Ser adoptada no es raro: es parte de mi historia

Bhabana Lana

Publicado el 29/05/2025 a las 07:27

Soy una chica de Nepal, el país de las montañas, y fui adoptada cuando tenía solo dos años por una familia de Pamplona, donde he crecido rodeada de amor. Mi nombre, que en nepalí significa “sentimiento”, refleja muy bien lo que soy y lo que represento: una historia llena de emociones, raíces diversas y mucho orgullo. Desde pequeña he sabido que soy adoptada, y nunca lo he vivido como algo extraño o tabú. Mis padres siempre han tratado este tema con naturalidad y sinceridad, respondiendo a nuestras dudas con cariño y respeto. En mi familia también está mi hermano, que fue adoptado en China. Nuestra historia puede parecer diferente, pero para nosotros es simplemente eso: nuestra historia. Sin embargo, no todo el mundo lo ve igual. A veces me sorprende cómo algunas personas reaccionan cuando descubren que soy adoptada. Hace poco, por ejemplo, ocurrió algo que me hizo reflexionar. Estaba con mis amigas en el patio del colegio, hablando de planes para el fin de semana, cuando una compañera nueva, recién llegada de Latinoamérica, me preguntó: “¿Tú de dónde eres?”. La pregunta, aunque aparentemente inocente, venía cargada de suposiciones. Como no tengo los ojos muy rasgados y soy morena, muchas personas asumen que soy de otros lugares. Le contesté con tranquilidad: “Soy de Nepal”. Ella se sorprendió y me lanzó otra pregunta: “¿Y tus padres son españoles?”. Respondí que sí, que lo son, y añadí: “Soy adoptada”. Fue entonces cuando me hizo una pregunta que me dejó helada: “¿Pero tú los quieres? ¿Les llamas mamá y papá?”. Después de catorce años viviendo con ellos, queriéndolos como a nadie en el mundo, esa pregunta me pareció tan fuera de lugar como innecesaria. Me chocó especialmente el tono, que sonó frío, incluso borde, como si dudara de la validez de mi relación con mis padres. Yo sé quiénes son mi familia. Los quiero con todo mi corazón y me siento orgullosa de ser su hija. No me molestaron sus palabras porque tengo claro quién soy. Pero no todas las personas adoptadas reaccionarían igual; alguien más vulnerable podría haberse sentido herido o cuestionado. Lo que más me molestó no fue la ignorancia, sino la falta de tacto. Yo también podría haberle preguntado por qué ha venido a España cuando solo queda un mes de clase, pero no lo hice, por educación. Porque las preguntas personales, sobre todo cuando tocan emociones y vínculos tan profundos, deben hacerse con sensibilidad y respeto. Mi historia no es rara, ni trágica, ni misteriosa. Es una historia más, como la de tantas personas que construyen su identidad entre culturas, nombres y países.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora