Activar Notificaciones

×

Su navegador tiene las notificaciones bloqueadas. Para obtener mas informacion sobre como desbloquear las notificaciones pulse sobre el enlace de mas abajo.

Como desbloquear las notificaciones.

EL RINCÓN DE LOS EXPERTOS

Las interacciones entre fármacos y alimentos a la hora de establecer pautas nutricionales personalizadas

Artículo escrito por María Jáuregui López, graduada en el doble grado de Farmacia + Nutrición Humana y Dietética en la Universidad de Navarra

María Jáuregui López, Graduada en el doble grado de Farmacia + Nutrición Humana y Dietética en la Universidad de Navarra.
María Jáuregui López, Graduada en el doble grado de Farmacia + Nutrición Humana y Dietética en la Universidad de Navarra.
19/05/2020

Artículo escrito por María Jáuregui López, Graduada en el doble grado de Farmacia + Nutrición Humana y Dietética en la Universidad de Navarra, con número de colegiada NA396, apasionada de esta temática y defensora de unos hábitos de vida saludables. Actualmente forma parte del equipo de Javier Angulo Fernández trabajando como Dietista-Nutricionista en el Centro “Esportrium Nutrición y Fisioterapia”.

Trato en este artículo el tema de las interacciones entre fármacos y alimentos, que muchos pacientes medicados desconocen. El progresivo envejecimiento de la población se asocia a una mayor prevalencia de enfermedades crónicas y degenerativas. Además, la mayoría se presentan de manera simultánea, lo que hace necesaria una polimedicación de por vida.

Al tomar medicamentos estamos expuestos tanto a reacciones adversas como a diversas interacciones. Decimos que existe una interacción cuando un medicamento no ejerce el efecto esperado en el organismo debido a la administración, simultánea o sucesiva, de otro medicamento, alimento, hierba medicinal o, incluso, bebida. El resultado de dicha interacción se traduce en una disminución en el efecto del medicamento, la aparición de efectos secundarios inesperados o el aumento del efecto del medicamento, y de su consecuente toxicidad. Sin embargo, estas interacciones son mutuas, por lo que algunos medicamentos serán capaces de interferir también en la absorción de varios nutrientes presentes en los alimentos. Como veremos, tanto los alimentos como los medicamentos, pueden verse influidos entre sí de manera positiva o negativa[1,2].

Al hablar de interacción alimento-medicamento nos referimos a la influencia que ejerce un alimento sobre un medicamento. Así, dependiendo del alimento que ingiramos, se va a modificar la acción del medicamento: reducción de su absorción, generación de alguna reacción adversa, etc.[2].

Para entenderlo mejor estudiamos el caso del paracetamol. El paracetamol se puede tomar con el estómago vacío o junto a la ingesta de alimentos, pero ¿cuál es la diferencia? Si tomamos paracetamol junto a una comida el estómago tardará un tiempo en vaciar su contenido al intestino, por lo que el efecto del paracetamol se producirá de una manera más lenta (se reduce su velocidad de absorción). Sin embargo, si lo tomamos con el estómago vacío, el paracetamol pasará más rápidamente al intestino y el efecto se dará de forma mucho más rápida (se acelera el proceso analgésico, pero no su intensidad).

**En el caso de los AINES (ibuprofeno, dexketoprofeno…), siempre se deben administrar junto a alimentos.

A continuación se muestra una tabla con ejemplos relevantes de este tipo de interacciones [3].

Por otro lado, la interacción medicamento-alimento es la influencia que ejerce un medicamento sobre los alimentos. Como resultado de la ingesta de un medicamento se reduce el aprovechamiento y la absorción de ciertos nutrientes. Esta interacción va a ser especialmente problemática con el empleo de medicamentos de uso crónico ya que, a la larga, el estado nutricional podría verse afectado. Debemos saber también que existen medicamentos que alteran el apetito, a nivel central o periférico, que estimulan los vómitos o que provocan náuseas, diarreas, estreñimiento, etc., pudiendo llegar a comprometer la situación nutricional del paciente a medio plazo, lo que debe tenerse en cuenta a la hora de establecer nuevas pautas personalizadas con máximas garantías de éxito [1,2].

A continuación se muestran algunos ejemplos.

-Omeprazol y posible déficit de vitamina B12.

