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EL RINCÓN DE LOS EXPERTOS

Las nuevas tendencias en nutrición

Apartado escrito por Rodrigo Angulo Saiz, hijo del autor, deportista, estudiante de 3º de Nutrición Humana y Dietética en la Universidad de Navarra y apasionado por las Ciencias de la Salud. Su aportación abre nuevas vías sobre la personalización de las “dietas del futuro”.

Actualizada 25/11/2019 a las 17:21
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La Nutrición, al igual que cualquier otra Ciencia, está en constante evolución. Ello implica que día a día profesionales de diferentes ámbitos profundicen más en ella, conformando múltiples líneas de pensamiento para poder entenderla mejor. Todas estas líneas tienen como fin último conseguir la expresión máxima de la salud en base a la alimentación. Por tanto, cabe preguntarse ¿conocemos ya los principios básicos de la Nutrición Humana? La respuesta es sí. Sabemos cómo mejorar la salud de una persona a través de cambios nutricionales, cómo reducir el peso de forma saludable, cómo aumentar la masa muscular incrementando el balance energético y atendiendo el timing de las ingestas, cómo mejorar el rendimiento a diferentes niveles, etc. Y todo ello conociendo solo la base de la verdadera Nutrición Humana.

Somos conscientes que un punto importante que se debe abordar en este largo camino es el de la personalización de la Nutrición. Y es aquí donde todas las líneas van encaminadas; puesto que si conocemos todas las variables intra e interpersonales que influyen en el proceso de nutrición de un individuo, podemos llegar a conocer aquellas más importantes que componen los pilares de una alimentación eficaz y saludable.

La nutrición personalizada busca adaptar la alimentación de una persona a todas sus características individuales (que lo diferencian del resto). De esta manera, se persigue conseguir los beneficios máximos de la alimentación sobre la salud. Son numerosas las vías por las que se persigue abordar dicha individualización nutricional, siendo aún mayor la cantidad de estudios realizados para obtener datos relevantes sobre este tema. En este punto me gustaría presentar el estudio DIEFITS, el cual fue realizado teniendo como base la línea de la nutrigenómica.

El estudio DIETFITS fue un estudio de un año de seguimiento, con más de 600 participantes y que tenía el objetivo de comprobar si a la hora de perder peso la dieta más efectiva era una dieta baja en carbohidratos o una baja en grasas.  Otra de las hipótesis principales era la de comprobar la relación entre el patrón del genotipo y el tipo de dieta. Se midieron quince genotipos, cinco de los cuales se hipotetizaba que tendrían mejor resultado en una dieta baja en grasas, nueve genotipos “low- carb” que se suponía lo harían mejor en una dieta baja en carbohidratos y uno neutral.  Lo interesante es que se les asignó a los grupos de forma indiferente. Podían tener un genotipo “bajo en grasas” y estar en una dieta alta en carbohidratos y viceversa.  Al final del estudio los resultados fueron asombrosos: una pérdida de seis kilos de media para el grupo bajo en carbohidratos y 5,3 para la dieta baja en grasas. 700gr de diferencia en un año. Aparte de ello el genotipo no tuvo ningún efecto significativo en la pérdida de grasas. (1)

De las 609 personas 481 completaron el estudio (porcentaje altísimo) y levantó ampollas de todo tipo entre los defensores de cualquiera de las dos dietas.  Cosa esperable en un mundo de bandos… esperar que gane alguno. Pero más allá de las dietas altas o bajas en carbohidratos había otra serie de variables con mucho mayor peso.

·     Se ofrecía un asesoramiento dietético y guía constante durante todo el estudio en forma de consultas a diferencia de otros estudios en donde se dan unas recomendaciones al principio solamente.

·     Se incidió fuertemente en que los participantes llevasen una dieta saludable basada en alimentos no procesados y no en rellenar su dieta con comida basura baja en carbohidratos o grasas.

·     Se les hizo eliminar por completo los azúcares y harinas refinadas además de aumentar el consumo de vegetales en los dos grupos.

·     Se le dio mucha importancia a la forma de comer, aconsejando no comer con estrés, no comer en el coche, cocinar más…

·     En función del grupo y persona se eliminaron ciertos alimentos por voluntad propia en caso de ver que resultaba difícil moderarse con los mismos.

Tomando como referencia este estudio, dada la magnitud que posee, podemos apreciar cómo, a pesar de todas las variables genéticas y de otra índole que se tuvieron en cuenta, las conclusiones obtenidas de éste fueron, cuanto menos, esclarecedoras. Y, en caso de haber obtenido resultados dispares en ambos grupos, ¿cambiaría ello radicalmente el enfoque práctico?, ¿cambiarían las recomendaciones actuales (se más activo, evita los ultraprocesados, come sin estrés, mastica más, etc.)?

Con esto quiero hacer ver, antes de empezar este desarrollo, que todas las líneas a continuación mencionadas aportan y van a aportar datos realmente interesantes (los cuales seguramente podrán ser llevados a la práctica en un futuro), pero no debemos olvidar la esencia de la verdadera Nutrición Humana, emplear los conocimientos que conforman los pilares de esta ciencia que ya conocemos y el sentido común que tanto ayuda. Y con esto no digo que sean inútiles, al contrario; pretendo mostrar que los datos son herramientas de gran valor para el profesional de la salud, teniendo en mente que no van a cambiar radicalmente el paradigma actual.

Antes de profundizar en el tema que acontece es necesario tener clara la diferencia entre moda y tendencia o línea. Las modas en nutrición hacen referencia a patrones de alimentación que son seguidos por la población por “estar en boga” más que por su rigor científico. De este modo, aquellas modas que llegan a triunfar son seguidas por multitud de personas, quienes más adelante aplican beneficios a dicha alimentación que puede ser que no tengan. El gran problema de esto es el hecho de aplicarlas sin conocimiento alguno. Es por ello que, personas que siguen este tipo de patrones sin consultarlo con un profesional, desarrollan patologías relacionadas con déficits en su alimentación.

El veganismo (vegetarianismo estricto) constituye en la actualidad la moda más relevante de todas. Este patrón consiste en evitar alimentos de origen animal, lo que conlleva a la ingesta única y exclusivamente de alimentos de origen vegetal. El veganismo está acompañado a su vez de diferentes ramas surgidas del vegetarianismo, como lo son el crudiveganismo, frutarianismo, ovovegetarianismo, etc. Las razones de seguirla son múltiples y diversas. Desde beneficios incalculables que en ocasiones rozan lo ``mágico´´, hasta un componente ético importante basado en la protección animal. El abanico es amplio y es la persona quien decide sus razones.

Ante todo se ha de tener en cuenta que la restricción de un grupo de alimentos conlleva la posible carencia de diferentes macro y micro nutrientes. En este caso es necesario saber que la vitamina B12 (su forma activa presente únicamente en alimentos de origen animal), el hierro (su disponibilidad es menor en alimentos de origen vegetal), la vitamina D y los ácidos grasos omega 3 de cadena larga, son déficits comunes en este patrón.

En contraposición a la anterior, tenemos el carnivorismo (carnivor diet). Este es el ejemplo más reciente y se está dando en Estados Unidos. En pocas palabras, una dieta que consiste en comer solamente carne, cuyos seguidores (aunque a veces sean profesionales sanitarios) aseguran que los polifenoles de las plantas son tóxicos y la fibra no es para nada esencial. A fin de cuentas, no es más que una contraideología del veganismo extremo. Y al igual que la anterior, la carnivor diet puede ser bien llevada (tirando de suplementos) y que no llegue a suponer un hándicap; puesto que en última instancia lo importante es la razón por la que se sigue.

Y para finalizar el comentario, está la paleodieta. Esta moda consiste en excluir aquellos alimentos que no eran consumidos hasta la llegada de la agricultura: cereales, lácteos, legumbres, azúcares, grasas añadidas y aditivos químicos. De este modo prima la ingesta de vegetales, carnes y pescados; excluyendo los grupos de cereales y lácteos. Y en cuanto a razones por las que es seguida… Más de lo de siempre. Beneficios múltiples, mejor control del peso, forma de manifestación en contra de la industria alimentaria, evitación de los demonios de los cereales y un sinfín de ellas.

En definitiva, seguir todas estas modas es completamente lícito, puesto que lo primordial es satisfacer el pensamiento de la persona que decide adoptarlas. Pero es importante también no caer en los extremos ideológicos que proponen estas modas, puesto que parte de los seguidores acérrimos de estas corrientes llegan a utilizar argumentos basados en la ética o emociones y acaban sesgando la información (cómo en el último documental de Netflix: Game Changers).

Además, hemos de saber que seguir cualquiera de estos patrones no es una barrera para lograr metas y objetivos, como lo puede ser una mejora del rendimiento en caso de deportistas. No obstante, lo primordial es elaborar bien la alimentación que se va a seguir, porque sin conocimientos en la materia, cualquiera de estos patrones puede suponer un problema serio para la salud.

Dejando atrás las modas y moviéndonos al otro extremo, encontramos estas otras. Las tendencias (que posteriormente constituyen el origen de diversas líneas) son modelos de alimentación que surgen a partir de investigación sólida que afecta a diferentes parámetros o variables de la Dietética, para en última instancia poder personalizar más la implementación a nivel contextual. Esto no quiere decir que una tendencia pueda ser aplicada en cualquier caso que se presente (por mucha evidencia que se tenga sobre ella).

Como la propia Biología, que a veces trata del equilibrio entre abundancia y escaseo, o de inflamación y resolución; la Nutrición y la Dietética no responden a un mismo patrón. No son algo estático y mucho menos crónico. No deberíamos comer siempre ni los mismos alimentos ni los mismos macronutrientes, ni mantener la misma dieta (esto es cierto a un nivel diario, semanal, mensual y estacional). La alternancia entre diferentes métodos dará diferentes resultados, mejores adaptaciones, respuestas más eficaces de nuestro sistema inmunológico, siendo esto precisamente lo que buscamos (pero ello también complica la capacidad de medir los mismos a corto, medio y largo plazo).

Actualmente no solo el interés, sino la cantidad de estudios de intervención del ayuno intermitente y la dieta cetogénica es abundante, y las recomendaciones prácticas sustendadas en la ciencia también.

En otras líneas de investigación como las de la microbiota (que tienen incluso más estudios que los anteriores) siguen habiendo bastantes sombras. Se sabe mucho de factores que influyen en la microbiota y como ésta afecta a nuestra fisiología y psicología, pero resulta muy difícil determinar la magnitud del efecto. Otras como la metabolómica y sobre todo la nutrigenómica requieren estudios a largo plazo. Es por ello que, a día de hoy, es mucho más difícil arrojar aplicaciones prácticas y mucho menos generales o absolutas de estas últimas.

En resumen, hemos de tener en cuenta (antes de aplicar y seguir estas tendencias) que la riqueza se encuentra en la alternancia. La monotonía en nutrición no vale, a pesar de que cada una posea grandes beneficios, a la larga estos pueden distorsionarse. Sumado a ello se encuentra que, a día de hoy, es difícil poner en práctica alguna de las recomendaciones que estas líneas ofrecen debido a la falta de avances a distintos niveles. Por tanto, debemos ir jugando con aquello que tenemos y que vamos aprendiendo para, en un futuro, poder aplicar con éxito todo lo que nos ofrecen las líneas más novedosas.

Ante todo, es necesario comentar todas ellas, clasificadas atendiendo a su aplicación en consulta (siendo las de actualidad/corto plazo las que están siendo aplicadas a día de hoy, y en medio/largo plazo las que tardaremos algo más de ver en el mercado).

En la actualidad/corto plazo, encontramos líneas con gran evidencia científica que pueden ser puestas en práctica, pero a las que aún les falta evolución. De este modo, contemplamos la dieta cetogénica y el ayuno intermitente.

La dieta cetogénica consiste en la distribución de alimentos de manera específica para lograr que el organismo entre en estado de cetosis (no cetoacidosis). De este modo, se da la producción de cuerpos cetónicos (CT) a partir de la beta oxidación de las grasas. Los CT son moléculas solubles en agua que el cuerpo produce a partir de la grasa en situaciones de ayuno o restricción de carbohidratos. La función más conocida de estos es su alta capacidad de producción de energía, puesto que son moléculas que se oxidan con facilidad sin apenas generar estrés oxidativo. En este proceso emplean menos oxígeno para producir la misma cantidad de energía que otras moléculas, confiriéndoles excelentes propiedades tanto a nivel mental como físico. Además de esto, también poseen propiedades antioxidantes (por diversos mecanismos), favorecen el aumento de la concentración, los reflejos, la agilidad mental y la sensación de bienestar (en sujetos sanos), evitan el catabolismo y permiten el desarrollo de masa muscular, son fuente de beneficios en la patología del Alzheimer, etc. El mayor problema surge al intentar alcanzar los niveles óptimos de CT en el organismo. Esta tarea es realmente complicada y por ello, a pesar de realizar este tipo de dietas, hay casos en los que no se llegan a alcanzar dichos niveles y no se goza de todos los beneficios de estas moléculas.

La pregunta, llegados a este punto, es ¿cómo se realiza una dieta cetógenica? La verdad es que es similar a un ayuno a nivel fisiológico, pero en ella se ingiere alimento. Su finalidad es conseguir que el organismo se adapte al consumo de grasas, mejorando así su metabolismo sobre este nutriente. El paso principal es la restricción de los hidratos de carbono (siendo esta una de las variables más individuales que hay). A partir de este punto habrá personas en las que la transición del carbohidrato a la producción de CT se produzca de manera óptima y otros en los que tardará algo más. En estos últimos es probable que experimenten un bajón de energía, acompañado de un subidón que será la confirmación de la producción de CT (este bajón puede ser producido también por una falta de sodio, derivada de la baja ingesta de hidratos de carbono).

Una vez se produzca dicha adaptación (la cual es variable en periodo e intensidad), hay que procurar mantener los niveles adecuados de CT para llegar a conseguir todos sus beneficios. Para terminar este punto no debemos olvidar (como ya se ha recalcado en varias ocasiones) que este proceso depende mucho de la variabilidad individual, habiendo personas que la toleren mejor o peor. (2)

Por otro lado tenemos el ayuno intermitente (AI). Éste consiste en mantener en ayuno al organismo durante un periodo de tiempo, reanudando la ingesta pasado dicho tiempo. De esta manera surgen diferentes posibilidades para llevar a cabo este patrón (desde 16:8 hasta 12:12 o incluso más). La base fundamental del ayuno es el ``timing´´ o momento de la toma. Jugando con periodos de ayuno y periodos de alimentación podemos conseguir respuestas diferentes (a nivel orgánico) ante la misma dieta.

El ayuno intermitente comparte mecanismos con la restricción calórica. Esto quiere decir que mediante el ayuno, podemos llegar a lograr una situación a nivel sistémico similar a la obtenida en una restricción calórica. El seguimiento de este patrón tiene múltiples beneficios, pero hemos de tener en mente la variabilidad individual para no caer en el error. Entre todos estos se encuentran: A nivel sanguíneo se produce un aumento de CT (por una mayor producción hepática), cortisol y ghrelina. Por otro lado disminuye la glucosa, marcadores inflamatorios, triacilglicéridos y LDL-colesterol, entre otros. A nivel del hígado aumenta la sensibilidad a la insulina y reduce el daño hepático, además de la producción de CT mencionada anteriormente. En el intestino se reduce la inflamación, además de mejorar la diversidad de la microbiota (de la cual hablaremos posteriormente). En cuanto al cerebro, seguir este patrón mejora la respuesta al apetito, el rendimiento congnitivo, la resistencia al estrés, el factor neurotrófico, etc. A nivel muscular mejora la sensibilidad a insulina (interventor del desarrollo muscular) y la función y estructura de los mismos. Y, por último, y como punto más interesante para muchos, a nivel del tejido adiposo aumenta la lipolisis, la sensibilidad a insulina, reduce la masa grasa y la inflamación. (3–5)

