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Madison repite triunfo en las primeras elecciones en guerra (1812)

Madison repite triunfo en las primeras elecciones en guerra (1812)

El presidente James Madison metió a Estados Unidos en un conflicto contra Gran Bretaña para el que su país no estaba preparado, pero aun así fue capaz de ganar las elecciones

09/09/2020 a las 00:00

FICHA:
Elección presidencial: séptima
Fecha: 30 de octubre al 2 de noviembre de 1812
Habitantes inscritos: 690.064
Participación: 278.786
Estados: 18
Colegio electoral: 217 votos (109 necesarios)
James Madison: Votos electorales, 128
DeWitt Clinton: Votos electorales, 89                                                                                                                                                                                                                     

 

El presidente James Madison había sido el redactor de la Constitución de Estados Unidos y de las diez primeras enmiendas, la célebre Carta de Derechos. Su prestigio como "Padre de la Constitución" era incontestable en la época y podía estar bastante seguro de que aquella brillante contribución le reservaba un hueco en los libros de Historia. Sin embargo, cuando se asentó en la presidencia del país, en 1809, su ambición le empujó a reunir más méritos. Sus predecesores eran Washington, Adams y Jefferson, ni más ni menos, y sin duda la sombra de estos gigantes debía impresionarle. Así, desoyó los consejos de Jefferson, que había evitado la guerra por todos los medios; él, Madison, no estaría dispuesto a transigir con humillaciones en el campo diplomático que achicaran su ya de por sí exigua figura (media 1,63 metros). Preparó al país para la lucha e inició el necesario rearme, pero sobrevaloró el potencial de sus ejércitos y condujo a Estados Unidos a una guerra contra Gran Bretaña con sorprendente ligereza y falta de responsabilidad.

Desde luego, el embargo comercial decretado por el gobierno de Jefferson no solo no estaba funcionando, sino que se había revelado contraproducente para los intereses de los comerciantes del norte de Estados Unidos. Hubo movimientos en las cancillerías para suavizarlo, pero resultaron estériles porque Gran Bretaña siguió empeñada en bloquear a Francia. Desde Estados Unidos se sospechaba que esa obstinación era una suerte de revancha en contra de sus antiguas colonias

Por otra parte, en el Territorio de Indiana, al oeste de Ohio, había problemas con los indios. Un líder shawnee, Tecumseh, y su hermano Tenskwatawa, un hechicero conocido como "el Profeta", lograron crear una confederación de tribus y convencerla de que podían oponerse a los colonos estadounidense. En 1811 se inició una rebelión y el gobernador de Indiana, William Henry Harrison, reaccionó con firmeza. Se produjo una batalla importante, la de Tippecanoe, en la que los indios fueron derrotados aunque no vencidos del todo: durante los años siguientes prosiguieron con la lucha. Según la opinión pública de Estados Unidos, la repentina beligerancia de los indios solo podía explicarse porque estuvieran recibiendo subrepticiamente el apoyo de Gran Bretaña y esto alimentó el malestar en contra de los ingleses. Una razón más se sumaba así a las circunstancias que conspiraban para conducir a ambos países a la guerra.

En aquel caldo de cultivo se celebraron las elecciones al Congreso de mitad de la legislatura, en 1810, y en ellas cobraron protagonismo un puñado de políticos especialmente beligerantes, partidarios de una política exterior agresiva. Fueron llamados los "halcones de la guerra", aunque no formaban un grupo definido ni tenían un líder claro.  Su exponente más ruidoso era Henry Clay, un joven que protagonizó una ascensión meteórica, ya que solo un año después de entrar en el Congreso, en 1811, consiguió ser elegido para el prestigioso cargo de presidente de la Cámara de Representantes. Desde esa posición, presionó y maniobró para que Estados Unidos se lanzara a la guerra contra Gran Bretaña. Sus anhelos no tardaron en hacerse realidad.

A mediados de 1812, Madison pensó que las negociaciones con Londres solo conducían a un callejón sin salida. El primer ministro inglés, Spencer Perceval, había mostrado buena voluntad en los meses anteriores, pero de improviso la comunicación diplomática con Londres se cortó. Estados Unidos entendió que el silencio equivalía a una negativa a sus peticiones y declaró la guerra. Días después terminó de cruzar el charco la noticia de que Perceval había sido asesinado por un hombre con problemas mentales, lo cual explicaba la demora a la respuesta; sin embargo, ya era tarde para desandar el camino recorrido. Nadie podía detener la guerra.

En paralelo, hubo otro asunto que tuvo influencia tanto en el conflicto bélico como en las elecciones de 1812. Y, desde luego, en la prosperidad del país. Fue la renovación del Banco de los Estados Unidos. En 1811 cumplía 20 años de existencia y necesitaba la aprobación del Congreso para ser renovado. Madison era un Demócrata-Republicano y estaba convencido de que la existencia de ese banco era un rasgo del centralismo que había dominado la Administración durante los mandatos de Washington y Adams. Justo lo contrario a lo que él y su partido propugnaban. Denegó la licencia y Estados Unidos se quedó sin banco central, lo cual debilitó al país a la hora de acumular recursos para la contienda y, además, molestó a los comerciantes e industriales del norte. La brecha ideológica entre el norte y el sur seguía ampliándose.

