La caza en Navarra

Ángel Moracho Jiménez

Publicado el 15/11/2021 a las 07:46

En una comunidad, donde ya los jóvenes se encuentran muy limitados en expansión natural, se ha abandonado y se quiere eliminar el derecho de alguna manera a interactuar con la naturaleza. Esta simbiosis que ofrece la naturaleza de muchas maneras debería contribuir a reforzar y sensibilizar a la vez, el carácter de las personas más jóvenes. La caza, como actividad ancestral hace muchos años en Navarra tiende a desaparecer, algo que sin duda marca la tendencia, en el gobierno foral. Poco o nada se está haciendo, para de una vez analizar la primera capa de cobertura los 10 primeros milímetros de tierra de la que dependen la mayoría de los ciclos biológicos de las especies cinegéticas, sobre todo la perdiz. Restricciones, prohibiciones, y en muchas ocasiones excesos de vigilancia, hacen que el cazador navarro pierda su ilusión por salir a hacer lo que en otros tiempos hizo con libertad, cazar. La juventud navarra debe de pasar un examen único en temario y formas en Navarra, para poder cazar y las revalidas al año después. Es una gran pérdida que los aprovechamientos ancestros, se quieran eliminar perdiendo así parte de nuestra forma de vida. Del contacto con la naturaleza a lo largo de los años se pueden sacar muchas cosas positivas y más cuando uno está en edad esponja y se está formando como persona. Empatía, respeto, interacción social, sacrificio, valores que a bien seguro no se adquieren en otros sitios. La caza en Navarra está herida de muerte sin relevo generacional con la administración en contra, en una escalada de estrangulamiento paulatino y de recorte única en España. En nuestras comunidades limítrofes es al revés, como Aragón o Soria están implantando repoblaciones de perdiz y liebre sufragadas por el gobierno en una clara demostración de que esta actividad ancestral, puede aportar mucho a la juventud que busca un hueco para poder expansionar además de ser motor, de la economía local. Es preciso abrir un nuevo dialogo con las líneas políticas que dirigen estos aprovechamientos, recuperar nuestros calendarios cinegéticos de antes, ayudar con proyectos que sirvan de recuperación a las especies. En definitiva, volver esta tortilla cargada de sinrazón y poco conocimiento. La juventud navarra, animada por sus padres y abuelos, intenta salir al campo a cazar pero se desilusiona, cuando ve que no hay caza y que además debe estudiar una cátedra innecesaria de biología y leyes para poder ejercer lo más primitivo y ancestral. La formación es necesaria para el conocimiento de especies cinegéticas y también saber diferenciar algunas que no lo son pero de ahí a lo exigido, hay un trecho. Los daños en los cultivos han permitido que los navarros sigan practicando un modelo de caza poco o nada atractivo (de limpieza) jabalís y conejos aclimatados a un entorno urbano y sin depredación que crecen en población, al contrario que nuestras especies autóctonas que tantas satisfacciones nos han dado como perdiz y liebre. La situación es grave e irreversible, o se adoptan nuevas medidas para la defensa y expansión de la caza en Navarra, o desaparecerá a favor de equipos profesionales de limpieza. La juventud necesita salir al campo adquirir de la mano de sus familiares los conocimientos legados, solo de esta manera mantendremos nuestra identidad y buena parte de nuestra empatía social además de recuperar algo nuestro, “los aprovechamientos naturales”.

Ángel Moracho Jiménez 

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