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James Monroe presidente una reunión del Gabinete en 1823.

El Partido Demócrata-Republicano y la hidra de cuatro cabezas (1824)

Cuatro candidatos del mismo partido pelearon por la presidencia de Estados Unidos en 1824, ninguno obtuvo la mayoría y fue la Cámara de Representantes la que tuvo que elegir al vencedor

12/09/2020 a las 00:00

FICHA
Elección presidencial: décima
Fecha: 26 de octubre al 2 de diciembre de 1824
Habitantes inscritos: 1.359.974
Votantes: 365.833
Estados: 24
Colegio electoral: 261 votos (131 necesarios)
Andrew Jackson: votos, 151.363. Votos electorales: 99
John Quincy Adams: votos, 113.142. Votos electorales: 84
Henry Clay: votos, 47.545. Votos electorales: 37
William H. Crawford: votos, 40.856. Votos electorales: 41                                                                                                                                                                                                 

En el reportaje correspondiente a las elecciones de 1820 señalamos que el Pánico de 1819 no había afectado a dichos comicios. Quizá era demasiado pronto. La crisis económica se había desatado debido a la especulación hipotecaria y a la subsiguiente carencia de crédito, y sus efectos se habían extendido paulatinamente, como una onda expansiva. En un primer momento quizá solo una minoría entendió -y sufrió- la gravedad del problema, pero con el paso del tiempo la depresión afectó a todos los estratos de la sociedad. Así, a lo largo del segundo mandato de Monroe el panorama socioeconómico se oscureció y cuando llegó la hora de volver a votar, en 1824, la lucha política recobró el protagonismo que había perdido durante los años de bonanza.

El presidente, James Monroe, honró la tradición de no aspirar a más de dos mandatos, pero eso planteó la cuestión de quién sería su sucesor. El propio Monroe abogó por el secretario del Tesoro, William H. Crawford, y si el país no hubiera entrado en un periodo de turbulencias, Crawford debería haber ganado por el simple hecho de ser el delfín del presidente en ejercicio. Pero el ecosistema de aquellos comicios no era propicio para la continuidad, de manera que cuando se abrió la carrera por la Casa Blanca, no faltaron caballos en aquel "derby". Como si la ausencia de pelea electoral durante los ocho años anteriores hubiera sido una especie de tapón, de repente brotó una miríada de candidatos.

Crawford era quizá el más legítimo de todos al haber sido nominado por el caucus del Partido Demócrata-Republicano en el Congreso. Sin embargo, en 1823 había sufrido un derrame cerebral. Logró recuperarse, pero solo había pasado un año de aquel episodio y existía cierta preocupación acerca de su salud. Esto animó a que varios personajes de máxima relevancia dentro del Partido Demócrata-Republicano obviaran el trámite del caucus. Se dejaron aupar por diversas legislaturas estatales y con ese aval se presentaron como aspirantes a la presidencia. Estos hombres fueron el secretario de Estado, John Quincy Adams; el secretario de Guerra, John C. Calhoun;  el presidente de la Cámara de Representantes, Henry Clay, y el general Andrew Jackson.

Realmente eran cinco nombres de peso. John Quincy Adams había descollado en el terreno diplomático y se le consideraba el artífice tanto de la adquisición de la Florida (tratado Adams-Onís) como de las bases de la Doctrina Monroe. Además, era hijo de John Adams, segundo presidente de Estados Unidos. Calhoun no presentaba una hoja de servicios tan impresionante, aunque había cumplido con fidelidad las directrices de Monroe y se había encargado de manejar la relación con los indios, para lo que fundó en 1824 el célebre Departamento de Asuntos Indios. Pronto se dio cuenta de que no podía competir por ganar y se contentó con aspirar a la vicepresidencia de la mano de Adams... y también de Jackson. Aunque pueda resultar curioso, esa duplicidad estaba permitida.

Henry Clay, por su parte, había sido uno de los principales "halcones de la guerra" antes de la contienda contra Gran Bretaña de 1812. Y después se había convertido en la "eminencia gris" del Congreso, el hombre fuerte en la sombra: sus maniobras habían sido decisivas para la aprobación del Compromiso de Missouri. Era un político de vocación y recursos, además del orgullo de su Kentucky natal; sin embargo, sus logros no resultaban tan impresionantes a ojos del votante medio como los de Adams o Jackson.

Andrew Jackson era, desde luego, el candidato más popular, entendiendo este término con todo el tinte peyorativo que pudiera tener en aquella época. Él mismo se jactaba de ser un hombre llano, distinto a la aristocracia política que había dominado Estados Unidos durante los primeros cuarenta años de su existencia. El pueblo le adoraba por ello. Además, había acumulado triunfos militares resonantes -y más bien rudos- desde 1812 contra británicos, españoles e indios, lo cual le convertía en lo más parecido en ese momento a un héroe de guerra. 

