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Si mejoras tus hábitos, ¡tú mejoras!

Si mejoras tus hábitos, ¡tú mejoras!
Si mejoras tus hábitos, ¡tú mejoras!
Actualizado el 08/05/2021 a las 16:24
En relación a los problemas con el peso intervienen factores tanto genéticos como ambientales, aunque como en otras tantas “patologías” la genética es solo una parte. Si esperamos a descubrir todas las variantes genéticas que intervienen en la fisiopatogenia de la obesidad necesitaríamos al menos dos vidas para afinar en las recomendaciones personalizadas con un alto grado de éxito. Pero con la información que disponemos ya podemos actuar con eficacia, por lo tanto sólo es cuestión de poner en práctica lo que conocemos que funciona.
Uno ha de aceptarse tal y como es y la EDUCACIÓN debe dirigirse en esta línea. No obstante, si por razones de salud o estéticas uno quiere mejorar determinados parámetros bioquímicos y/o corporales, el profesional cualificado le orientará atendiendo a su estado actual, su estilo de vida, sus respuestas fisiológicas y sus expectativas.
Si uno pretende bajar de peso, mejorar su forma física, ganar una competición deportiva, aprobar unas oposiciones a bombero, ¿cuánto está dispuesto a modificar en relación a sus hábitos actuales para experimentar una mejoría permanente?, ¿cuánto está dispuesto a poner en su balanza personal sin que ello llegue a afectarle emocionalmente? ¡Esa es la dosis de cambio a la que debe someterse!
Si mejoras tus hábitos, ¡tú mejoras!
Para modificar hábitos y mantenerlos en el tiempo uno ha de adherirlos con ilusión, convencimiento y optimismo. Y para ello uno a de “enamorarse” del nuevo estilo de vida.
¿Consumimos todos los nutrientes esenciales en cantidades óptimas? ¿Piensas que sí? Tal y como se alimenta una parte importante de la población parece ser que existen múltiples carencias nutricionales y ello repercute negativamente en el funcionamiento de todas las células del organismo. ¿Sabemos lo que comemos y lo que ello implica a nivel de nuestro metabolismo?
El miedo se ha instalado en un porcentaje alto de la población, lo que ha generado estrés y ansiedad. Esto prolongado en el tiempo predispone a una depresión del sistema inmune y a una mayor tendencia a la obesidad. Si a ello se suma una falta en nutrientes básicos, la fatiga será una constante diaria.
Las dietas no funcionan y sólo son eficaces los sistemas nutricionales personalizados que tengan en cuenta las variables que determinarán el éxito en las respuestas fisiológicas individuales. La falta de vitalidad no debe cronificarse y no es “normal” que aparezca con la edad, como muchos creen. Está claro que la carencia prolongada en un nutriente esencial primero se manifiesta con fatiga y cuando el déficit es grave ya aparece la sintomatología específica de ese nutriente. Algunos padecen déficit de magnesio, otros de hierro, otros de vitamina D, otros de calcio, otros de vitamina B12, otros de ácidos grasos omega 3, otros de yodo y algunos padecen un déficit de todos ellos.
Con un pequeño cambio en los hábitos nutricionales uno experimenta mayor vitalidad, alivia sus digestiones y no tiene la necesidad de picotear de forma constante fuera de las comidas.
Si mejoras tus hábitos, ¡tú mejoras!
Vayamos poco a poco, pasito a pasito y tratemos de educar a nuestros jóvenes hacia un futuro optimista, con más movimiento, mayor contacto con la naturaleza y una mejor alimentación, puesto que con pequeños cambios todos mejoramos.

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