Sobre las oposiciones a maestro
Publicado el 23/07/2026 a las 07:24
El proceso de oposición suele vivirse como “una partitura rígida y fría”. Sin embargo, mi reciente experiencia me obliga a romper una lanza por la humanidad que habita tras las mesas de examen, especialmente en la especialidad de maestros de Música castellano. El pasado 20 de junio, bajo un “tempo” asfixiante de 40 grados, llegué al Aulario tras una “obertura” agotadora: una hora de viaje y una noche sin dormir con mis “pequeñas corcheas” de 6 meses y 3 años. Mi ánimo estaba en un “tono menor”, rozando el llanto. Pero allí, el Tribunal número 2 me recibió con una sonrisa que actuó como un “diapasón”, afinando mis nervios. Tras este día, vino el “segundo movimiento”. Durante la mañana de exposiciones, pequeños gestos -un cartel positivo, una botella de agua- resolvieron la “disonancia de la tensión”. En mi defensa, no me sentí examinada, sino en un dúo armónico entre colegas, compartiendo la pasión de quien construye “gigantes” imaginarios y “hojas de ruta” para motivar a su alumnado. Gracias, Tribunal 2, por valorar no solo el “compás” legal, sino la sensibilidad y el cuidado. Vuestra profesionalidad demostró que, antes que examinadores, somos músicos y personas. Ojalá vuestra empatía sea la “nota dominante” que resuene siempre en nuestro sistema educativo.