Jefferson-Burr o la crisis por un empate (1800)
AmpliarAmpliar
Jefferson-Burr o la crisis por un empate (1800)

CerrarCerrar

Jefferson-Burr o la crisis por un empate (1800)

Dos candidatos de un mismo partido y que sobre el papel no competían entre sí, Thomas Jefferson y Aaron Burr, pusieron en jaque las debilidades del sistema estadounidense al empatar en los comicios de 1800

Javier Iborra

Actualizado el 06/09/2020 a las 00:00

 

FICHA

Elección presidencial: cuarta

Fecha: 31 de octubre al 3 de diciembre de 1800

Habitantes inscritos: 208.303

Participación: 67.282

Estados: 16

Colegio electoral: 138 votos (70 necesarios)

Thomas Jefferson: Votos electorales, 73

Aaron Burr: Votos electorales, 73

John Adams: Votos electorales, 65

Charles Pickney: Votos electorales, 64

Discurso de investidura de Thomas Jefferson (en inglés)                                                                                                                                                                                                              

 

Las elecciones de 1800 debían haber sido un nuevo asalto en la rivalidad entre John Adams y Thomas Jefferson. Un duelo que se presentaba igualado e interesante, pero que desde luego no era una cita llamada a ocupar un lugar destacado en la historia de Estados Unidos. Sin embargo, una circunstancia imprevista, un empate que nadie deseaba entre Jefferson y Aaron Burr, dos compañero de candidatura -y, en teoría, no rivales-, pusieron de manifiesto las deficiencias del sistema electoral estadounidense y supusieron una prueba de "estrés" para el tradicional sentido práctico que ha dominado la manera de entender la política en ese país.

El 3 de diciembre, 138 miembros del Colegio Electoral de Estados Unidos se reunieron para votar y elegir a los dos cargos principales del país: al presidente y al vicepresidente. Tenían libertad de voto, pero en la práctica debían cumplir con el mandato emanado de los votantes de sus respectivos estados. El resultado se preveía igualado entre los dos partidos que luchaban por el poder: los Demócrata-Republicanos y los Federalistas; de hecho, el Colegio Electoral estaba dividido casi por la mitad. Y cada elector podía emitir dos votos a dos candidatos diferentes, pero para un solo cargo, el de presidente. No había opción de votar a nadie para vicepresidente; el segundo clasificado en la votación general recibía ese puesto a modo de consolación. La Constitución, en ese sentido, pecaba de cierto idealismo. Se esperaba que las resoluciones del Colegio Electoral estuvieran presididas por la caballerosidad, la razón y la búsqueda del bien común, no por las pasiones o los intereses particulares, de manera que elegir al mejor de entre los candidatos resultara fácil, casi unánime. Y que el segundo de entre los más brillantes obtuviera la recompensa de ser vicepresidente aparecía como un hecho igualmente natural. Esta ingenuidad iba a causar problemas.

El planteamiento descrito, que a los ojos de un lector actual sorprende por su escasa "finesse", había funcionado en las tres primeras elecciones presidenciales. En la cuarta, sin embargo, encalló. Todos los electores, menos uno, votaron en bloque. Los Demócrata-Republicanos, a sus candidatos: Thomas Jefferson -teórico cabeza de cartel- y Aaron Burr. Los Federalistas, a los suyos: el presidente saliente Adams y Charles Pinckney (no confundir con Thomas Pinckney, candidato en 1796). Así, Jefferson obtuvo 73 votos, ¡pero Burr recibió los mismos! Adams se quedó en 65 y Pinckney, quizá porque el Partido Federalista ya había contemplado la opción del empate, sumó 64.

De resultas de esta votación dos candidatos del mismo partido contaban con la misma legitimidad para ser investidos como presidente de Estados Unidos. La decisión de cuál de los dos sería el elegido no les correspondía a ellos, ni al Colegio Electoral, ni a su propio partido, que sin duda se hubiera decantado por Jefferson. La última palabra le correspondía a la Cámara de Representantes. El problema era que si el partido derrotado contaba con la fuerza suficiente en la Cámara, tenía en su mano echar cuentas y forzar un empate. Y eso es exactamente lo que ocurrió. El partido Demócrata-Republicano podía haberlo roto dando la presidencia a Burr, pero aquello hubiera ido en contra del plan con el que se había presentado a las elecciones y, además, hubiera supuesto una humillación para Jefferson. Hicieron falta 35 empates hasta que, el 17 de febrero de 1801, los Federalistas dieron su brazo a torcer y la Cámara se decantó por Jefferson. Curiosamente, el hombre fuerte del partido de la oposición, Alexander Hamilton, movió hilos para hacerlo posible (el relato de este proceso aparece reflejado en la novela 'Burr', de Gore Vidal, publicada en 1973).

Como resultado de todo este terremoto político la Constitución había quedado en evidencia. No obstante, el sincero interés por mejorar las bases de la incipiente democracia estadounidense propició que el remedio llegara con celeridad. Antes de las siguientes elecciones, el 25 de septiembre de 1804, entró en vigor la Duodécima Enmienda tras ser aprobada por las dos cámaras del Congreso y los estados miembros. En ella se establecía que el Colegio Electoral debía votar por separado a los dos principales puestos de la Administración.

Pero, volviendo a 1800, ¿por qué John Adams no consiguió un segundo mandato? Lo cierto es que sus cuatro años de gobierno tuvieron luces en política exterior y sombras en la interior. Y en Estados Unidos, generalmente, es la política doméstica la que decanta la balanza.

