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EL RINCÓN DE LOS EXPERTOS

Hacia un largo y extraño caminar

La actualidad con al pandemia y la crisis trae negatividad, no pinta bien la vida...

¿Nutrición y rendimiento académico? Columna de Javier Angulo.
¿Nutrición y rendimiento académico? Columna de Javier Angulo.
DN
Actualizada 01/10/2020 a las 18:40

Hacia un largo y extraño caminar (I)

Cómo nos ha cambiado la vida en estos últimos siete meses y ¡lo que todavía queda! Esto no ha hecho más que empezar. Las noticias actuales no son nada halagüeñas y la negatividad reina en el ambiente, lo cual trae consecuencias nefastas. ¡Esto no pinta bonito!

Al pánico generalizado, aumento de la ansiedad, desgracias por pérdidas familiares, caída de recursos económicos y falta de trabajo en parte importante de la población, se une el bombardeo constante de todos los medios de información sobre el incremento de una infección vírica que a unos les mata, a otros les deja graves secuelas, otros la pasan como si fuera una gripe y otros ni se enteran. No obstante parece ser que todos somos responsables de su expansión. Un porcentaje importante de la humanidad vive aterrorizada ante una infección por este virus, una posible pérdida de su situación laboral o el señalamiento popular.

Todavía es pronto para establecer un análisis profundo de cómo este virus ha afectado al ser humano y establecer de forma totalmente objetiva quienes han salido peor parados. Por lo que sabemos en estos momentos (donde la información importante se nos da a cuentagotas), el factor “edad avanzada con pluripatologías” ha sido el grupo más afectado y los estudios muestran que al menos en España más del 80% de las muertes han sido en residencias de ancianos. Tras ellos, las personas infectadas de covid-19 con “obesidad de alto grado” han tenido virulencias muy agresivas y muchos fallecimientos. La obesidad ha sido y es el principal factor del mal pronóstico en la infección por covid-19, ya que el 80% de los pacientes que tuvieron las formas más graves de esta infección y que precisaron intubación, ventilación mecánica en la UVI y/o fallecieron fueron obesos. La hipertensión, la diabetes, la enfermedad respiratoria crónica, cualquier patología inflamatoria, los problemas vasculares, también han contribuido en el agravamiento de los pacientes infectados. Y luego hay otros casos (no sabemos el porcentaje pero sería interesante conocerlo) que no responden a ninguno de los grupos anteriores, ya que estando en “perfectas condiciones orgánicas” lo han pasado muy mal. Lo que está claro es que este último grupo no llega al 0,3% del total de los 32000 fallecidos en éste país, aunque no sabemos a ciencia cierta los números reales, puesto que en ésta epidemia todo se hipotetiza.

Pero existe otro problema añadido y es el del obsesivo señalamiento popular. ¿Padeces el virus? Señalado. ¿Tienes anticuerpos que te protegen? Señalado. ¿No tienes síntomas pero estuviste con un infectado? Señalado. ¿Un amigo tuvo pcr positiva? Señalado y confinado. ¿Un familiar que vive contigo tiene anticuerpos y es asintomático? Señalado y confinada toda la familia a la espera de pruebas y más pruebas. ¡Una locura!

Hacia un largo y extraño caminar (II)

Nos olvidamos del sistema inmune, nuestro sistema de protección, que cuando uno está sano reacciona óptimamente, defendiendo al organismo contra cualquier invasor. Tener anticuerpos sin presentar síntomas es sinónimo de SALUD, de poseer un buen sistema inmunológico. Eso es lo que correspondería transmitir a todos los Gobiernos, a todas las televisiones públicas y privadas; el cómo potenciar la inmunidad de nuestro organismo para responder de manera óptima a cualquier tipo de infección, puesto que poseer una buena inmunidad es la mejor vacuna que existe. Y eso “en parte” está en nuestra mano. Cualquier medio de comunicación debería enfocar la mayoría de las noticias en esa línea y no en la de la negatividad, en el del número de muertes, en el de los botellones, en el de la clasificación mundial de esta infección, en el de los confinamientos populares, en el del quedarse en casa cuanto más tiempo mejor y vivir en una permanente burbuja social. Pero eso no interesa, no tiene tanto morbo.

Tengo un cuñado que tiene 75 años y una de sus aficiones es la apicultura. Cuántas veces le habrán picado más de 30 abejas al mismo tiempo (en una ocasión fui testigo directo) y tras quitarse los aguijones seguir viviendo con una extraordinaria normalidad y presentando como único síntoma “picor”. Y sin embargo a otros con un solo picotazo les terminan ingresando y… ¡a rezar! Es lo que está pasando actualmente con este maldito virus, nos tratan a todos como al ingresado por un único picotazo con baja o nula inmunidad frente al veneno de la abeja.

