Melendi le quita las gafas al Anaitasuna
El pabellón pamplonés se llena de fans para cantar y bailar con el músico asturiano


Actualizado el 03/09/2017 a las 11:04
A falta de una hora para la puesta de sol, las puertas del Anaitasuna se abrieron por fin. Los miles de fans de Melendi que esperaban a lo largo de toda la calle Orkoien hasta la plaza Monasterios de Navarra, pudieron entrar al pabellón pamplonés para disfrutar del concierto del cantante asturiano tras dos meses de espera después de la cancelación del que iba a celebrarse en Burlada el 24 de junio.
Los acordes lejanos de una guitarra y los continuos golpes de batería que se oían desde el interior, no dejaban lugar a dudas de que Melendi iba a actuar de una vez por todas en la capital foral. Así, este ayuno musical no hizo más que aumentar las ganas de disfrutar de sus seguidores navarros y reunió en la noche de ayer a gentes de todas las edades y condiciones.
Desde cuadrillas de veinteañeros a familias enteras y parejas de jubilados, nadie quiso dejar escapar la oportunidad de asistir a uno de los encuentros de la última gira del cantautor, en la que presenta su octavo disco Quítate las gafas. Bocadillos, bolsas de frutos secos y hamacas en medio de las aceras fueron los protagonistas de las horas e incluso de los días previos a esta cita tan especial. Conforme pasaban los minutos, los nervios cerraban los estómagos y los grupos comenzaban a levantarse para no perder su posición.
Los primeros de la fila tampoco podían despistarse. El donostiarra Christian Hernández, de 18 años, y Diego Anega, madrileño de 22, fueron dos de los valientes que se encontraban tras las primeras vallas. Ambos pasaron dos noches a la intemperie para no quedarse sin sitio. “Llegamos aquí el jueves y hemos dormido en tiendas de campaña”, aseguraban.
Acompañados por otra veintena de personas de Bilbao, Barcelona o Vitoria y que oscilaban entre los 14 y los 56 años, esperaban ansiosos a las 10 de la noche. “Hemos llegado a estar acampados 10 días”, afirmaban. “Lo bueno que tiene Pamplona es que no hay que venir con tanta antelación”.
Sin embargo, otros incluso agradecieron llegar tarde. A escasos 40 minutos de la apertura, los gritos se apoderaron de los más rezagados. Para su sorpresa, Melendi entró por la puerta principal del pabellón rodeado de los que de un salto corrieron a su encuentro.
Y ya a media hora del comienzo, una segunda marea de asistentes volvió a ocupar las filas de entrada al pabellón. Cuatro furgones de seguridad cerraban las dos entradas de la calle para evitar el paso, y la grada contaba ya con aforo completo. Las farolas iluminaban a los últimos en llegar y el silencio se truncaba con las risas de emoción.
UNA GRAN EXPECTACIÓN
Eran las diez y diez de la noche. Las gradas del Anaitasuna habían empezado a vitorear expectantes el nombre de Melendi cuando la oscuridad se hizo en el pabellón. Tan solo las luces de los móviles distinguían un pabellón a rebosar. Las largas horas de espera no impidieron que el cansancio se apoderara de los fans y pocos lograron mantenerse sentados durante los primeros minutos del concierto.
Las luces se volvieron a adueñar del escenario y todas las miradas se centraron en el artista asturiano. Tras cantar Los hijos del mal, uno de los temas de su último disco, con el que entró al escenario, Melendi se dirigió a su público: “Me gustaría pediros un favor”, comenzó. “Quiero que miréis profundamente a los ojos de las personas con las que habéis venido”, concluyó. “Así disfrutaréis más de los ángeles de vuestra vida”, frase que da nombre al titulo de la canción que entonó a continuación, también de su octavo trabajo.
Para introducir su tercer tema recordó que, hace 20 años, su amigo Alejandro Córdoba, entró a La Manega, un bar típico de su juventud, pasó por detrás de la barra y puso una canción que el cantante no dudó en cantar a capela. Los aplausos dieron una tregua al silencio y le dejaron seguir con su discurso. “Soy Ramón Melendi y aquí traigo a De pequeño fue el coco”, con el que dio por más que inaugurado el encuentro.
Entre los temas más antiguos y aplaudidos estuvo el de Un violinista en tu tejado, o Te quiero como el mar, con el que consiguió cantar a coro con los asistentes. Con Caminando por la vida, el single que ofreció sin haber llegado apenas a la primera hora de concierto, no dejó a nadie sin tocar las palmas.
También desfilaron títulos como Calle La Pantomima, Destino o casualidad o Desde que estamos juntos, que dieron fe de que la cita era una de las más queridas y esperadas de este verano.
