Editorial
Tantear el clamor de la calle
La vivienda también estuvo en el centro del debate del 15M; está por ver si con el tiempo provocará una revolución política de magnitud similar a la de entonces

Publicado el 04/10/2026 a las 05:00
En España se producen alrededor de 25.000 desahucios al año. En 2025 se registraron 67 diarios. Algunos provocan crítica social e incluso cierto escándalo; otros se suceden sin pena ni gloria. Sin embargo, de manera inesperada, un desahucio en particular ha desencadenado un vuelco de 180 grados en la política nacional. El lanzamiento judicial sobre la vivienda de Maricarmen ha creado las condiciones para una protesta general y nueva toma de la Plaza del Sol.
El caso evoca el 15M de 2011, con el que comparte diversas similitudes: la vivienda estaba en el centro del debate, las acampadas se prolongaron en el tiempo y todo ello ocurrió en las postrimerías de un Gobierno socialista agotado. Está por ver si con el tiempo provocará una revolución política de magnitud similar (el 15M auspiciaría años después la aparición de Podemos y la ruptura del bipartidismo).
De momento, ayer se produjeron cincuenta movilizaciones multitudinarias en toda España y todo apunta a que la crisis de la vivienda, principal problema de los españoles según el CIS desde diciembre de 2024, ha terminado de cristalizar y permanecerá en el candelero durante un tiempo. El enigma pendiente de resolver es quién saldrá políticamente exitoso de este proceso.
El Gobierno, acosado por múltiples crisis -Ceuta, los numerosos casos de corrupción, las derrotas parlamentarias, la incapacidad para aprobar Presupuestos, entre otros-, trata de aprovechar el rechazo social provocado por el caso Maricarmen -un caso, por lo demás, generoso en incoherencias e hipocresías- para instrumentalizar la causa de la vivienda y capitalizar el descontento social en forma de votos. La sospecha sobre una posible convocatoria anticipada de elecciones generales ya está en la calle.
Mientras el PSOE revisa apresuradamente los resultados de los análisis y encuestas que acaba de encargar, el presidente Sánchez sobrevuela la idea con una sola cosa en su mente: no si conviene a los españoles, tampoco si conviene a su partido; solamente si es de su exclusivo interés pulsar el botón de las elecciones o dilatar la agonía unos meses más.