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'Poetry Slam'

Los poetas afilan sus textos para batallar en la Biblioteca de Navarra

El ‘combate’ de esta tarde cuenta con la presencia de Salva Soler, campeón estatal y medalla de bronce en la Copa del Mundo de 'Poetry Slam'

Ampliar Salva Soler (Barcelona, 1976) en la cafetería/ librería Al Norte del sur, en la plaza consistorial de Pamplona.
Salva Soler (Barcelona, 1976) en la cafetería/ librería Al Norte del sur, en la plaza consistorial de Pamplona.Eduardo Buxens
Publicado el 28/01/2022 a las 06:00
Los poetas también combaten entre ellos. No es que se peguen, ni siquiera es una pelea dialéctica como hacen los bertsolaris o las peleas de gallos, en las que unos raperos tratan de batir a otros a base de mofas. Pero lo cierto es que los poetas también hacen sus combates, que llaman Poetry Slams. La idea nació en Estados Unidos en los años 80, en los circuitos literarios que se habían quedado algo descolgados del ámbito más académico y un poco más elitista de la poesía. Se pensó en hacer pequeños torneos en los que los participantes recitan sus textos y el público vota por su favorito. “Era el espíritu de recuperar a los juglares antiguos, que es donde nacía toda la literatura oral, y de conectar con un nueva forma de poesía que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo”, explica Salva Soler, campeón de España y medalla de bronce mundial en 2015.
Funcionó, y la poesía empezó a reunir a gente distinta que iba a escucharla, nuevos públicos con nuevas edades que acudían a slams por todos los lados, con campeonatos de España, de Europa y del mundo. “De repente en Barcelona estamos en el Centro de Cultura Contemporánea y nos reunimos 600 personas”, explica el poeta, que defiende este formato por su intensidad y recibir directamente el feedback de la audiencia.
Este viernes lo harán en Pamplona, en la Biblioteca General, después de haber dado unos talleres en el Instituto Alaitz de Barañáin. Después de viajar por todo el mundo es lo que más le gusta. “Es algo que en la educación no nos suelen dar, cómo gestionamos a ser adolescente, entender qué nos pasa a esas edades que estamos muy perdidos... nos van metiendo un montón de información pero no sabemos gestionar lo más básico”, explica. Soler cree que la escritura puede ser un buen modo de empezar a ordenar las ideas y las emociones, además de a aprender a comunicarse con los demás. “Mira que yo soy poeta pero en el colegio la aborrecía, por ese lenguaje lejano, Quevedo, Góngora... no conectaba con tu realidad del momento”, añade. Por eso a sus alumnos les pide lo primero que se expresen ellos, que aprendan qué quieren decir al mundo, y luego jugar con el lenguaje.
Y, asombrosamente, está comprobando que la juventud está reconectando con la poesía. “En Barna el 70% que sube al escenario son jóvenes incluso muchos menores de 17 años y antes todo eran todos carrozas como yo de cuarenta y pico, cincuenta”, señala. La guerra contra las pantallas la tiene perdida, lo asume, pero no renuncia a ganar alguna batalla. Además de la parte artística y pedagógica también hay algo terapéutico, de entenderse mejor a sí mismos y ampliar su mundo. “Te aseguro que cada vez que se consigue eso es... [pone cara de gran satisfacción] ... tienes un poco más de esperanza con el mundo”, despacha.
Él escribe desde que tenía siete años. “Como no tenía amigos y con mi familia no me podía relacionar bien era mi forma de sacar lo que tenía dentro”, dice. Fue guardando esos textos y ya adolescente comprobó que estaban llenos de verdad. Con 15 ó 16 años empezó a trabajar de camarero y poco a poco fue inyectando música a aquellos poemas con una guitarra. Se hizo camarero-cantautor hasta que optó por ser poeta profesional. “Si pretendes vivir de la poesía y pagar un piso de 1.200 al mes no lo vas a conseguir, claro”, señala, pero advierte que él se ahorra el paso de ganar dinero para invertirlo en lo que luego le da felicidad. En su caso le encanta formar, y ejerce de profesor de la Escuela de Arte Dramático de Barcelona.
En 2013 le cambió la vida al entrar en el circuito de los slams. En cada lugar va conociendo mucha gente. Ha actuado desde en la Universidad de Pennsylvania hasta el Parlamento Europeo o las favelas de Río de Janeiro, invitado por distintos festivales. En Estados Unidos y en Brasil ha observado un cariz muy social. “Hay muchas comunidades, afroamericanos, latinos, asiáticos, que tienen una necesidad de empoderamiento social que en muchos casos lo consiguen a través de la palabra”, explica. “Cuando estás en el escenario notas que rápidamente están metidos, si dices algo social o combativo enseguida te dicen ‘oh, yea’, y te aplauden”.
En2018 participó en el festival Rásmia de Zaragoza. Les dijeron que tenían que subir al metro y recitar. A él le da mucha vergüenza, pero pidió perdón a los pasajeros y recitó un poema compuesto con títulos de películas. Por la noche lo puso en facebook, sin mayor pretensión, y el vídeo se hizo viral con alrededor de tres millones de visualizaciones.
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