Por todo esto el ayuno es una gran herramienta que puede ser aplicada en multitud de casos. Resulta esencial saber qué patrón de ayuno se va a seguir para así obtener mayores beneficios y, más importante aún, para asegurar la adherencia del paciente.

Un pequeño apartado que me gustaría mencionar es la relación que hay entre alimentación y longevidad. Es un tema en boga en nuestros días y de mención. Se sabe que en animales una restricción calórica afecta a la longevidad, pero ¿afectará igual a humanos?, ¿podríamos vivir constantemente en una restricción calórica? “No sin morir”. Encontrar el equilibrio entre pulsos de restricción calórica / ayuno / autofagia y pulsos de abundancia, exceso calórico y crecimiento o reparación parece la clave.  Esto incluye investigación como la fasting mimickin diet de Valter Longo. Una dieta que imita un ayuno de cinco días y se realiza de forma esporádica. Sin embargo resulta un puzle muy difícil de cuadrar y de investigar. Mucho más teniendo en cuenta que para realizar una intervención en humanos tendrían que pasar décadas.  Aquel que quiera profundizar más puede leer el reciente libro Lifespan. Libro de David Sinclair, profesor de Genética en la escuela de medicina de Harvard y considerado una de las 100 personas más influyentes del mundo según la revista Time

Habiendo tocado ya estas dos tendencias, pasamos a las siguientes. En este grupo de medio/largo plazo se hayan líneas con mucha evidencia científica, pero de las cuales la mayoría de las recomendaciones que proponen no son aplicadas en consulta, debido a que es difícil determinar la magnitud del efecto de las mismas. Hasta el momento, dichas recomendaciones permanecen en la teoría, esperando a pasar a la práctica en el futuro, junto con los avances a distintos niveles que están por llegar (tecnológicos, científicos, etc.). Por esto mismo, tocaré brevemente cada una de las líneas, aportando lo primordial hasta el momento (es cierto que hay mucha evidencia, pero no es mucho lo que ha pasado a la práctica).

La línea de la microbiota se centra en personalizar la nutrición en función de la composición de la microbiota intestinal de cada individuo. Actualmente se sabe que existe una relación 1:1,3 entre células humanas y cantidad de microorganismos (microbiota). Pero si nos movemos por cantidad de material genético de dichos microorganismos (microbioma), nos ganan con creces. Además de por cantidad, dos tercios del microbioma intestinal es diferente entre personas. Estos 2/3 dependen de factores tanto inalterables (la genética, edad, sexo o lugar de nacimiento) como alterables (hábitos de vida). Pero esto no queda solo aquí; hasta el 65% de la diversidad del microbioma está influido por dichos factores inalterables, dejando un importante 25 – 30% para los hábitos de vida. Por tanto, es realmente interesante abarcar la personalización de la nutrición desde este punto. Quedarse aquí sería no decir nada. Las bacterias poseen multitud de funciones. Entre ellas se encuentra la síntesis de vitamina K y vitaminas del complejo B, además de la producción de ácidos grasos de cadena corta (fuente de energía indispensable). Sumado a esto, la microbiota favorece el desarrollo del sistema inmune, contribuyendo en la producción de Inmonoglobulina A, modulación de receptores de células T, entre otras. Y como última función realmente destacable se encuentra la defensa contra otros huéspedes mediante diferentes mecanismos (producción de anti microbianos, competición por nutrientes, etc.). Es por todo esto que este ecosistema merece un estudio profundo.