La absorción de la vitamina B12 comienza en el estómago. Gracias al pH ácido del estómago, la vitamina B12 consigue unirse a una proteína necesaria para su absorción llamada “factor intrínseco”. El omeprazol pertenece al grupo de los fármacos inhibidores de la bomba de protones (IBP), y el resultado de su acción es la disminución de la producción de ácido en el estómago. Por lo tanto, al tomar el omeprazol, se inhibe la liberación de ácidos al estómago, por lo que la vitamina B12 podría no unirse a ese factor intrínseco, impidiendo su absorción a nivel intestinal con riesgo de patología neurodegenerativa a largo plazo. Por esta razón, sería conveniente valorar una posible suplementación de vitamina B12, en aquellas personas que tomen esta medicación de manera crónica[2,3].

-Inhibidores de la bomba de protones y menor asimilación de proteínas.

Nuestro cuerpo no puede absorber las proteínas tal y como las aportamos de la dieta, sino que necesitan “romperse” en partículas más pequeñas (péptidos y aminoácidos) para ser digeridas. En otras palabras, necesitan someterse al proceso de la digestión. Esta digestión comienza en el estómago donde, gracias al pH ácido del mismo, la pepsina es convertida en pepsinógeno para comenzar esta descomposición, que continuará en el intestino gracias a la acción de las proteasas pancreáticas. Sin embargo, los IBP provocan una disminución en la secreción ácida del estómago (hipoclorhidria). Así, ejercen una interferencia en el proceso anteriormente descrito, pudiendo llegar a traducirse en una menor asimilación de las proteínas, una alteración de la microbiota, un incremento de metabolitos tóxicos y una excesiva producción de gases. Además, en función de cada paciente, se pueden generar otras complicaciones como la hipergastrinemia (aumento en la secreción de gastrina) y/o alteraciones en la homeostasis del calcio y del magnesio[5].

-Colestiramina y reducción de la absorción de determinados nutrientes.

La colestiramina es una resina básica con actividad hipolipemiante, es decir, reduce el nivel de colesterol total y colesterol-LDL. Sin embargo, esta resina es capaz de fijar las sales biliares e impedir la absorción de múltiples nutrientes como el caroteno o las vitaminas A, B9, D, E y K. Por lo tanto, y como en el caso anterior, habrá que tener especial cuidado si se utiliza durante periodos prolongados o valorar la posible suplementación de estos nutrientes y una alimentación provista de ellos en comidas alejadas a la toma del medicamento[3].

-Laxantes.

No todos los laxantes actúan de la misma manera. En el caso de los irritantes: “laxantes por contacto” (Dulcolaxo® entre otros), el mecanismo de acción consiste en producir una irritación directa de la mucosa y las terminaciones nerviosas del intestino, además de una inhibición de la absorción de agua y electrolitos[3].

Estos medicamentos contrarrestan el síntoma del estreñimiento, pero nunca van a curarlo. Antes de tomarlos y someterse a posibles reacciones adversas, como podrían ser intenso dolor abdominal (tipo cólico), excesiva producción de gases y/o pérdida excesiva de líquidos y electrolitos, habría que valorar otras actuaciones más seguras y que a medio plazo solucionen el problema, es decir, mejorar los hábitos de vida, consumir alimentos altos en fibra, hidratarse correctamente y realizar ejercicio con regularidad junto a un programa especial de la musculatura abdominal que favorezca la motilidad intestinal.

-Diuréticos.

Estos son medicamentos que hacen que los riñones permitan el paso de más agua y sal, aumentando así la eliminación tanto de agua como de sodio a través de la orina. Se utilizan principalmente en hipertensos.

A largo plazo pueden provocar alteraciones en los niveles de minerales como el potasio, el magnesio, el calcio… y también algunas vitaminas del grupo B, además de deshidratación e incremento de ácido úrico en sangre por lo que se debe valorar esa situación y planificar un programa nutricional que trate estos aspectos[3].

-Estatinas.

Las estatinas son unos medicamentos muy conocidos, y generalmente bien tolerados en el tratamiento de la hipercolesterolemia, a pesar de que en algunos casos pueden ser responsables de molestias musculares y, en el peor escenario, pueden llegar a originar rabdomiolisis (síndrome causado por la degeneración y destrucción de fibras musculares). Se desconoce el mecanismo por el cual se producen estas miopatías, por lo que diversas teorías están siendo estudiadas[1,2].

Al reducir el colesterol en sangre disminuimos también el colesterol de nuestras células y la producción de isoprenoides, unos compuestos orgánicos que ayudan a mantener la homeostasis de las células y que además, son necesarios para la fabricación de la coenzima Q10 o ubiquinona. La coenzima Q10 es un potente antioxidante que se encuentra de manera natural en nuestro organismo, pero que también puede ser obtenido al ingerir ciertos alimentos (pescados azules, carnes, hígado, frutos secos, semillas, brócoli…). Está implicada en la producción de ATP en la mitocondria y, en algunos casos, se ha visto que podría ayudar a disminuir la incidencia de estos dolores musculares, siendo interesante una posible suplementación. Además de la coenzima Q10, la vitamina D y su relación con la debilidad muscular se encuentra bajo estudio[3,4], por lo que una suplementación de dicha vitamina también podría llegar a ser beneficiosa en caso de presentar carencia (algo bastante común en la actualidad).

-Eutirox® (levotiroxina).

La glándula del tiroides es la encargada de fabricar las hormonas tiroideas, levotiroxina (t4) y triyodotironina (t3), las cuales regulan la homeostasis de nuestro organismo. El problema de que la función de nuestra glándula tiroidea disminuya radica en que nuestro cuerpo no consigue fabricar la cantidad suficiente de estas hormonas, dando lugar a los síntomas característicos del hipotiroidismo: cansancio, fatiga, bajo estado de ánimo, aumento de peso, dolor articular y/o muscular, etc. La ingesta de Eutirox® nos proporciona la hormona t4, que, para ejecutar correctamente su acción deberá, en primer lugar, absorberse de forma adecuada para después ser convertida en t3 en nuestro organismo[3].

Distintos estudios[5,6], han detectado que los desórdenes gastrointestinales tales como la celiaquía (muchas veces sin diagnosticar), intolerancia a la lactosa o presencia de helicobacter pylori, pueden impedir la absorción de la hormona t4. En algunos casos, la introducción de una dieta sin gluten y/o sin lactosa, podría mejorar la absorción de este medicamento, siendo así una dosis más baja suficiente para realizar su acción. Por otro lado, existe suficiente evidencia científica de que alimentos como la soja o el café pueden reducir la absorción del medicamento, mientras que la vitamina C parece aumentarla.

Como sabemos, este medicamento se toma antes del desayuno, debido a que la administración conjunta con alimentos, podría dificultar su absorción. Sin embargo, existen varios estudios[7,9],que investigan si el mejor momento para la toma de este fármaco es antes de acostarse, aunque todavía existe controversia. Los autores de algunos de estos estudios, presentan razonamientos para realizar la ingesta del fármaco por la noche, como una menor secreción ácida por parte del estómago y una menor movilidad intestinal, que resultaría en una mayor exposición del fármaco a la pared intestinal, favoreciendo su absorción. Hay que tener en cuenta que todos estos datos se encuentran todavía en fase de estudio, por lo que antes de hacer ningún cambio, habrá que consultarlo con los especialistas adecuados.

Un hecho que sí que está claramente demostrado es que el consumo de yodo en nuestra dieta habitual previene de padecer esta enfermedad en un futuro, siempre que la causa no sea autoinmune (hipotiroidismo de Hashimoto). Esta es la razón por la cual la Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda el consumo, de forma universal, de sal marina yodada (de calidad).

-Corticoides (hidrocortisona, prednisona…).

Estos fármacos contienen numerosas indicaciones terapéuticas: se emplean en enfermedades reumáticas, pulmonares, autoinmunes, alérgicas, hematológicas, en inflamación del tracto digestivo, en trasplantes, etc.

Entre sus efectos he de destacar varios: generan una hiperglucemia (aumenta la glucosa en nuestra sangre) y, a medio plazo, un aumento de la resistencia a la insulina; inhiben la síntesis proteica y aumentan el catabolismo proteico; estimulan el apetito y aumentan la lipólisis, generando una re-distribución de la grasa corporal, acumulándose en cara, cuello, y abdomen; disminuyen la absorción del calcio en el tracto gastrointestinal y aumentan su excreción renal favoreciendo la osteoporosis; tienen un efecto inmunosupresor disminuyendo la respuesta inmune del organismo y reducen la síntesis de colágeno, por lo que la piel se debilita y se retrasa la cicatrización de las heridas [3].

Son unos fármacos que se emplean cuando son necesarios, pero que generan muchos efectos secundarios. Por eso, será muy importante adecuar la dieta de quien los consume eliminando aquellos alimentos de tengan un elevado índice glucémico (azúcares, harinas refinadas, etc.), enriqueciéndola en alimentos que aporten sustancias antiinflamatorias (ácidos grasos omega-3, flavonoides, isoflavonas, polifenoles, etc.), y, garantizando el aporte de calcio y vitamina D durante el tratamiento[15].

