El cierre de las librerías nos empobrece
Publicado el 28/08/2022 a las 08:46
En el mes de noviembre de cada año se celebra el Día de las Librerías, que nos recuerda la importancia de estos espacios de encuentro con el libro y la lectura. Las buenas librerías son referentes culturales. No son simplemente tiendas en las que se venden libros; son escaparates de la cultura y agentes de dinamización cultural en su comunidad. Los buenos libreros orientan a sus clientes de forma personalizada en la elección de los libros y fomentan en ellos el hábito lector. Algunos padres de familia visitan con frecuencia una librería acompañados de sus hijos, con el fin de despertar en ellos el interés por la lectura y el amor a los libros.
Lamentablemente, cada vez es más difícil que las librerías sean rentables. Uno de los obstáculos es internet. Un librero de Pamplona me decía que desde que existe internet no ha vendido ni un solo diccionario. La gente ya no lee diariamente como antes en el autobús, en la cama hasta la llegada del sueño, en las estaciones de ferrocarril y en las salas de espera de la consulta del médico. Ahora se espera recurriendo al móvil o a la tablet. Antes existía la costumbre de regalar libros y los Reyes Magos los ponían en los zapatos de los niños que habían sido muy buenos.
Ahora, en cambio, el regalo preferido es un teléfono móvil o un videojuego. Como consecuencia, algunas librerías de todo el país no pueden mantenerse y acaban cerrando.
En Pamplona han cerrado diez librerías en los últimos dos años. Y no se puede culpar solamente a la pandemia. El cierre de una librería “de toda la vida” nos empobrece culturalmente y nos deja en situación de orfandad y con una inevitable inquietud: ¿Como lectores, pudimos hacer algo más para evitarlo? ¿Supimos corresponder a la ayuda de aquel librero vocacional que nos regaló tanto tiempo? Ahora que cada día se cierra una o varias librerías no podemos quedarnos pasivos e indiferentes. Un ejemplo de no rendirse se acaba de producir en una librería sevillana: “creemos en los milagros, creemos en las librerías” es uno de los lemas de la librería “Caótica” que se acaba de salvar del desahucio gracias a los vecinos y a los lectores de diferentes lugares del país, e incluso del extranjero, que han respondido a la llamada abierta de socorro formulada por sus socios cooperativistas.
La directora ha declarado que en su librería nunca han llamado “clientes” a sus lectores. “Cuando un lector lee una de nuestras recomendaciones, lo que compartimos con él no es una transacción económica, sino la vida misma. Se crea un lazo inquebrantable que jamás sustituirá el comercio digital”. En la actualidad aspiran a que su librería sea más sostenible. Quieren convertirla en un espacio creativo cultural que incluya poder tomar café mientras se ojean los libros. Además se potenciarán los clubes de lectura. Estas innovaciones son aplicables a cualquier otra librería. Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura, ha declarado que la lectura ha sido, desde la infancia, el gran placer de su vida. Vivía las historias que leía. Por eso hoy aconseja la publicación de más libros infantiles, porque en las primeras edades es cuando suele adquirirse la pasión por la lectura.
Gerardo Castillo Ceballos