El sistema inmune se fortalece si usas las herramientas adecuadas y que en la actualidad las conocemos puesto que lo confirman miles de estudios científicos, aunque de eso nada se habla en los medios de comunicación. La genética es determinante, pero para el que no ha nacido con buenos marcadores genéticos, los hábitos y el estilo de vida son concluyentes. El contacto con la Naturaleza, la toma moderada de sol y, cuando no es posible, la ingesta de vitamina D (de la que hay estudios muy serios que confirman su relevancia en la inmunidad y su relación con pronósticos favorables en afectados por covid-19 tras su alta ingesta pautada), nutrientes como la vitamina C, el zinc, el selenio y otros cuya carencia induce a una depresión inmunológica, una buena alimentación, la práctica de actividad física frecuente, la alegría, la socialización, el descanso reparador, etc. Pero los malos hábitos, el tabaquismo, una mala gestión del estrés, la polimedicación, empatizar con tanta noticia negativa, la excesiva esterilización, la desconfianza hacia el prójimo y la generación de pánico debilitan la inmunidad. ¿Acaso interesa esto en este momento? ¡Quién sabe!

Hemos de incrementar el consumo de vegetales ricos en fibra, polifenoles y nutrientes básicos (verduras, frutas, cereales integrales, semillas, frutos secos, legumbres…), dado que sus residuos alimentan las bacterias de la fermentación que son las que potencian nuestra inmunidad, beber agua fuera de las comidas y evitar el exceso de química añadida en una parte importante de los alimentos de consumo habitual. Aliméntate con Sentido Común y mejorará tu inmunidad.

La educación en hábitos es un pilar fundamental en cualquier etapa de la enseñanza, quizá la asignatura más importante para todo el alumnado y que de momento cojea en el currículum escolar. Transmitir con el ejemplo y el conocimiento son claves en el proceso de fijación de hábitos futuros y de esto tampoco hablan los medios de comunicación. ¿Por qué? Si unos niños sanos con mejores hábitos es sinónimo de salud futura, de mejor inmunidad, de mayor protección frente a la agresión de cualquier microorganismo patógeno y de alegría de vivir, no veo mejor manera que empezar desde la base, es decir, apoyando políticas sociales que trabajen en esta línea, en coordinación con la familia y la escuela.

Una persona sana fabrica anticuerpos ante la entrada de cualquier antígeno a su organismo y si esa persona “infectada” no se entera ni presenta síntomas mejor para él, puesto que ello significa que su barrera defensiva ha actuado con una altísima eficacia. En el caso de una persona enferma puede morir ante la misma situación. ¿A quién hay que señalar? Pues a ninguno. Bastante problemón tiene el que no pudo con la infección y terminó encamado. La desgracia es morir por esto o llenar las salas de hospitales a causa de esta patología infecciosa. Pero hoy en día se señala a los dos.

El confinamiento global es una herramienta política y social con una única finalidad: proteger a los más débiles o, mejor, llamemos a los más sensibles al virus. Lo más importante “políticamente hablando” es no saturar los hospitales, ese es el objetivo final.

Desde mi punto de vista existen tres tipos de grupos de personas en relación a la evolución de esta pandemia: 1-las sensibles al virus (que enferman y lo pasan muy mal, saturan las salas de urgencias y parte de ellas fallecen); 2-las poco o nada sensibles al virus (crean anticuerpos que les protegen gracias a una inmunidad eficaz y no sienten nada o casi nada, viviendo con una extraordinaria normalidad. Estos son los verdaderamente sanos) y 3- los que no tienen anticuerpos y no han estado en contacto con el virus (no se sabe si son sensibles o no, es decir, no se sabe si son “sanos” o “enfermos”), pero son los buenos de esta película. ¿A qué grupo de los tres te gustaría pertenecer? Pues desde el punto de vista político y social sólo se “felicita” al tercero de los grupos, se le protege demasiado y se castiga en exceso al segundo, cuando son los que realmente están sanísimos.

 

El que padece la infección sin apenas enterarse o generó anticuerpos que le protegen se confina por sintonización social, por solidaridad, por miedo al castigo o por obligación moral. ¡Es lo que hay!

Muchos eso no lo perciben así, por lo que cada vez me extraña menos que quien es “positivo asintomático” no diga nada, no vaya a ser que al estrés añadido por el confinamiento que le toca (por solidaridad o por obligado cumplimiento), se una el señalamiento popular, la bajada de su pobre economía, el enfado de su jefe con riesgo de pérdida laboral y todo ello le produzca una depresión, adquiera malos hábitos durante el confinamiento (situación debida en parte a menores recursos económicos y al aburrimiento) , descanse peor, le genere un gran estrés su “nueva y confusa realidad”, baje entonces su inmunidad y caiga “de verdad” enfermo durante sus periodos de enclaustramiento. Y lo peor es que esto se puede producir varias veces a lo largo de un trimestre y no digamos a lo largo de un año.

De nosotros depende esa responsabilidad pero, tal como nos lo han pintado, me temo lo peor y hasta que no llegue una vacuna realmente eficaz (dudo de las primeras que salgan) cada uno tomará las riendas de su destino. Vamos hacia un largo y extraño caminar….


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