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Arte

Muere a los 87 años la pintora baztanesa Ana Mari Marín

Su obra abarcó paisajes de muchos lugares, pero su principal inspiración fue su valle natal

Ana Mari Marín, delante de uno de sus cuadros.
Ana Mari Marín, delante de uno de sus cuadros.
  • Diario de Navarra
Actualizada 25/08/2020 a las 10:58
Baztan perdió ayer algo de su color. La pintora elizondarra Ana Mari Marín, cuya obra se prolongó a lo largo de 70 años, murió este lunes en el Hospital de Navarra. Marín, que cumplió 87 años el pasado día 13, dedicó una pintura colorista a temas relacionados con su entorno. Ana Mari Marín estuvo también en el centro de proyectos como el Baztandarren Biltzarra, el Museo Etnográfico o la Coral de Elizondo. Fue concejal de Baztan entre 1966 y 1974 y alcalde jurado de Elizondo durante tres bienios.

Hija de Blas Marín, alcalde de Baztan durante la República, y la donostiarra Julia Gutiérrez, nació en la casa Paularena el 13 de agosto de 1933. El estallido de la Guerra Civil hizo que con solo tres años tuviera que iniciar un exilio en el sur de Francia que terminó en dos fases. Primero, en 1942, la familia volvió a San Sebastián y después Irún. Ya en 1948 los Marín pudieron reunirse en su Elizondo natal.

Y fue en ese año cuando Ana Mari Marín, que ya había recibido clases de dibujo en San Sebastián, se encontró con Ismael Fidalgo, pintor vizcaíno que cumplía su servicio militar en Baztan. Fue su primer maestro y con él, la propia Marín y José Mari Apezetxea, formaron el núcleo duro de la pintura baztanesa.

El salto a Madrid

En 1953 da el salto a Madrid, donde entra en contacto con los pintores que se relacionaban en torno al Círculo de Bellas Artes. Nombres como Agustín Redondela, José Caballero, y, sobre todo, Menchu Gal, que se convertirá en una de las grandes influencias estilísticas de su obra, estuvieron presentes en estos años de formación. Con solo 21 años, participa en su primera exposición, la de los premios de la revista Arte y Hogar. “Dedicarse a esto entonces era una locura”, aseguraba años después.
Esa fue la primera de una larga carrera expositiva. Su primera individual fue en la sala de García Castañón de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona, en 1956 y a partir de ahí mostró su obra en San Sebastián, Bilbao, Pamplona, Vitoria, Madrid, Biarritz, Bayona, México, Londres, Burdeos, Irún, Santander...
En 2013, 8.000 personas pasaron por la exposición que dedicó a su pintura en la Ciudadela de Pamplona, y al año siguiente estuvo entre los candidatos al premio Príncipe de Viana de la Cultura. La exposición con la que abría todos los años desde 1970, primero en Casa Balda, después en Vergarenea, se convertía en uno de los hitos en el verano cultural de Baztan.

Su trabajo como pintora se vio interrumpido en 1960 por la muerte de su padre. En esos años se hizo cargo de la gestoría familiar y abrió la primera oficina de Iberia en Pamplona, en el hotel Tres Reyes.

Pionera

Pero no fue lo único en lo que fue pionera. Fue la primera mujer en vestir pantalones en Baztan y la primera mujer concejal en el valle desde 1966, un puesto que ocupó hasta 1974. “Veía que en Elizondo estaban haciendo siete y ocho alturas. Yo no podía aguantar eso, iban a destruir el valle”, comentaba para explicar su participación en esas elecciones del franquismo.

Después, en 1975, fue por primera vez alcaldesa jurada de Elizondo. En 1977, para las primeras elecciones democráticas, participó en la creación del Frente Navarro Independiente, una formación en la que estaban Tomás Caballero, Miguel Javier Urmeneta o Víctor Manuel Arbeloa.

Su obra está caracterizada por un uso atrevido y abigarrado del color. “Yo soy muy de arabescos”, aseguraba. “Hay que darle movimiento a todo; si a la gente no le hace palpitar lo que has pintado, yo pienso que no vale”, decía la pintora.

“No se puede pintar sin color. Me gusta mucho. Jorge Oteiza me vigilaba mucho, estaba siempre encima de mi trabajo para que no dejara de hacer cosas. Fuimos muy amigos, tuvimos una amistad muy espiritual”, decía.

Aunque buena parte de su mirada se fijó en Baztan como tema para sus cuadros, pintó paisajes de Andalucía, Cantabria, La Mancha, La Rioja, el País Vasco, Francia, el Reino Unido, Holanda o Rusia.

No perder el tiempo

Ir cumpliendo años no le apartaba de su trabajo como pintora. Es más, sentía que debía seguir haciéndolo. “Perder el tiempo no me convence nada”, decía a los 81 años, cuando confesaba que a esa edad “coges otras fuerzas, te pones a pensar, a hacer, queda poco tiempo en tu vida, y quieres correr”. Y su actividad lo demostraba: “Voy al estudio a las siete o las ocho de la mañana y estoy igual diez o doce horas”.

La huella que deja en Baztan no es solo artística, sino también social. Ana Mari Marín participó en la formación de la Agrupación Coral de Elizondo, con Juan Eraso, o en la creación del Baztandarren Biltzarra, o la del Museo Etnográfico, que lleva el nombre de Jorge Oteiza.

A Ana Mari le sobreviven dos hermanas, Maite y María José, y tenía otros dos hermanos ya fallecidos, Gregorio y Elisa.
 
 
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