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Vocación

  • Enrique Iriso Lerga
Publicado el 14/05/2022 a las 08:14
La palabra “vocación” viene del término latino vocatio, que a su vez deriva del verbo vocare (llamar, convocar, citar, invitar). El ser humano, según Aristóteles, es imitador por naturaleza. El aprendizaje comienza con la imitación. Sin la imitación sería inexplicable todas las vocaciones. Los movimientos anímicos nos llevan a emular e imitar al que admiramos. La admiración nace de la capacidad maravillosa de asombrarse, sentimiento frecuente en la infancia y en la adolescencia. Una obra o una persona nos inspira asombro. Y si ese sentimiento es profundo, genera adhesión. Nos identificamos con aquello que admiramos. En toda vocación interviene el llamado, una atracción inexplicable hacia esta o aquella actividad. Casi siempre esa atracción interior es irrefrenable. Puede ser instantánea o paulatina y se convierte en una imperiosa invitación a hacer. Está asociada a la habilidad o al talento que requiere la actividad que nos trae. El llamado nos otorga la capacidad de hacer cosas. Además añade el goce de consagrarnos a aquello que amamos.
Los niños y los jóvenes no se hacen a sí mismos sin más: mimetizan, aprenden, se contagian, repiten… Necesitan personas que les hagan crecer, que sean capaces de revelarles la realidad, ensanchando las experiencias vitales y los límites del conocimiento. Estas personas se convierten en seres dignos de emulación. Provocan respeto y admiración.
Enrique Iriso Lerga
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