Opinión
"Ha tenido que llegar el desahucio de la señora Maricarmen para que algunos obtusos vean más cerca el precipicio político de un gobierno tan polifónico como inoperante"

Publicado el 04/10/2026 a las 05:00
A estas alturas de la historia, a nadie se le escapa que el presidente Pedro Sánchez tiene una muy elevada opinión de sí mismo. Elevadísima. Tanto, que pensó que esto de meter en vereda a los secesionistas, con Junts a la cabeza, era coser y cantar. Ay, presidente, qué ingenuidad la suya. Hasta el peor jugador, mismamente el que suscribe, sabe que si enseñas tus cartas desde el inicio, la partida está perdida.
Tras las últimas elecciones, el prófugo Puigdemont y los suyos entendieron muy rápido que el único objetivo de Sánchez era mantenerse en la Moncloa a cualquier precio. Aunque para ello tuviera que hacer lo que dijo que no haría, y tragase y promoviese una Ley de Amnistía para exonerar a quienes pusieron Cataluña boca abajo y al Estado contra las cuerdas.
Aunque con ello sacara las vergüenzas de los poderes que aplicaron la ley con quienes pretendieron hacer de su capa un sayo... Todo por el sillón de la presidencia y por hacerse fuerte en Moncloa.
De aquellos barros vienen estos lodos. Puigdemont olió la ansias de poder sanchista desde el exilio de Waterloo, y lleva años apretando y haciendo bailar al Gobierno al son de la batuta secesionista. Hace tiempo que la legislatura está muerta, si es que alguna vez estuvo viva. Pero ha tenido que llegar el desahucio de la señora Maricarmen para que algunos obtusos vean más cerca el precipicio político de un gobierno tan polifónico como inoperante.
Han convertido el Congreso en un patio de colegio. Lo de tirar balones fuera, hoy con la vivienda, después de ocho años en el poder no cuela. Sopesa Sánchez ahora si convocar elecciones tras fracasar sus últimos decretos. Hará lo que más le convenga a él. No lo duden. Porque no está para dar lecciones a nadie quien ha tenido y tiene a la justicia acechando a su círculo más cercano, tanto del PSOE como de su familia. Es la historia de una legislatura que empezó la casa por el tejado, y que está a punto de derrumbarse.