En relación a esta línea me gustaría tocar dos puntos: la disbiosis y las aplicaciones prácticas que se han obtenido hasta la actualidad.

La disbiosis hace referencia a la alteración perjudicial de la microbiota intestinal. De este modo la proporción entre especies se ve alterada. Es muy importante tener claro que la disbiosis no posee un perfil bacteriano específico. Esto quiere decir que las especies que se ven alteradas en esta situación son diferentes entre personas y entre patologías (con alguna excepción). Está demostrado que la disbiosis es una característica común en patologías metabólicas (y generales), caracterizada por un pobre diversidad de microorganismos, abundancia de ellos en zonas no adecuadas y que además propicia el aumento de permeabilidad e inflamación intestinal.

Centrándonos en la diversidad, el aumento de este factor está relacionado con mayor resiliencia microbiana (adaptación ante la adversidad). Además de esto, es uno de los mejores indicadores de salud intestinal. Tratar esta variable es uno de los objetivos principales de la línea de la microbiota.

En cuanto a las aplicaciones prácticas, se sabe uno de los nutrientes más relacionados con la microbiota es la fibra. Es por ello que la variedad de vegetales consumidos en la dieta aumenta la diversidad de microorganismos. Además, alimentos fermentados incrementan también este factor. En contraposición, el aumento de grasas saturadas y azúcares empobrece la microbiota. Y rompiendo una lanza a favor de las proteínas en este tema, está demostrado que su consumo junto con cantidades suficientes de fibra mejora la diversidad microbiana. (6)

En conclusión, a pesar de ser una línea con mucha evidencia, es difícil a día de hoy sacar conclusiones prácticas más allá de las propuestas. Una de las mayores expertas en el sector es la doctora en Nutrición Gabrielle Fundaro. Lo curioso es que, aunque esté considerada una de las mayores expertas en el sector, ella se considera una “profesional del intestino”, porque no cree que nadie se pueda denominar “experto” en ese sector. Por tanto, sólo queda esperar a que futuros estudios avancen en esta línea para así poder afinar en las recomendaciones nutricionales en función de la microbiota individual.

Por último, queda hablar brevemente de la metabolómica y nutrigenómica. En primer lugar, la metabolómica estudia los procesos químicos que involucran metabolitos. Los metabolitos son los intermediarios y los productos de nuestro metabolismo. Y en función de estos, se pueden predecir una serie de “anormalidades fisiológicas” y determinar el tipo de alimentación y los nutrientes específicos que uno ha de ingerir para revertir la situación. El metabolismo es diferente en cada individuo, así que tratar la nutrición según estos procesos se presenta interesante.

Por otro lado, la nutrigenómica se centra en estudiar las interacciones que se producen entre el genoma humano y los alimentos. Determinados polimorfismos  adquiridos a lo largo de la evolución,  afectan al modo en que unos responden ante la misma forma de comer, por lo que es útil conocer esas variantes genéticas a la hora de personalizar las dietas. Estas pequeñas modificaciones pueden influir en la capacidad de metabolizar tanto alimentos como nutrientes, así como en la capacidad de inactivar y eliminar sustancias extrañas para el organismo. No todos absorbemos, metabolizamos y eliminamos los nutrientes de la misma manera. Y parece ser que el futuro va en esa dirección. Descubrir todos esos marcadores genéticos que afectan a la forma en la que nuestro cuerpo responde a los diferentes alimentos y nutrientes, es una “ciencia” que está en alza. Por tanto, es considerada la cumbre de la personalización, ya que cada persona posee un genoma distinto. Actualmente, factores como el estrés han sido relacionados con la expresión de genes. Además de esto, se han descrito bastantes mecanismos metabólicos relacionados con la expresión de determinados genes y polimorfismos. Entre estos últimos, se pueden mencionar algunos como los genes ADRB2 y ADBR3, que permiten la utilización de ácidos grasos durante la actividad física, gracias a que codifican receptores beta2 y beta3 adrenérgicos (sobre todo a nivel del tejido graso). También se encuentra el gen PPARG, estrechamente relacionado con la regulación de la sensibilidad a la insulina. (7,8)

Evidencia en cuanto a estas líneas hay, y mucha. El problema es que su aplicación a nivel práctico a día de hoy es realmente difícil, debido a factores como el precio de los análisis, la interpretación de los mismos por el profesional sanitario, traducción de los datos a recomendaciones, etc. Por ende, estas son líneas que en un futuro irán en auge y constituirán una gran fuente de conocimiento para la Nutrición, pero de momento, PRUDENCIA.

Como punto final, me gustaría dar mi opinión. Todas estas modas, tendencias y líneas ofrecen puntos de vista realmente interesantes (unos más que otros). Pero hemos de tener en cuenta que, a pesar de aun no conocer, sabemos mucho hasta el momento. Debemos de tener en mente que ninguna de estas líneas llegará un día a nuestra puerta con datos que cambien radicalmente el paradigma actual. Ofrecerán recomendaciones que serán el origen de nuevas tendencias, eso seguro; pero nuestro papel es saber emplear el amplio abanico de herramientas que de todo ello deriva y poder personalizar al máximo la alimentación de cada individuo.

Todo ello debe girar en torno a un mecanismo, el sentido común. El optimismo y el pensamiento positivo, favorecen la adherencia al cambio, refuerzan la mente y fortalecen el sistema inmune. Gracias a ellos superaremos multitud de situaciones que de otro modo no podríamos. Así que de momento, mientras la “ciencia” avanza y con los conocimientos adquiridos hasta ahora, seremos cautos a la hora de establecer “nuevas pautas” e iremos a lo seguro. “Alimentarse con Sentido Común” te lo pone fácil y todos cuantos conozco que lo han leído y aplicado han mejorado tanto su vitalidad como su composición corporal… ¿Serás tú el siguiente?

Bibliografía

1.  Gardner CD, Trepanowski JF, Gobbo LCD, Hauser ME, Rigdon J, Ioannidis JPA, et al. Effect of low-fat VS low-carbohydrate diet on 12-month weight loss in overweight adults and the association with genotype pattern or insulin secretion the DIETFITS randomized clinical trial. JAMA - J Am Med Assoc. 2018 Feb 20;319(7):667–79.

2.  Qué sabemos de los cuerpos cetónicos? | Noticias de dn-running-dudas-consejos en Diario de Navarra [Internet]. [cited 2019 Nov 23]. Available from: https://www.diariodenavarra.es/noticias/blogs/dn-running-dudas-consejos/2016/10/02/que-sabemos-los-cuerpos-cetonicos-641469-3363.html

3.  Di Francesco A, Di Germanio C, Bernier M, De Cabo R. A time to fast. Vol. 362, Science. American Association for the Advancement of Science; 2018. p. 770–5.

4.  Intermittent fasting: Surprising update - Harvard Health Blog - Harvard Health Publishing [Internet]. [cited 2019 Nov 23]. Available from: https://www.health.harvard.edu/blog/intermittent-fasting-surprising-update-2018062914156

5.  Patterson RE, Sears DD. Metabolic Effects of Intermittent Fasting. Annu Rev Nutr. 2017 Aug 21;37(1):371–93.

6.          Conferencia Gabrielle Fundaro: The human gut microbiome – Fact and Fiction

7.  Hacia una nutrición personalizada | Noticias de dn-running-dudas-consejos en Diario de Navarra [Internet]. [cited 2019 Nov 23]. Available from: https://www.diariodenavarra.es/noticias/blogs/dn-running-dudas-consejos/2016/03/02/hacia-una-nutricion-personalizada-641470-3363.html

8.  Nathaniel Mead M. Nutrigenomics the genome-food interface. Vol. 115, Environmental Health Perspectives. 2007.

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