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Nos alimentamos bien?

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¿Nos alimentamos bien?

Actualizada 15/02/2019 a las 17:22
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Gran parte de la población parece ser que no. No hay más que ver las cifras de sobrepeso y obesidad que van en aumento tanto en población infantil como adulta. Uno engorda cuando come, de forma rutinaria, “lo que no debe cuando no debe”, es decir, cuando selecciona mal aquello que se lleva a la boca y luego, a medio plazo, ocurre lo que ocurre. Los patrones nutricionales actuales en gran parte de la población no funcionan, así que no queda otra que cambiarlos.

Un sistema nutricional debe ser personalizado en función de diferentes variables, como el grado de actividad física, el metabolismo personal, la composición corporal, la edad, la existencia o no de una patología metabólica, las intolerancias alimentarias, el estrés y la respuesta hormonal individual a los diferentes macronutrientes. La pirámide alimentaria no debe ser la misma en quien pesa 55 kilos con 1,73 metros de estatura que en quien pesa 100 kilos con la misma altura, ni la misma en quien tiene una cintura de 79 centímetros con 1,78 metros de altura que en quien tiene más de 115 con la misma altura, ni la misma en quien tiene un porcentaje graso del 6% que en quien tiene más del 37%, ni la misma en un deportista de alto nivel en época competitiva que en un ex deportista sedentario que apenas se mueve, ni la misma en quien tiene 16 años y es muy delgado que en quien tiene 63 años y presenta una obesidad de grado 3, ni la misma en quien tiene un metabolismo muy activado que en quien lo tiene muy ralentizado, ni la misma en quien tiene problemas hormonales, como ovarios poliquísticos, resistencia a la insulina, hipercortisolemia, hipotiroidismo, menopausia y andropausia precoz, que en quien no los tiene, ni la misma en quien se plantea como objetivo perder peso graso que en quien se plantea coger peso muscular, ni la misma en quien padece alguna patología metabólica grave que en quien no padece ninguna. Nunca es estable y debe variar en función de nuestras propias variaciones.

Eso es puro sentido común y sobre ello ya escribí un largo y denso artículo en este blog hace año y medio.

Somos fruto de lo que comemos, de lo que bebemos, de lo que pensamos, de lo que amamos, de lo que sentimos, de nuestra propia autoestima y todo ello conforma nuestro ser. Así que no da lo mismo qué comer, ni qué beber, ni el modo en que lo hacemos, ni la manera en que sentimos nuestras emociones cuando nos sentamos a la mesa, pues estas últimas influyen tanto en nuestra manera de asimilar los nutrientes, como en nuestra salud intestinal y hasta en el desarrollo de nuestra microbiota, la cual pasa a ser otro de los factores determinantes de nuestro estado de salud.

Un estilo de vida saludable es algo más que “comer bien” e incluye elementos como: moverse, gestionar bien el estrés, ser equilibrado emocionalmente, controlar el peso manteniendo unos niveles de grasa saludables, socializarse, gozar de un descanso reparador, beber suficiente agua, cocinar con las técnicas adecuadas y a ser posible elegir alimentos ecológicos, reproducirse... Estos “ingredientes” deben ser la base de la verdadera Pirámide de la Salud, lo que hemos de realizar con frecuencia, pues son elementos que van a condicionar tanto nuestro estado nutricional como nuestra emocionalidad y nuestra felicidad.

Son muchos quienes no creen en el placer gastronómico seleccionando alimentos saludables. Cuántas veces habré oído decir que todo lo rico es malo? Es cuestión de haber sido bien educados nutricionalmente desde edades tempranas. Acaso tienen que envidiar unas espinacas con setas a unos espaguetis con nata, una dorada al horno a unas croquetas, una copa de un buen vino tinto a un refresco edulcorado y una cuajada natural a un pastel de chocolate? Yo, sin lugar a duda, me decantaría por los primeros menús (las espinacas, la dorada, el vino tinto y la cuajada), no sólo por su mayor contenido nutricional sino porque encuentro mayor placer gastronómico en ellos. Además están los procesos metabólicos y las posibles alteraciones hormonales que se generan con cada una de estas comidas; nada que ver la opción primera (espinacas, dorada, un poquito de vino tinto y cuajada natural) con la segunda (espaguetis con nata, croquetas, refresco y pastel de chocolate).

No defiendo ninguna tendencia nutricional existente y de todas las que conozco saco conclusiones positivas y negativas. No estoy a favor de las dietas disociadas, ni de la macrobiótica, ni de la dieta “mediterránea” (que cada uno interpreta a su manera), ni del vegetarianismo, ni de la dieta de la zona, ni la de los puntos, ni la de los siropes, ni de las dietas por intercambios, ni la de la paleodieta, ni de las dietas hipocalóricas, ni de la dieta de la piña, ni la dieta de la alcachofa, ni la del abecedario, ni la de algún famoso conocido, ni la de la luna, ni la de las setas shiitake, ni la de “la próxima temporada”, simplemente estoy a favor de una alimentación basada en la formación no manipulada y en el sentido común, donde las diferencias en la elección de los diferentes macronutrientes dependerá de variabilidades individuales y del estilo de vida personal. Una “dieta” debe ser completa nutricionalmente, variada, suficiente, equilibrada, adecuada, inocua y adaptada a las características individuales y al estilo de vida de quien la lleva a cabo. Personalización y Educación Nutricional, no hay más.

Mi labor es instruir en materia de Nutrición y en este vídeo que es un pequeño resumen de una charla que se dio en el Ayuntamiento de Salinas el día 8 de febrero se muestra la idea de lo que para mí es “Comer Bien”. Espero que entendáis mi postura.

Y para quien no tiene tiempo de realizar ejercicio porque no dispone de tiempo para acudir a un Gimnasio, siempre hay opciones para trabajar en la propia casa y realizar algunos de los ejercicios que aquí se muestran, pues está más que demostrado que los beneficios del entrenamiento regular de fuerza son innumerables.

Desearos a todos lo mejor.

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