COVID, MEDICAMENTOS Y ALIMENTOS

¿Qué hay del virus de la COVID-19 y todo lo que se está hablando?

Está claro que ante un estado de alarma surgen millones de teorías y existe un gran sensacionalismo por parte de la prensa o la televisión. Nos inundan con noticias, y muchas veces no sabemos cómo de fiable resulta dicha información.

Mucho se ha hablado del ibuprofeno, y de su supuesto efecto negativo frente a los síntomas de la COVID-19, pero, ¿de dónde viene esa información? ¿Procede de fuentes fiables, o es una cadena de mensajes que circulan por WhatsApp? Según la AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios), “ningún dato indica que el ibuprofeno agrave las infecciones por la COVID-19, pero sus guías recomiendan como primera alternativa el uso de paracetamol para el tratamiento de la fiebre”. También hemos oído hablar de ciertos medicamentos que, supuestamente, pueden empeorar la sintomatología de este virus. Son los llamados inhibidores de la actividad de la angiotensina (IECAS) y los antagonistas del receptor de angiotensina (ARA II), unos fármacos muy empleados como antihipertensivos. Estos medicamentos podrían aumentar la expresión de la enzima convertidora de angiotensina tipo 2 (ECA2), una enzima que se encuentra ampliamente distribuida por nuestro cuerpo y, sobre todo, en nuestro tracto gastrointestinal, corazón, hígado, y alveolos. Parece ser que el virus de la COVID-19 tiene la capacidad de unirse a esta enzima para así, propagarse e infectarnos. Los fármacos anteriormente descritos podrían tener la capacidad de aumentar la expresión de esta enzima, es decir, podrían aumentar su nivel. De este modo, algunos artículos[10,11], sugieren que dichos fármacos podrían causar un empeoramiento de la enfermedad. Por otro lado, existe un estudio reciente[18], en el que los pacientes que tenían prescrita dicha medicación, mostraron menores niveles de inflamación (menores niveles de interleucina-6), lo que sugiere que el uso de estos fármacos podría ser beneficioso contra las complicaciones respiratorias. Se deberá seguir investigando para poder obtener una conclusión más sólida.

¿Entonces, son buenos, o son malos? Como sabemos, al hablar de ciencia no todo es blanco o negro, sino que hay que valorar los riesgos-beneficios de cada terapia, y para cada paciente. De momento, tanto la “Sociedad Española de Cardiología” como la “European Society of Cardiology” (Sociedad Europea de Cardiología), destacan “la falta de evidencia que apoye el efecto perjudicial de estos medicamentos en el contexto del brote pandémico de la COVID-19”. Por ello, a pesar de poseer un exceso de información procedente de internet, WhatsApp, u otras vías, siempre hay que contrastar dicha información, y confiar en las personas expertas en la materia.

¿Existe algún alimento que nos prevenga? Tanto el sobrepeso como la obesidad, multiplican los riesgos de sufrir complicaciones cuando nos vemos expuestos a virus y otras infecciones. De esta manera, una dieta equilibrada, sana, que reúna todos los nutrientes necesarios, y que nos ayude a conseguir una composición corporal adecuada, sería lo primero a recomendar e implementar. Además habrá que acompañarla de un buen descanso y una buena gestión del estrés. Una vez cumplido este requisito, podríamos pensar en introducir macronutrientes (ácidos grasos omega-3), micronutrientes (vitamina D, C, del grupo B, Zinc…), y alimentos funcionales que ejerzan una función más específica en nuestro sistema inmune. No existe ningún alimento mágico que impida que nos contagiemos, pero sí un conjunto de hábitos saludables que nos permita estar lo más fuertes y saludables posible para afrontar una patología vírica con altas posibilidades de recuperación.

Con este artículo no pretendo que las personas que verdaderamente necesiten los medicamentos dejen de tomarlos, sino que debemos ser conscientes de que no se pueden tomar a la ligera ni “por si acaso”. Siempre deben acompañarse de una correcta prescripción médica y una buena atención farmacéutica.

Debemos de tener claro cuál es la mejor y más barata defensa para prevenir cualquier futura enfermedad: la adquisición de unos buenos hábitos de vida.

Espero que os haya resultado interesante y sirva para una posterior reflexión.

BIBLIOGRAFÍA

[1] J. I. Boullata, “Drug and nutrition interactions: Not just food for thought,” J. Clin. Pharm. Ther., vol. 38, no. 4, pp. 269–271, 2013, doi: 10.1111/jcpt.12075.

