcionalidad, perdurabilidad o porque sean obra de referentes como Dieter Rams, Alessandro Mendini, Ettore Sottsass, André Ricard o Philippe Starck, de quien tiene bastantes objetos, incluidos varios de los famosos exprimidores.
Otras veces se trata de objetos que están mal diseñados o no cumplen con las expectativas funcionales o estéticas, pero aún así Pérez de Albéniz también les ve un valor. “Hay objetos que todos hemos tenido en las manos, como la tetera de acero inoxidable que nos hemos echado en un bar y se nos ha ido el agua por todas partes”, señala.


El coleccionista navarro se propone por un lado recuperar estos objetos para darles una segunda vida, no estrictamente con su función original, de hecho hay radios que no funcionan, pero que trasladen a los espectadores a un contexto concreto. Además, pretende que el público se vea identificado. “Yo tengo recuerdos de mi ni niñez, sentado en una mesa con mi madre preparando el desayuno en unas sillas y una mesa de fornica, con unos cantos de plástico, unas patas cromadas... seguramente que esos recuerdos los tiene la gente”, apunta. “Es como transmitir historias, para mí ése es el valor de mi colección, transmitir historias a través de esos objetos”, establece.
Todas tienen su historia. Como un juego de manillas Bauhaus de los años 30 de Walter Gropius, un diseño escueto, auténtico, que le interesa especialmente. Y que, como el resto, están hablando de su historia, de cómo esos objetos que ahora se han convertido en caros iconos del siglo XX, cuando se hicieron, en los años 40, estaban dirigidos a la clase obrera, con materiales baratos y que acababan en viviendas humildes, mientras las élites de la época adquirían objetos de corte mucho más neoclásico.
Esas respuestas a la pregunta de “¿Por qué soy así?” y acercarlas a la gente es lo que le empuja a seguir con esta colección. “Todo esto no obedece a ningún tipo de razones económicas, al contrario, me cuesta dinero, pero por lo menos me lo gasto en esto que es una manera de divertirme, de viajar con algún pretexto, viajar también hacia un contexto que es el diseño”, explica Pérez de Albéniz.


Podrían estar en un museo de diseño, o de arte, pero también en uno de antropología. “Cuando visitamos museos de antropología vemos cuencos, platos, cantidad de cosas de siglos pasados que nos hacen involucrarnos en cómo se vivía en aquellos momentos”, señala el galerista, que disfruta haciéndose con ellas.
“La colección también comporta una serie de valores sociales y medioambientales muy claros, mostrarla es un objetivo prioritario pero la falta de tiempo a veces me impide buscar sitios donde mostrarla”, concluye Pérez de Albéniz, ahora mismo ocupado en la preparación de ARCO.