A finales del siglo XVIII, Estados Unidos y Francia, los antiguos aliados, se vieron envueltos en un conflicto bélico de baja intensidad: la llamada “semi-guerra”. Las propias razones que les empujaron a la lucha son relativamente difusas y tienen que ver con los vericuetos de la diplomacia. Y como la guerra no lo fue del todo en serio se lidió únicamente en el mar. De todos los encontronazos hubo uno que ganó especial fama, la captura de la fragata francesa L'Insurgente por parte del buque Constellation, y la impresión general fue que Estados Unidos había salido victorioso de aquella “semi-guerra”. A finales de septiembre de 1800, justo antes de las elecciones, Estados Unidos firmó con Napoleón el Tratado de Mortfontaine y la lucha llegó a su fin.

Adams pudo haber salido reforzado de este triunfo, pero no lo hizo. Dentro de su propio partido, el Federalista, había voces que le acusaban de tibio y abogaban por una guerra abierta contra Francia. El tratado de paz terminó de ponerles en contra del presidente.

Por otro lado, Adams impulsó una serie de leyes internas (de Extranjería y Sedición) que restringían las libertades y, además, complicaban la naturalización de los inmigrantes. No fueron bien recibidas en todas partes y la oposición Demócrata-Republicana se movilizó para proclamar su inconstitucionalidad.

En este clima, las elecciones de 1800 se presentaban como una auténtica incógnita. Thomas Jefferson repetía como candidato de su partido y también lo hacía Adams del suyo. Cambiaron, eso sí, sus acompañantes: Aaron Burr y Charles Pinckney, respectivamente. Pero mientras los Demócrata-Republicanos eran una fuerza cohesionada y consolidada, con un vivero asegurado de votos en los estados del sur, los Federalistas se deshilachaban en enfrentamientos personalistas (entre Adams y Hamilton) e ideológicos (acerca de la "semi-guerra" contra Francia). Así, los Demócrata-Republicanos vencieron, pero lo hicieron por tan escaso margen que se considera que les ayudó decisivamente el Compromiso de los Tres-Quintos (ver Glosario), un acuerdo que se había firmado años antes y que concedía al sur (abiertamente Demócrata-Republicano en la época) mayor peso electoral en proporción a su demografía respecto al norte (que era mayoritariamente Federalista).

"ADAMS AND LIBERTY": la canción "Adams and Liberty", que sirvió para apoyar el intento de John Adams de conservar la presidencia en las elecciones de 1800, está considerada como la primera canción de campaña en la historia de Estados Unidos. La letra fue obra de Robert Treat Paine y la melodía se basó en "To Anacreon in Heaven", que más adelante inspiró el futuro himno nacional. 

La lupa: la captura de L'Insurgente
Si el lector quiere trasladarse con la imaginación a los hechos que aparecen hoy bajo "La lupa", puede apoyarse en la excelente película "Master and Commander", del director Peter Weir: la misma época, el mismo espíritu. Con las imágenes de ese film en el recuerdo se comprende mejor la fascinación que provocaba el combate naval en las mentes de la gente de aquel tiempo y el hecho de que fuera considerado un tipo de duelo caballeresco, émulo de las justas medievales, en el que el honor de todo una país estaba en juego.

En el marco de la "semi-guerra" entre Estados Unidos y Francia se produjo un combate singular, un encuentro cara a cara, entre dos fragatas: la USS Constellation y L'Insurgente. Ocurrió el 9 de febrero de 1799, cerca de la Isla Nieves, en el Caribe. Al mando del barco americano estaba el comodoro Thomas Truxtun, enviado a la zona con la misión de lanzarse a por cualquier barco francés armado con el que se topara. Cuando localizó a L'Insurgente, no tuvo dudas y atacó. Su rival se defendió y entre ambas entablaron un intenso cañoneo, incluso de mosquetes, que se prolongó durante más de una hora. Finalmente, L'Insurgente se rindió y fue capturada. La Armada de los Estados Unidos acababa de lograr la primera victoria de su historia.

Glosario:
"COMPROMISO DE LOS TRES-QUINTOS": El Compromiso de los Tres Quintos marcó la política estadounidense desde 1787 hasta la Guerra Civil Americana (1861-1865), ya que estableció una solución -débil e inestable, pero solución al final y al cabo- a la rivalidad entre los estados contrarios a la esclavitud y los partidarios de mantenerla.

La cuestión a resolver trataba sobre la representatividad de los esclavos. Como el censo determinaba el número de congresistas por estado en la Cámara de Representantes, los del norte se oponían a que los esclavos contaran en ese censo (ya que ellos mismos carecían de esclavos). Al mismo tiempo, los representantes de los estados del sur, que de ningún modo hubieran aceptado conceder derechos a los esclavos, reclamaban en un ejercicio de flagrante hipocreía que sí se computara a esta población en el total.

La controversia se zanjó en la Convención Constitucional de 1787: los estados sureños renunciaron a que todos los esclavos sumaran en el censo, a cambio de obtener un tercio más de congresistas y de votos electorales de los que les correspondería con el censo de ciudadanos libres. A efectos prácticos, este acuerdo dio a los estados del sur cierta primacía política, a pesar de que su población libre estaba en minoría -y lo estaría más con el discurrir de las décadas- respecto al norte, si bien se vio un tanto mitigada con otros acuerdos que formaron parte del conocido como Gran Compromiso, firmado también en ese crucial año 1787.

 

 

 

 

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora