Exposición
Ilan Wolff muestra el mundo a través de la cámara oscura
El fotógrafo israelí expone en el Pabellón de Mixtos. La exposición ‘Pliegues y huellas’ muestra el recorrido vital del artista y su evolución artística a lo largo de 40 años


Actualizado el 29/03/2021 a las 06:00
Una caja estanca a la luz, un pequeño orificio por donde entra la luz y un material fotosensible donde se proyecta y forma la imagen son los elementos necesarios para crear fotografías con cámara oscura, una técnica ya conocida por Aristóteles, Euclides o Leonardo Da Vinci y que se mantiene actual gracias a Ilan Wolff, que lleva cuarenta años experimentando con técnicas fotográficas “sin cámara”. El fotógrafo de origen israelí presenta su obra en Pliegues y huellas, una exposición en el Pabellón de Mixtos de la Ciudadela que recoge más de cien fotografías realizadas con la técnica de la cámara estenopeica y el fotograma.
Dichas fotografías, tanto en blanco y negro como en color, fueron tomadas entre 1984 y 2008 y descubren espacios reconocibles como Jerusalén, el desierto de Negev, París, Hamburgo, San Sebastián, Nueva York o la ciudad de Oviedo. También incluye fotografías de atardeceres, de plantas, así como otras obras en las que el fuego, el aire o el agua son protagonistas. Los monumentos, arquitecturas, paisajes y algún acercamiento antropológico son temas recurrentes en su obra artística que se convierte, según Xosé Garrido, comisario de la exposición, en todo un catálogo de hitos patrimoniales y culturales.
ESPÍRITU VIAJERO
Planteada como una exposición antológica, la muestra se convierte en un recorrido vital de Ilan Wolff, un auténtico ciudadano del mundo que nace en 1955 en Nahariya (Israel), estudia fotografía en su país y se traslada a Europa en 1981, donde trabaja como asistente de fotografía en Milán y como fotógrafo de moda en París. A partir de entonces, Wolff vivirá en Amsterdam, Nueva York o Seyssel (Francia) y, desde el año 2000, su actividad artística se desarrolla entre Francia, Alemania y España, donde vive en la actualidad. “Es un fotógrafo viajero, que también va guardando todo lo que se encuentra en el camino. Ciudad que pisa, ciudada que va fotografiando”, explica Xosé Garrido.
Todas estas experiencias le han permitido que su obra recorra distintos momentos de su vida y muestre su evolución desde las fotografías que realizó con su primera cámara en Jerusalén, Palestina o Gaza hasta las imágenes más actuales. “Esta exposición no es una sucesión de imágenes y ya está, sino que muestra al artista desde sus orígenes, sus primeras fotografías, sus pequeños recuerdos. También muestra a un fotógrafo que parte de lo tradicional pero que también sabe innovar y llegar a una abstracción. Es una obra reconocible, identificable e icónica”, añade el comisario, que conoció a Wolff hace doce años en Almería y se ha encargado de seleccionar el centenar de imágenes de la exposición entre las más de 10.000 fotografías que atesora el fotógrafo.
CREAR SUS PROPIAS CÁMARAS
Si la fotografía despertó su atención, lo mismo ocurrió con la investigación sobre técnicas antiguas de fotografía. Y fue así, rebuscando en la historia, cuando descubrió y comprobó que lo suyo era trabajar con una cámara estenoepica, que consiste en una caja estanca de luz (lo que se denomina cámara oscura) con un pequeño orificio por donde entra la luz (el estenopo) y un material fotosensible situado en un plano opuesto al del orificio donde se proyecta y forma la imagen.
Se trata, además, de cámaras hechas por él mismo con materiales de reciclaje, como cajas, cilindros, latas viejas, etc, que modifica y adapta a sus necesidades e intereses. Carentes de lentes y agujereadas con un alfiler (a veces hace más de un agujero), introduce el papel fotográfico o papel emulsionado por él mismo, que en ocasiones dobla y adapta de diferentes formas, para lograr imágenes distorsionadas y deformadas. “Hacer un agujero, pintar negro dentro de una caja, poner un papel y sacar una imagen, para mí es mágico”.
Conseguir estas imágenes es para Illan Wolff una gran experiencia y recuerda las primeras fotografías convirtiendo su casa de París en una cámara oscura. “Todas las ventanas estaban cerradas, las persianas bajadas y las paredes de la casa blancas. Las ventanas solo tenían un agujero. Cuando la luz viene de los edificios, coches o árboles y se reflejaba sobre mi habitación, descubrí muchas sensaciones. Durante 10 meses viví así para sacar fotografías y me sentí que estaba dentro de la magia de la fotografía. Al estar dentro de la cámara, había una influencia de la realidad”, señala el artista que también usa habitualmente su furgoneta para crear imágenes de gran formato.
VISIONES Y TÉCNICAS
Las fotografías de Ilan Wolff no invitan tanto a la localización geográfica del lugar retratado, sino a una mirada más poética, próxima a la memoria, las sensaciones y los sentimientos. Con la realidad como punto de partida de sus obras, Ilan Wolff también se interesa por mostrar los edificios, monumentos o paisajes de una manera más irreal. El resultado gráfico, en ocasiones, se aleja de forma deliberada de las características del objeto fotografiado, pues al artista le interesa mostrar el movimiento, así como imágenes distorsionadas o deformadas. “Pretendo mostar la realidad con diferente ojo”, indica.
Ilan Wolff considera que la exposición del Pabellón de Mixtos habla sobre el tiempo, al igual que su fotografía. Por ello, para él son tan importantes las primeras fotografías que realizó y que trasladarán al público a su tierra natal, a Gaza o al desierto del Néguev, como aquellas otras imágenes que conforman distintas series sobre ciudades en Holanda, Alemania, Irlanda, Francia, Estados Unidos o España. “Todo habla del tiempo, de mis 40 años de trabajo en la fotografía, desde las imágenes más clásicas hasta lo más abstracto”.
Aunque utiliza la cámara estenopeica durante toda su trayectoria artística, también alterna con otras técnicas o procesos más complejos que le han permitido adentrarse en el ámbito de una imagen cada vez más abstracta y gestual. Por ejemplo, Illan Wolff encontró en los fotogramas otra vía de experimentación que, combinados con la cámara estenopeica, le permite conseguir fotografías interponiendo objetos o el cuerpo humano en la cámara, antes de exponer el papel a la luz.
Otra de las técnicas más llamativas que emplea es la lunagrama, que consiste en trabajar por la noche y al aire libre, teniendo la luz de la luna llena como única fuente de energía a la que se expone el papel emulsionado. Y en sus últimos trabajos se adentra en el calorigrama, donde el calor es la única fuente de energía que utiliza para plasmar la imagen en papel, y los naturogramas, fotogramas que se revelan utilizando las manos y diferentes objetos como fregonas, cepillos o esponjas. El contacto directo con la emulsión durante el revelado, la utilización de diversos químicos y la intervención del gesto, se traducen en aparición de nuevas formas, colores y movimiento en las imágenes. “Esta es la técnica más experimental y conceptual en la que llevo trabajando los últimos años”.
Sus investigaciones sobre técnicas antiguas, los procedimientos que utiliza y su obra en conjunto constituyen una reflexión sobre las relaciones de la fotografía con la historia, la tecnología, el individuo y el espacio social que interviene.
‘Pliegues y huellas’. Ilan Wolff. Pabellón de Mixtos de la Ciudadela. Hasta el 9 de mayo. Horario: martes a sábados, 11.30 a 13.30 horas y 18.30 a 20.30 horas. Domingos y festivos, 11.30 a 13.30 horas