La renuncia de Calhoun aclaró muy poco el panorama. Todavía quedaban cuatro candidatos fuertes. Los cuatro de un mismo partido, el Demócrata-Republicano, pero presentaban raíces y perfiles distintos: John Quincy Adams, de Massachussetts, representaba al norte; Crawford, a la tradición virginiana; Clay, al pujante Kentucky; y Jackson, de Tennessesse, al bravo Oeste. La tradicional dicotomía Norte-Sur quedó desdibujada con este panorama y se vivieron unos comicios de resultado incierto y realmente apasionantes, como refleja el aumento de más del 16% en la participación.

Jackson acumuló el mayor número de votos populares y electorales, pero no alcanzó la mayoría. Sumó 99 de los 131 necesarios para ser investido presidente. John Quincy Adams quedó segundo con 84; Crawford, tercero con 41; y Clay fue último con 37. Calhoun, que formaba parte de las candidaturas de Adams y Jackson, sí se aseguró la vicepresidencia con 182 votos electorales.

La Constitución y la XII Enmienda establecían que la Cámara de Representantes debía designar al presidente entre los tres candidatos más votados mediante el sistema de "elección contingente". El mecanismo ya se había puesto en práctica para romper el empate entre Thomas Jefferson y Aaron Burr, en 1800, y en aquella ocasión habían sido necesarias más de treinta votaciones para desbloquear la situación. Esta vez no resultó tan farragoso. Clay había quedado fuera la carrera por la presidencia y apoyó a John Quincy Adams. La Cámara de Representantes era su territorio y logró que muchos otros le imitaran. Así, Adams se impuso en la votación decisiva: recibió 13 votos de los 24 estados; Jackson se quedó con 7 y Crawford con 4. Por primera vez en la historia de Estados Unidos, el hijo de un expresidente alcanzaba el puesto más alto del poder ejecutivo, circunstancia que no volvería a repetirse hasta el mandato de George W. Bush, en 2001.

La lupa: el glorioso viaje del marqués de Lafayette

En 1824 solo quedaban dos años para la celebración del 50 aniversario de Estados Unidos. El presidente Monroe, en sus últimos meses en el sillón presidencial, ideó una manera de conmemorarlo: invitó a pisar suelo americano de nuevo a uno de los héroes más significativos de la Guerra de Independencia, el marqués de Lafayette. El aristócrata francés, símbolo de la lucha libertaria, había cumplido ya 66 años. Su vida había sido muy agitada en las décadas que habían transcurrido desde su participación en la Revolución Americana, a la par que la de su país, Francia, pero su prestigio en Estados Unidos permanecía incólume.

Lafayette aceptó la invitación de Monroe y durante meses se paseó por cada uno de los estados de ese país que tanto había crecido desde los tiempos de la Rebelión de las Trece Colonias. Cada uno de las grandes ciudades rivalizó por agasajarle del modo más espectacular posible y aquel recorrido se convirtió en todo un acontecimiento. 

El antiguo general visitó la tumba de su amigo George Washington y se reunió con sus antiguos camaradas -y presidentes de Estados Unidos- John Adams y Thomas Jefferson. También se reencontró con los escenarios de algunas de las batallas de la Guerra de Independencia, como Bunker Hill, donde cogió un puñado de tierra para que a su muerte fuera arrojado sobre su tumba. Asimismo, durante su periplo coincidió con la celebración las elecciones de 1824, lo que le permitió estar presente en el solemne momento en que Andrew Jackson reconoció el triunfo de John Quincy Adams. El general Jackson le tendió la mano a su rival precisamente delante del legendario héroe de la Revolución en la Casa Blanca.

Glosario: 

"ELECCIÓN CONTINGENTE": La expresión "contingent election" define en la política estadounidense al procedimiento, recogido en la Constitución (Artículo 2, Sección 1, Cláusula 3) y aclarado por la XII Enmienda de 1804, para elegir al presidente y al vicepresidente del país en el caso de que ninguno de los candidatos alcance la mayoría de votos electorales. La Cámara de Representantes se encarga de designar al presidente mientras que el Senado hace lo propio con el vicepresidente. 

Este mecanismo solo ha tenido que utilizarse tres veces a lo largo de la historia de Estados Unidos y solo dos tras la aprobación de la XII Enmienda. Una de esas ocasiones sirvió para que, en 1824, John Quincy Adams arrebatara la presidencia al candidato que había logrado más votos electorales, Andrew Jackson.


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