Estas tensiones se reflejaron en el caucus del Partido Demócrata-Republicano. Con la guerra en ciernes, Madison se presentó a la reelección, pero la rama norteña del partido estaba descontenta y le buscó una alternativa. El vicepresidente George Clinton, que era de Nueva York, hubiera sido el elegido pero había fallecido en abril de 1812. No obstante, de un modo que recuerda a los usos aristocráticos, su prestigio recayó en uno de sus sobrinos, DeWitt Clinton, y este fue designado para enfrentarse a Madison. En el caucus no podía vencerle, así que ahí no hubo batalla finalmente. Sin embargo, quedaba partido.

Los Federalistas, que tampoco tenían opciones de desbancar a Madison por sí solos y, además, verían con buenos ojos a un presidente surgido en los estados industriales del norte (DeWitt Clinton procedía de Nueva York; Madison, de la sureña Virginia), pensaron en unir sus fuerzas con los disidentes Demócrata-Republicanos. Para ello solo tenían que renunciar a presentar un candidato propio en las elecciones y apoyar a DeWitt Clinton. Así lo hicieron, de manera que Madison y DeWitt Clinton, dos miembros del mismo partido político (aunque de algún modo representantes del norte y del sur, respectivamente), midieron sus fuerzas en los comicios de 1812.

A pesar de estas maniobras, Madison se impuso. Cuando se produjeron las votaciones, la guerra ya llevaba varios meses en marcha y con resultados no demasiado malos, de momento, para Estados Unidos. El presidente logró 128 de los 217 votos electorales y DeWitt Clinton se quedó en 89. La diferencia era estrecha y más aún lo fue en cuanto al voto popular (50%-47%). Así, el país encaraba la primera guerra importante desde su independencia bajo la amenaza de la división, pero el sorprendente devenir de la contienda arregló el problema, al menos por unos años.

La lupa: la independencia y anexión de la Florida Occidental

La compra de la Luisiana en 1803 fue una operación de envergadura gigantesca, pero límites difusos. Y no solo en el norte o en el oeste había dudas para definir hasta dónde se extendía ese territorio; en el este tampoco había un consenso indiscutible. En concreto, la zona del golfo de México que quedaba justo al este del río Mississippi entró en disputa.

La zona pertenecía a España, pero su presencia era testimonial en aquel territorio pantanoso y se limitaba al control de una serie de puertos -fluviales o marítimos- estratégicos (Baton Rouge, Biloxi, Mobile...). Además, la abdicación forzosa de Carlos IV había dejado al Imperio español sin rey y la subsiguiente Guerra de Independencia había complicado la situación. El control de las colonias era entonces más ligero que nunca.

Mientras España negociaba con Estados Unidos, este país llevó a la práctica una táctica que posteriormente repitió hasta la saciedad a lo largo del siglo XIX. Dejó que sus colonos se infiltraron en territorio extranjero y esperó pacientemente hasta que estos reunieron la fuerza suficiente. Después, los colonos elevaron quejas en contra del gobierno del lugar, removieron el caldo del descontento y al final saltó la chispa de la rebelión. Nadie, a lo largo de todo este proceso, podía acusar a Washington de haberlo instigado de ninguna manera. En el caso de la Florida Occidental, ocurrió eso exactamente. Y  las autoridades españoles no pudieron hacer nada para sofocar el levantamiento. Los colonos estadounidenses, entonces, proclamaron la República de la Florida Occidental en 1810 en los distritos de Baton Rouge y Biloxi. 

Estados Unidos, con la excusa de que el lugar generaba inestabilidad, no reconoció la independencia de esa república y la anexionó directamente al territorio de Orleans. Así, solo el distrito de Mobile permaneció en manos españolas. Y no por mucho tiempo. Durante la guerra de 1812 Estados Unidos consideró que España era aliada de Gran Bretaña y, por tanto, su enemigo: bajo este pretexto, una columna atacó y tomó el fuerte de Mobile, anexionando el último distrito de la Florida Occidental al territorio de Mississippi.

Glosario

"GERRYMANDER": Elbridge Gerry, gobernador de Massachusetts y candidato a la vicepresidencia en las elecciones de 1812, dio nombre a una práctica política de moralidad discutible, pero extenso e intensivo uso incluso hasta en nuestros días. La expresión "Gerrymander" surge de la unión entre Gerry, apellido del citado político, y salamandra ("salamander" en inglés) y nació de la inventiva de un director de periódico. Este estaba escandalizado por la arbitraria reorganización de distritos que había llevado a cabo el gobernador Gerry durante su mandato: les había dado extrañas y antinaturales formas solo con el objetivo de maximizar sus posibilidades electorales. Cuando aquel director de periódico vio los nuevos distritos en el mapa, le recordaron a la silueta de una salamandra y criticó esa utilización de los resortes de la Administración a conveniencia por parte de un político sin saltarse la ley, pero contraviniendo la ética. La calificó como "gerrymandering". Y desde entonces esa ocurrencia se ha seguido utilizando con este significado.

 

 

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