Actividades culturales: la alegría de vivir
Publicado el 19/02/2025 a las 07:20
Vuelvo a casa entrada ya la noche. Una luna vigilante en cuarto menguante enfoca generosa mi camino. Mis ojos lagrimean porque voy en bici y es una noche fría. Pedaleo y pienso. Pienso y pedaleo. Salgo del concierto de “Café Quijano”. Contenta. Me digo a mí misma que en menos de quince días he tenido mucha suerte . Primero una ópera: “La Traviata” en la que tuve la suerte de poner mi pequeño granito de arena. Ayer una obra de teatro: “Las locuras por el veraneo” en el Gayarre. Y hoy en Baluarte el concierto que acaba de terminar. Espectáculos absolutamente diferentes que afianzan más aún mi afición a frecuentar todo aquello que sucede en una escena. A mí me pasa que aún me sigue sorprendiendo todo aquello que veo. No espero nada y casi siempre recibo más de lo que merezco. Hoy soy un poco más feliz que hace unos días. Y tengo la sospecha de que el público que en los tres casos abarrotaba ambos espacios escénicos, piensa más o menos lo mismo. Todas las artes nos mejoran. Y las escénicas nos enriquecen de un modo más inmediato y palpable. Tantos son los elementos que se conjugan para que se produzca ese milagro que en tan corto espacio de tiempo consigue traspasar las almas…. La escena, los músicos, los instrumentos, las luces, las cuidadas escenografías. Cada pieza se ensambla con el resto y si funciona bien, somos y nos sentimos un poquito mejores. Sorprendente pero cierto. Hay mucho esfuerzo detrás. Programadores, instituciones culturales, técnicos, artistas…. Hemos de ser conocedores de que todo esto es un gran mecanismo que funciona gracias al apoyo institucional y al del público. Todo es necesario. En primer lugar, la adecuación de unos presupuestos acordes con las necesidades reales. Y muy cerca de ésta, la esponsorización privada, con respecto a la que estamos bastante desfasados y en la que nos cuesta entrar aún, pero que resulta imprescindible para la supervivencia de este tipo de actividades. Lo público, pero también lo privado.
Y nosotros, sigamos siendo espectadores ejemplares y compremos entradas. Porque, aunque económicamente la actividad cultural sea por definición deficitaria, lo vale y lo merece. Estoy prácticamente segura de que al salir del espectáculo de ayer, todos nos sentíamos mejor y con más ganas de vivir. Cada quien con su lastre a sus espaldas, pero confiando en la vida y todo lo que nos depara.
Virginia Martinez Peñuela Virseda