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Personas refugiadas

Así son las horas previas a huir de Siria

Hamad, casado y padre de tres hijos, detalla a Diario de Navarra los motivos de un viaje a Europa que emprendió el 17 de junio en busca de refugio. Las mafias exigen 8.000 dólares.

Ampliar PAN, ÚNICO ALIMENTO DEL DÍA. La imagen la tomó Hamad el martes 14 al amanecer.
PAN, ÚNICO ALIMENTO DEL DÍA. La imagen la tomó Hamad el martes 14 al amanecer cedida
Actualizado el 26/06/2022 a las 12:10
Dos latas de sardinas, una botella de agua, ropa de cambio, un forro polar, un cargador, una batería, documentación, una tarjeta de móvil cargada de recuerdos y los 8.000 dólares que le exigen las mafias para poder viajar a Europa. Esto es lo que Hamad, de 30 años, metió en la mochila antes de escapar de Siria el viernes 17 de junio. Lo hizo de noche, evitando la seguridad. Se despidió de su mujer y tres hijos (2 niños y 1 niña), les prometió que se verían pronto, en Holanda, y partió hacia la ciudad de Azaz, a 5 kilómetros de la frontera con Turquía y 50 de Alepo. De allí se adentró ilegalmente en territorio turco, quedando en manos de nuevos tratantes de seres humanos. Solo desde Azaz, el coste del transporte fue de 450 dólares.
Mochila de Hamad preparada para el viaje hacia Europa.
Mochila de Hamad preparada para el viaje hacia EuropaCEDIDA
Pero, ¿por qué huir después de 11 años de guerra? Hamad y su familia forman parte de los siete millones de desplazados sirios que por diferentes motivos optaron quedarse en su país. En su caso, porque pensaron que la vida les cambiaría a mejor. En este contexto de espera y esperanza, los hijos dejaron de crecer. La malnutrición severa sacude a la población infantil por culpa del conflicto, más de dos años de pandemia, el recrudecimiento de las sanciones económicas impuestas por Occidente y ahora las consecuencias de la invasión de Rusia en Ucrania. Al igual que millones de niños y niñas sirios, que solo conocen el sonido de la guerra, los hijos de Hamad han nacido en las entrañas de un edificio reventado. Sin agua potable, sin alimentos, sin electricidad, sin juegos, sin educación, sin futuro. Por eso tomó la decisión de huir.
TRES DE LA MADRUGADA
El 20 de junio se conmemoró la “fuerza y el coraje” de las personas que se han visto obligadas a abandonar su hogar para escapar de conflictos o persecuciones, recuerdan un año más desde ACNUR. “Este Día Mundial del Refugiado es una ocasión para fomentar la empatía hacia estas personas. Esta fecha permite reconocer su capacidad de resiliencia de reconstrucción de sus vidas”. Por este motivo, con el objetivo de conocer las horas previas de un viaje a vida o muerte, Diario de Navarra se puso en contacto con Hamad. Este es su relato, horas antes de dejar atrás su familia, su casa, su país. El sábado 18 de junio su móvil dejó de recibir mensajes.
“Querido hermano, no puedo más. Hoy he ido a la panadería a las tres de la madrugada para comprar pan y he tenido que esperar cuatro horas”, arrancaba su primer mensaje, enviado el martes 14 de junio. “A las siete regresé con el pan justo para mis hijos y mis padres. Cuando camino sorteo los escombros de los edificios destruidos por los combates. Hay pobreza, hambre, guerra por todos los lados. Ni siquiera tenemos agua potable. El Gobierno no nos puede proporcionar pan, luz, esperanza. El agua llega a los hogares a través de la red pública dos días a la semana. La miseria se extiende. La vida está cargada de sufrimiento. No puedo más, en unos días marcharé en busca de futuro para mi familia”.
En su huida, Hamad se echó a andar con un grupo de conocidos. Su objetivo es llegar a Holanda. Una vez allí buscarán la reunificación familiar. “Es mejor sufrir dos o tres meses entre bosques, ríos y mar que vivir aquí más años. Aquí, en Siria, la vida está llena de sufrimiento. El dolor de un mes o tres meses es mejor que el dolor durante años. El dolor de lo desconocido. No tenemos suficiente pan, y conseguirlo es difícil. Nuestra dieta solo depende del pan y de algo de verdura. No podemos comprar carne o pollo porque es muy caro. La gente se está volviendo loca. Muchas personas se están volviendo locas por no poder alimentar a su familia o porque no pueden continuar con sus estudios”, proseguía escribiendo. “En mi caso, además de estudiar en la universidad también trabajo a tiempo parcial de cualquier cosa. Pero la falta de electricidad nos impide trabajar y a esto se suma el alto tipo de cambio del dólar”.
SU ÚLTIMO MENSAJE
El jueves 16, al anochecer, Hamad dejó de escribir. “Todos sentimos resentimiento, frustración y arrepentimiento por no haber salido con la primera tanda de refugiados. Lamento haber hablado mucho. Me siento perturbado por esta vida aquí. Soy una persona ambiciosa, pero cuando no puedes asegurar las necesidades más básicas... Imaginen por un momento que no puede conseguir un poco de pan que ofrecer a sus hijos o no pueden obtener electricidad. Que no pueden aliviar el calor del verano o el frío del invierno. Imaginen un instante que no tienen gasolina o dinero para comprar una computadora personal, un teléfono o lo más esencial para el hogar. Que no llega el agua potable a casa. Piensen lo que significa vivir sin baño. Un agujero en el suelo es todo. Me pregunto cada día cuánto tiempo más seguiremos así. Por favor, solo pedimos una oportunidad. Lamento mucho no haber huido al comienzo de la guerra”, insistía.
“Vivía con esperanza, pero no la hay. Realmente a veces me canso cuando miro a mi alrededor, somos un país aislado, prefiero vivir en Ucrania a la sombra de esa guerra que está ocurriendo ahora allí, pero con todo eso los ucranianos están viviendo una vida mejor que la nuestra. Hermano, me estoy comunicando con un amigo ucraniano. Estoy viendo sus fotos. La electricidad está ahí. La rueda de la vida continúa para ellos, a pesar de las bombas... Este viaje hacia Europa, a pesar de sus riesgos, sigue siendo menos peligroso que quedarse aquí y vivir en medio de lo desconocido. Vale la pena intentar vivir. Vale la pena intentarlo”.
Una semana después, jueves 23, Hamad volvió a contactar con Diario de Navarra. Había conseguido entrar en la ciudad turca de Izmir, donde espera para embarcar ilegalmente hacia Grecia. Sigue en manos de las mafias.

El salario medio en Siria hoy es de 85 mil libras sirias al mes (21 dólares)

Antes de la guerra, oscilaba entre 200 y 400 dólares. Un pequeño generador para dos luces y cargar un teléfono se ha convertido en 20 mil libras sirias por semana. No puedes cocinar o calentar agua con este pequeño amperaje... Quemamos plásticos y zapatos viejos para obtener un poco de energía. El precio de un pollo a la parrilla en 2010 era de 150 libras sirias y hoy de 30 mil. En 2010, 1 litro de diesel costaba 20 libras sirias y hoy está entre 4.000 y 5.000 libras sirias en el mercado negro”.
Mochila de Hamad preparada para el viaje hacia Europa.
Mochila de Hamad, preparada para el viaje hacia Europa CedidA
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