[2] R. Article, “Food-Drug Interactions,” vol. 26, no. 2, pp. 77–83, 2011.

[3] “Bot PLUS [Base de Datos],” [Online]. Available: https://botplusweb.portalfarma.com/.

[4] “Omeprazol y déficit de vitamina B12.” FUNDACIÓN ESPAÑOLA DEL APARATO DIGESTIVO. https://www.saludigestivo.es/enfermedades-digestivas-y-sintomas/omeprazol-deficit-vitamina-b12/.

[5] P. Malfertheiner, A. Kandulski, and M. Venerito, “Proton-pump inhibitors: Understanding the complications and risks,” Nature Reviews Gastroenterology and Hepatology, vol. 14, no. 12. pp. 697–710, 2017, doi: 10.1038/nrgastro.2017.117.

[6] G. P. Littarru and P. Langsjoen, “Coenzyme Q10 and statins: Biochemical and clinical implications,” Mitochondrion, vol. 7, no. SUPPL., pp. 168–174, 2007, doi: 10.1016/j.mito.2007.03.002.

[7] S. A. Mortensen, “Coenzyme Q 10,” JACC Hear. Fail., vol. 3, no. 3, pp. 270–271, 2019, doi: 10.1016/j.jchf.2014.12.006.

[8] K. D. Riche, J. Arnall, K. Rieser, H. E. East, and D. M. Riche, “Impact of vitamin D status on statin-induced myopathy,” Journal of Clinical and Translational Endocrinology, vol. 6. pp. 56–59, 2016, doi: 10.1016/j.jcte.2016.11.002.

[9] M. Khayznikov, K. Hemachrandra, R. Pandit, A. Kumar, P. Wang, and C. J. Glueck, “Statin intolerance because of myalgia, myositis, myopathy, or myonecrosis can in most cases be safely resolved by vitamin D supplementation,” N. Am. J. Med. Sci., vol. 7, no. 3, pp. 86–93, 2015, doi: 10.4103/1947-2714.153919.

[10] M. Skelin et al., “Factors Affecting Gastrointestinal Absorption of Levothyroxine: A Review,” Clin. Ther., vol. 39, no. 2, pp. 378–403, 2017, doi: 10.1016/j.clinthera.2017.01.005.

[11] D. Collins, R. Wilcox, M. Nathan, and R. Zubarik, “Celiac disease and hypothyroidism,” Am. J. Med., vol. 125, no. 3, pp. 278–282, 2012, doi: 10.1016/j.amjmed.2011.09.003.

[12] N. Bolk, “Effects of Evening vs Morning Levothyroxine Intake,” Arch. Intern. Med., vol. 170, no. 22, p. 1996, 2010, doi: 10.1001/archinternmed.2010.436.

[13] R. Rajput, S. Chatterjee, and M. Rajput, “Can levothyroxine be taken as evening dose? Comparative evaluation of morning versus evening dose of levothyroxine in treatment of hypothyroidism,” J. Thyroid Res., vol. 2011, 2011, doi: 10.4061/2011/505239.

[14] K. Giassi, V. Piccoli, T. Da Costa Rodrigues, and R. Gorga Bandeira De Mello, “Evaluation of evening versus morning levothyroxine intake in elderly (MONIALE),” Trials, vol. 20, no. 1, pp. 4–10, 2019, doi: 10.1186/s13063-019-3816-3.

[15] U. Haß, C. Herpich, and K. Norman, “Anti-inflammatory diets and fatigue,” Nutrients, vol. 11, no. 10, pp. 1–24, 2019, doi: 10.3390/nu11102315.

[16] P. Kakodkar, N. Kaka, and M. Baig, “A Comprehensive Literature Review on the Clinical Presentation, and Management of the Pandemic Coronavirus Disease 2019 (COVID-19),” Cureus, vol. 2019, no. 4, 2020, doi: 10.7759/cureus.7560.

[17] T. R. Khashkhusha, J. S. K. Chan, and A. Harky, “ACE inhibitors and COVID-19: We don’t know yet.,” J. Card. Surg., pp. 3–4, 2020, doi: 10.1111/jocs.14582.

[18] J. Meng et al., “Renin-angiotensin system inhibitors improve the clinical outcomes of COVID-19 patients with hypertension,” Emerg. Microbes Infect., vol. 9, no. 1, pp. 757–760, 2020, doi: 10.1080/22221751.2020.1746200.


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

volver arriba
Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar sin publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que necesitas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra